La plaza de los pacos
“A veces te recuerdo Los Lirios
Con los perros en la calle
Y las jaulas en la zapla”.
Miraban perdidos entre lo verde oscuro de la vegetación, llevaban horas vigilando cada uno de los movimientos que la pareja llevaba. Ellos, furibundos enamorados se enroscaban entre la hierba de aquella asoleada plaza, “aquí nos dimos el primer calugazo”, recordaba mientras abrazaba con el discreto deseo de terminar esa jornada de tiernos recuerdos en un torbellino de sexo y humedad.
¿Hasta dónde se puede cagarle la vida a alguien?
Se preguntaba mientras tomaba cerveza con sus compañeros de banda. El pensamiento se fue con un sorbo de agrio y lánguido sabor de cerveza barata, la habían comprado hace rato, solo era para despistar, sabían que no podían beber.
El día se terminaba lentamente. Calculando el momento, dejaron un sapo vigilando la esquina y fueron a cambiarse, el lugar era una plazoleta con máquinas deportivas, entre los arbustos aparecían los bolsos que contenían todo lo necesario para el macabro plan. Estaba todo listo, el recorrido, las parejas, el traje, los fierros, absolutamente todo, en sus mentes se apoderaba una sensación de seguridad y convencimiento de que todo lo planeado funcionaría sin contra tiempos ni torpezas.
La palabra carnet nunca había sonado tan dura.
¡Carnet!
Los jóvenes se impacientaron. Con las manos sudorosas y ese temblor interno propio de la impaciencia del momento, buscaban la billetera, el banano parecía inmenso, no lograba articular los dedos para extraerla. De pronto sonó como un ladrido ¿¡Qué es esto!?, y la injusticia se hizo presente. Un pito en la mano del paco era el primer movimiento para comenzar el procedimiento.
3-4 B operativo exitoso, no entendían nada, hace un rato estaban por caminar y ahora estaban con la poli encima ¿Son pareja?
Sí señor, estamos casados.
¿Argollas?
Sáquelas. Acá.
¿Billeteras? Acá.
Es la evidencia.
Nada sirvió reclamar, ella no soportó y se lanzó sobre uno de los policías y lo golpeó en la cara con toda la fuerza que brota del desprecio a la injusticia y la ley, los falsos policías huyeron, eran inexpertos, los trajes habían sido robados de la casa de un paco, “al puro peo”, no importaba, solo corría con el botín de un atraco pequeño, pero parafernálico.
“Nos salvamos, eran más falsos que los anillos, ¿vamos? Estamos atrasados, deberíamos estar en camino, tu sabi po, el jefe se enoja”.
Cuando llegaron, el uber los dejó afuera, “no entró”, pasaron piola.
El jefe al verlos no tardó en dar la orden, “tirenlos”. Y comenzaron a sonar los fuegos artificiales como bombazos en medio de una ciudad abandonada a la suerte de nada. Rajó el paquete y sacó un poco del polvo blanco, los pilotos tuvieron que probar.
“Viste mi amor, esta plaza siempre va a ser importante pa´mí, acá nos dimos los primeros besos y le pegué a un paco” Rieron a carcajadas cuando pasaban por el lugar mientras caminaban de la mano.
E. Hache.
Gaceta 73






