la fotografía de anthony abrams te observa con una sonrisa en blanco y negro junto al arreglo fúnebre que se ha acomodado a un costado del ataúd. quizá trabajas ahí dentro y ésto no te afecta en nada porque es parecido a lo que ves todos los días. tal vez no, tal vez te pesa llevar la vista al féretro de madera barnizada. lo cierto es que estás aquí ya sea por curiosidad, por pena o por el llamado de algo más. anthony abrams era hijo de jeremy abrams, el dueño de la cerrajería de devil's marsh. todxs saben cuánto se sacrificó para que su hijo consiguiera ir a la universidad de devil's marsh, siendo un estudiante honorífico en la carrera de periodismo, y a tus adentros tal vez piensas que eso no sirvió de nada si el uso de su pluma se debió a no más que la repartición de secretos oscuros que nadie sabe ciertos o no. si no lo piensas conscientemente, sí está la idea en tu cabeza, y cuando miras a la izquierda, incluso, ves a jeremy abrams. es casi idéntico a la foto de anthony junto al ataúd. te incomoda y te apena, debes mover el cuello de la camisa para que se evapore el calor que comienzas a sentir. estás segurox de que no es sólo louisiana, aunque es cierto que la temperatura no hace más que subir. hoy, sorpresivamente, el sol no ha salido, casi como un augurio, casi como si supiera lo que pasa en la tierra húmeda de la bayou de devil's marsh. al menos, así pareciera: después de todo anthony murió anoche en la curva de la chica del pantano, esa ánima invocada por las noches que te habla, casi amenazante, más que nada afligida y sola, desde el asiento de copiloto. te miras los zapatos formales y luego te instan a acercarte a dar un último adiós a anthony. no lo sabes. no te sientes tan cercanx como para hablarle a un ataúd, así que te mantienes a raya, gesto de la mano para evitarte el suplicio, y buscas distraerte con otra cosa. quizá no fue buena idea venir aquí.











