¿DÓNDE ESTÁ DIOS CUANDO SUFRIMOS?
En estos días recibí la gran bendición de participar de un Congreso sobre Familia. Una de las premisas que compartió uno de los conferencistas, el Dr. Sixto Porras, refiriéndose a la vida matrimonial, fue “pase lo que pase, terminaremos juntos”.
Esta frase expresa la decisión personal de cada uno de los cónyuges de permanecer unidos durante toda la travesía matrimonial, lo cual manifiesta un compromiso. Sin embargo, se hizo énfasis en la primera parte de la frase: “pase lo que pase”. ¿Por qué esta expresión? Sencillamente porque los conflictos y adversidades serán inevitable en medio de la convivencia familiar, estos elementos, nos gusten o no, son infaltables en medio de nuestro hogar.
Jesús mismo nos dijo “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). El Señor no nos expresó “vengan a mí para que se les acaben los problemas”, Él nos advirtió que, aun siendo Sus hijos, tendríamos dificultades, pero a la vez nos afirmó YO HE VENCIDO.
LOS PROBLEMAS: GRANDES OPORTUNIDADES
La típica pregunta ante las dificultades es ¿por qué Dios permite estas cosas? Una enfermedad inesperada, el abandono de uno de los cónyuges, la muerte de un miembro, una crisis financiera, la rebeldía de un hijo, la violencia física o sicológica, en fin, podríamos agregar mucho más en la lista de adversidades que hoy en día visitan los hogares. Algunos de éstas son producto del mundo en que vivimos, y otras, consecuencia de nuestro propio pecado. Sin embargo, Dios no ha perdido control de la situación, en medio de esto podemos descubrir un propósito lleno de amor y misericordia: SU DESEO DE DARSE A CONOCER.
Una situación familiar sumamente dolorosa puede convertirse en la oportunidad más grande de reconocer la grandeza de Su amor y Su poder. La consecuencia de un pecado, que genera arrepentimiento genuino, puede ser la puerta al conocimiento de la inmensidad de Su perdón y restauración.
Dios no anhela que suframos por el simple hecho de sufrir, eso no tiene sentido alguno. Él sabe que vivimos en medio de un mundo de aflicción, pero en donde la presencia del mismo Espíritu Santo está actuando y anhela darse a conocer a aquellos que le buscan.
DIOS ESTÁ AHÍ
Uno de los atributos divinos es Su inmanencia, en otras palabras, Su omnipresencia. Dios está por encima, debajo, adentro y afuera de todas las cosas. Él sustenta todas las cosas con la palabra de Su poder (Hebreos 1:3). Si pudiéramos entender por lo menos un poquito de esta realidad, ¿Cómo sería nuestra actitud frente a los problemas? ¿Cómo responderíamos a las adversidades? Si fuésemos conscientes de Quién es Él, y en particular de este atributo divino, ¿Tendríamos temor? ¿Nos llenaríamos de angustia con tanta facilidad? ¡Qué tremendo descanso el reconocer que Él está ahí! Tal vez el dolor intenta oscurecer Su Presencia, pero debemos tener la seguridad que Él está y seguirá estando ahí, porque así lo prometió.
El apóstol Pablo nos enseña en 2 Corintios 4:16-18 “Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre. ” Si mantenemos la mirada en los problemas y sólo esperamos que Dios los resuelva, nuestra perspectiva cristiana es escasa y errada. En cambio, cuando entendemos que hay un propósito más superior y excelente, que es la tremenda bendición de conocerle a Él mismo, de ser testigos de Su manifestación poderosa y gloriosa en medio de nuestros conflictos, entonces sí que seremos dichosos aún en medio de la prueba.
Si decides creer esta verdad y descubres el privilegio de ir conociéndole a Él y Sus gloriosos atributos en medio de los problemas, entonces puedes tener la paz que sobrepasa todo entendimiento, y por ende decir como Job luego de sus tremendas crisis: “de oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5). ¿Estás dispuesto a conocerle de esa manera?










