Elecciones Legislativas Generales Argentina 2013
Difícil balance de unas elecciones más confusas que reveladoras. Con la alegría de tener un oficialismo debilitado, acéfalo -y no solo por licencia sino por el evidente alejamiento político y el discurso rígido e insulso, cuando no inexistente-, que sufrió la derrota política más notoria de la última década, pero que lamentablemente no dejó un saldo muy negativo en las bancas del FPV en el Congreso. Con una mayoría absoluta (de más del 50% en ambos casos) el kirchnerismo retiene el poder de decisión legislativa -es decir, la facultad de la "aprobación incondicional" de las leyes impulsadas por el ejecutivo-. Sin embargo, los rostros alicaídos en el Búnker K no se presentaban sin razón válida; tanto los actuales funcionarios como los candidatos y los dirigentes políticos, así como sindicales, perciben en unanimidad el significado de la arrasadora victoria de la oposición en los cinco distritos más significativos y de mayor peso político del país -con un balance entre el 10 y 20 por ciento en desventaja- que opaca el innegable triunfo en los distritos más carenciados -y por ende, receptor de mayor cantidad de "ayudas" sociales- del norte grande argentino. Y esa significación no es otra que la predicha por infinidad de analistas políticos en las últimas semanas: la del debilitamiento del modelo. No es irracional D'Elia al clamar por una "radicalización". Con el carisma de la líder mitigándose con cada denuncia, la falta de la figura demagoga característica se hace notar y tanto los amigos del poder -por conveniencia- como los militantes afectivos comienzan, por primera vez en la gestión, a preguntarse cuál será el futuro más certero para esta situación cada vez más adversa al gobierno. Con una oposición ya no "petardera" -como la llamaba Mercedes Morán hace unas semanas atrás-, sino consolidada, concordada y siempre más aguerrida por el cambio, más el hecho de la permeabilización de la lucha política en cada sector de la sociedad -y un descontento generalizado ya no solo entre las clases más pudientes, sino hasta representada en una incipiente oposición hasta desde el lumpemproletariado-, el gobierno se enfrenta a una situación claustrofóbica y a ella se deben las aspiraciones a "aires de cambio" planteadas hace pocos días por ciertos funcionarios. Entre ellos -los más fieles y radicales y los "de por conveniencia"- comienza una puja entre el mantenimiento del "modelo" ya obsoleto, repetitivo y desgastado, y una transformación en pos del proselitismo peronista, a fin de como ya han hecho antes, camuflarse según convenga con el contexto político y no "quemarse, respectivamente. Y es por eso que ahora se empieza una nueva etapa en la política argentina, ya no con la oposición guerrillera de la "década ganada" sino con un gobierno en las mismas condiciones que, cual serpiente herida, morderá y se llevará consigo a cuantos deba para no perder los votos de los lumpenes -única razón por la que el partido se mantiene en el poder a pesar de lo general del disgusto, y hasta el odio, hacia las políticas y figuras del mismo-.














