¡HARU-CHAAAAN! -se cuelga de su cuello cual monete.- ¡Qué alegría verte por aquí!
Aquello días habían sido bastante tranquilos y a pesar de que prefería la calma al barullo, no podía negar que echaba de menos a cierto rubio alborotador. Fue entonces cuando, como si le hubiese invocado, el más bajo apareció y se le colgó del cuello.
—Hola —fue su respuesta a tan efusivo saludo. Después, se revolvió para soltarse de aquel extraño agarre y siguió su camino.













