“¿Qué haces aqui sole? ¿Estás intentando que te secuestren?” dijo @dorrigan, en el exterior del hotel.
“Serías la primera sospechosa en el caso,” le apuntó, sonriendo estúpido a su hermana. Quien heredería su lugar, sería ella, naturalmente, ¿no? Al menos así era en la cuadrada cabeza de Cillian Du Pont. Cada uno de ellos tenía su lugar, cumplía un papel. Siempre había sido así. “La verdad es que solo quería intentar fumar, pero…” se encogió con una ráfaga de viento que les pegó, fría. “Quizás no sea el momento más indicado, ¿o sí?—Es que la lluvia llama a…” Y se llevó las puntas de sus dedos a los labios, el fantasma de un cilindro entre ellos.








