Dormir en su pecho es como el cielo: cálido y fuerte aunque suave y tibio. La dureza de sus manos me contiene con su toque amable que me recuerda la seguridad en que me hallo.
Aun cuando nuestro tiempo acaba, me toma con ternura alejandome poco a poco de los brazos de morfeo y me recuerda con sus calladas palabras que es hora de volver a la tierra de los mortales donde ambos morimos esperando el reencuentro.











