Podía sentir su corazón latir cada vez más rápido, la ansiedad acrecentándose a medida que el silencio se prolongaba. Quería encubrir su mentira lo mejor posible, hacer creer al contrario que todo se trataba de un malentendido, por qué, qué sucedía si aquel encuentro no era más que una broma sin sentido alguno. No se detuvo a idear los diferentes caminos, tampoco lo visualizó como una oportunidad para abrirse y las palabras recargadas de excusas comenzaron a ser pronunciadas. Orbes entrecerradas buscaban comprender cada gesto, cada movimiento, esperando escuchar una carcajada o cualquier comentario que alivianara la presión que ahora sentía sobre su pecho. ¿Qué sucedería si su cita era realmente su compañero? ¿Debía confesarle que en algún momento creyó que era realmente atractivo o fingir que nada de aquel encuentro sucedió? No sabía qué decir, mucho menos supo responder a la descripción que parecía calzar a la perfección con su persona. Una risa, nerviosa, fue liberada porque esperaba que él le acompañara en aquella aventura revelando la estructura de una muy bien preparada broma “pero qué clase de chica…” comenzó, sin poder finalizar la frase y empezando a comprender mejor lo que estaba sucediendo. Sin embargo, no estaba preparado para escuchar una confesión, ni siquiera parecía estar dispuesto a aceptar la realidad de lo que estaba pasando. Su ser agradeció la llegada de la cerveza, y sus labios se entretuvieron dando un par de tragos que le evitarían el abrir la boca por unos minutos. Mas, nunca sus predicciones fueron tan ciertas como ese día. Soy gay. las palabras le provocar tos, casi atorándose con aquella cerveza. Imaginó, después de no tener éxito en las relaciones y frente a una primer gran cita con un chico atractivo, resultó ser su compañero que veía día a día y encima moría allí, por culpa de una cerveza, y sin poder responder a semejantes palabras que golpeaban tan cerca de sus sentimientos. @eclipsvs