Pairing: EcuaBoli Ecuador (Francisco) / Julio (Bolivia)
Advertencia: Los personajes no me pertenecen. Solo besos, nada más. Palabras regionales y Andean Feels
Descripción: “Cuando más le gusta es cuando toca el charango. Francisco se enamora poco a poco con las canciones andinas, todas tristes que toca en su charango el boliviano. Sonriendo y sin mirarle.”
Fic para un prompt de FB, ojalá te guste.
Son callados los dos. Pero de formas diferentes, Ecuador es tímido a veces, discreto.
Julio es un es algo cerrado, en sí mismo y hacía los otros, como las montañas piensa el ecuatoriano. Es algo testarudo, seco, como se imagina que serían los montes en su forma humana, cuando los apus bajan por los cerros a las chacras de los indios. Su rabia es terrible y silenciosa, corriendo como la lava debajo de los montes nevados siempre mortal, siempre presente. Su alegría es la fiesta de colores imposible de las nubes cuando cae la tarde en el páramo despejado y la nieve de los montes es un espejo rosado, violeta y naranja y uno no puede dejar de mirar.
Se lo dice un día y el Bolivia se sonroja y se lo toma como el elogio, la alabanza que es ser comparado a las montañas.
- ¿Cual montaña? - Pregunta Julio sus ojos negros carbón, negro inframundo congelando las palabras de Francisco el su garganta.
- El Illimani Achachilla, pues.- Contesta, porque lo ha pensando.
Tienen algo los dos, hecho de páramos y de silencios. No saben que es pero es algo que el peruano no comparte. Los dos saben lo diferentes que son, lo parecidos que son. Cuando habla en aymara Julio, Francisco no le entiende aunque distingue algunas palabras familiares en esa lengua. Hablan en quechua, Kichwa dicen en Ecuador, sobre los derechos de los indienas ese racismo y culpa que cargan. Julio le habla, le cuenta, se deja aconsejar. Le asusta un poco eso de Francisco.
El ecuatoriano lo agradece. Siempre le ha causado admiración la fuerza del otro país. En el entierro del Mariscal de Ayacucho el niño lloraba en silencio mientras que Francisco tenía que apretar los dientes para no lastimarse. Bolivia se enfrentaba a Chile y Perú con una determinación que admiraba y una testarudez que no entendía.
Pero cuando más le gusta es cuando toca el charango. Ya lo dijo Humbolt, los ecuatorianos se alegrán con música triste y él se enamora poco a poco con las canciones andinas, todas tristes que toca en su charango el boliviano. Sonriendo y sin mirarle.
Francisco como las chicas de los cuentos, a que el boliviano le haga caso, a que baje de las montañas a verle.
- ¿Cuando vas a hacer algo? - Pregunta su hermana María.- Sí te gusta el boliviano dile a ver que contesta.
- No es así la cosa con él, es de otra forma. - Explica.- Yo sé que le gusto algo, pero ya me ha de decir cuando se anime. Igual tiempo hay, lo único que hay ñaña.
- Así se hacen las cosas en los Andes.- Justifica la Colombiana que tiene alguna idea de como es eso.
El boliviano espera, siente, cuando canta los ojos de Francisco sobre él. Los sintió la primera vez cuando comenzó esto de la música andina. Pero se tenían cariño desde antes. Son amigos, desde hace tiempo incluso desde Cuzco cree. No ha sido nunca una relación primordial pero es algo fuerte, constante. Bolivia quisiera no confiar en nadie pero por más que trata no puede ver ninguna amenaza en el ecuatoriano que le pide otra canción. “Una moderna”, y Julio no se puede negar.
- Le tienes esperando.- Dice Paraguay, que se da cuenta siempre de esas cosas. - No le hagas esperar mucho, ah.
Julio solo alza los hombros, porque ya le ha hecho esperar más de los que muchos. Igual no tiene que es esperar mucho más después de eso para tener a Julio besando, es enero y hace frío, la altura de La Paz marea a Francisco o quizás es la mano del Boliviano en su mejilla lo que hace que todo le de vueltas. Es enero y Ecuador le contaba que quería comprarse en el mercado de Alasitas.
- ¿Me compro un gallo, o será que tanto poner de cabeza a San Juan me hace un milagrito?
- No te hagas el gil ecuatoriano.- Reclama Julio. - ¿Que crees que no te veo cuando toco charango?
- Cuando tocas te ven todos.- Dice Francisco.- Hasta Manuel dice que eres bueno.
Julio se rie y le besa, por primera vez. No ha besado a nadie en siglos y Francisco se deja. Abrazándole el costado. Sus labios queman como el agua helada de los lagos cuando muerden la piel desnuda en los rituales de los Andes y sus labios amortiguan como la ortiga. Puede parecer raro pero uno solo está vivo, purificado después de meterse en la madrugada en el lago donde flotaban la ortiga y las hojas de coca.
- Vos tambien pasaste harto tiempo hecho el gil. - Dice Francisco, pasando una mano por el pelo tan negro y lacio del boliviano. - Ha tiempo ya has de ver visto que estoy camote.
Julio se ríe.
- ¡Si pues, pero vivimos tan lejos!- No es eso, no solo eso, es difícil para Julio, confiar en la gente, con la guerra con el Perú ninguno de los dos podía hacer esto. Francisco siempre le ha sonreído, discreto. Pero ahora, las cosas son diferentes.
- No, si somos casi vecino, si tu me cantas te he de oír nomás.
Julio no puede evitar reírse, más fuerte. Se tiene que alzar un poco para tocar su frente con la del ecuatoriano.
- ¿Tengo que hacerte una canción entonces?
Cierra los ojos y solo siente lo cálido de la respiración del otro chico.
- Sería bueno, pero tiene que ser, así bien triste.