Un escrito de mayo del 2014
Esto es para mi amiga.
Hoy cuando me levante escuche un programa en la radio. Quien hablaba decía lo importante que es comunicarnos con Dios de la manera acertada, aunque en ocasiones no queremos orar y son varias las razones que no nos dejan hacerlo, esencialmente nuestra “carne”, en el sentido bíblico. Así, el locutor recordó que la oración es posible gracias a que el espíritu de nosotros vive en nosotros, sí el mismo, ese fue su regalo a nosotros. También decía que muchas veces no sabemos orar, que oramos, pero no estamos dejando que el espíritu que vive en nosotros nos guie. Más bien, hacemos oraciones llenas de nosotros.
Sin embargo, el espíritu no fue dado en dos sentidos – que aparentemente son contradictorios-: para orar junto con nosotros y en vez de nosotros. El primero, hace referencia a que el espíritu se une a nosotros como personas en alma y cuerpo para guiarnos en nuestra conversación. El segundo, hace referencia a que el espíritu ora en vez de nosotros, pues, si lo dejamos, él llena nuestros pensamientos, emociones, corazones y – en consecuencia- nuestras acciones.
Fue este segundo sentido fue el que llamó más mi atención, pues el orador de la radio lo explico de una manera que me hizo pensar. Él hizo referencia a la historia de María y Marta que se encuentra en la biblia, cuando Jesús visita la casa de María y Marta. En esta historia, María se queda escuchando a Jesús, pero Marta se encuentra ocupada y angustiada por prepara la comida y la casa para los invitados, que recién llegaron. Así que, Marta le dice a Jesús que le diga a María que le ayudara. Sin embargo, esta palabra en el griego se traduce como “en vez de”. Así que, en este fragmento la palabra “ ayudar” significa “ en vez de” al igual que cuando el espíritu ora “ en vez” de nosotros, es decir, toma la posición en nuestro lugar.
Así que, cuando oramos Dios quiere que, sí, oremos nosotros, pero vacios de nosotros y llenos de su espíritu. Esto quiere decir que dejemos votemos nuestra autosuficiencia, para depender de él, lo cual es difícil para los seres humanos reconocer y aceptar. Entonces, sí hoy, amiga, te encuentras frustrada ante una situación que no has podido superar, quiero que recuerdes –al igual que hoy hice yo- que eso es una buen señal, pues nuestro corazón (¡al fin! y en realidad, no solo en palabras) reconoce que somos inútiles en tener el control de nosotros mismos. Por tanto, cualquier buen indicio que pase da ahora en adelante, cualquier buen día respecto a esta situación, es absolutamente obra de nuestro Dios real, quien nos escucha y nos enseña que Él sí puede.
Con amor,
Tu amiga que una y otra vez es levantada solo por el mismo Dios.













