Fragmentos de un alma en reconstrucción
Hoy no escribo para alguien más. Hoy escribo para soltar.
Para darle forma a este nudo en el pecho que no entiende de razones, que no sabe de tiempos, que insiste en quedarse aun cuando intento avanzar. No sé si esto es nostalgia, tristeza o simplemente el cansancio acumulado de cargar con tanto silencio.
No quiero disfrazar lo que siento. Me duele. Me duele lo que fue y lo que no fue. Me duelen los vacíos, las despedidas no dichas, los abrazos que se sintieron como adiós. Me duelen las ilusiones que sembré con tanto amor, solo para verlas marchitar sin saber cómo cuidarlas mejor.
A veces creo que la culpa se ha instalado en mí como si fuera una parte más de mi cuerpo. Y me cuesta no escuchar esa voz interna que insiste en hacerme responsable de todo, incluso de lo que escapó de mis manos.
Me duele haber amado con tanta entrega y que eso no haya bastado.
Pero aquí estoy. Aunque rota, sigo aquí. Aunque no entienda el porqué de todo esto, sigo de pie. A veces solo resistiendo. A veces respirando por inercia. A veces deseando no sentir tanto.
No quiero que esta carta me devuelva nada. Solo quiero que me vacíe un poco. Que me deje llorar sin miedo. Que me recuerde que también merezco ternura. Que mi sensibilidad no es debilidad, y que aunque aún no sepa cómo, estoy aprendiendo a cuidarme.
Quizás un día esto deje de doler tanto. Quizás un día no me pese el recuerdo, ni me tiemble la voz al hablar de lo que viví. Quizás ese día llegue cuando menos lo espere… y cuando llegue, me voy a abrazar por no haberme rendido.
Por ahora, solo necesito este espacio para sentir. Para no exigirme nada. Para sanar, poco a poco, a mi manera.










