Una serie de dibujos con el prompt AU histórico para el Ecuchi finde 2024. Porque hay una conexión indeleble que los une a través del tiempo y el espacio... el chisme (y Miguel)
Inicio mi participación en el EcuchiFinde2024 con la prompt au histórico. En esta ocasión quise hacer un homenaje a mi episodio histórico favorito del ecuchi: la carta de salutación de Ecuador por el centenario de Chile.
No puedo leer la carta sin imaginarme al Panchito escribiéndola con las hormonas a flor de piel. Es basicamente una carta de confesión de amor de un adolescente (adjunto evidencias). Y además el hecho que sea un poema me hace pensar que se esforzó mucho para impresionar al manolo.
La verdad es que la carta fue leída en voz alta en la celebración del centenario. Pero no me imagino al Pancho teniendo el coraje de confesar su crush frente a tantos testigos, así que se la pasó con sus otros regalos no más, muriendo de ansiedad por dentro.
Manuel la recibió muy conmovido de su gesto y su amistad, solo para pegarse la mansa sorpresa después; pero le correspondió, obvio 🤭. Literal esta fue su cara leyéndola a la noche jsjjs (aun la atesora):
Agradecimientos públicos a Lucy por enseñarnos de este importantísimo acontecimiento canónico del ecuchi ♥️
Aquí el archivo entero por si quieren leerlo y chillar como yo lo hice.
¡Hola a todes! Nos habíamos tardado en venir por aquí, pero de todas formas queríamos avisarles que este año se viene el primer evento ecuchi de la historia. Estaremos compartiendo cositas por esta cuenta y también en Twitter, por si quieren ir a seguirnos allá ¡Les estaremos esperando este 14, 15 y 16 de julio!
Como cualquier casa real que se preciara, la de los Burgos tenía un buen conjunto de leyendas y tradiciones familiares que se remontaban hasta los inicios de su dinastía. Esas historias eran transmitidas a todos y cada uno de sus miembros desde temprana edad, con la esperanza de infundir en sus tiernas cabecitas el respeto y temor necesarios para que ninguno cometiera una imprudencia que atrajera la desgracia e ira de las hadas sobre la familia.
De todas, una se destacaba en importancia y reconocimiento por los habitantes del reino, pues se encontraba tallada en las fuentes de todas las plazas principales de cada ciudad. Era aquella que hablaba sobre como el primero de los reyes de la familia se convirtió, de hecho, en rey.
Nacido sin riquezas, con el tiempo se volvió un joven caballero del reino, querido por la gente debido a su generosidad y buen corazón. Aconteció un día que, encontrando en su camino a una viejecita desvalida a merced del frío y la ventisca, le ofreció su capa y un lugar junto al fuego. La anciana en verdad resultó ser un hada que, agradecida por su bondad, decidió concederle un don.
"Dime, noble caballero, ¿qué es lo que más anhela tu corazón?" le preguntó.
El joven caballero, que estaba profundamente enamorado de la princesa del reino, le confesó su amor y amarguras. A pesar de sus proezas, seguía siendo pobre, y sabía que el rey nunca les permitiría casarse a menos que pudiera ofrecerle riquezas a la corona. El hada, tocada por la sinceridad de su amor, le otorgó un regalo especial: un Reloj de Arena mágico.
"Este reloj," explicó el hada, "te traerá gran prosperidad a ti y al reino si te casas con la princesa antes de que caiga toda la arena, es decir, antes de que cumplas 21 años. Si lo haces, no solo conseguirás la mano de tu amada, sino que también asegurarás la abundancia para ti y tus descendientes."
El caballero llevó tal regalo ante el rey y logró que accediera a la boda apenas la noche antes de la fecha encomendada. Con su unión, el reino prosperó más allá de lo que jamás habrían imaginado: los campos se volvieron fértiles y abundantes; los ríos, tempestades y bestias se hicieron dóciles, y la fortuna sonrió a todos los habitantes.
Pero cuando nacieron los hijos del caballero y la princesa, el hada regresó para advertirles: "La prosperidad que habéis recibido no es eterna o sin condiciones. Vuestros hijos, y los hijos de sus hijos, deberán seguir el mismo mandato: encontrar a su pareja y casarse antes de cumplir los 21 años. Si fallan en hacerlo, las arenas del reloj se detendrán, y todo lo que habéis ganado les será cobrado de manera terrible…"
Las transcripciones variaban en esa última parte. Algunos textos hablaban de una mano siniestra que les arrancaría la vida; otros, que el infortunado se marchitaría como una flor sin sol mientras su corazón se tonara de piedra, incapaz de amar o ser amado; o incluso que acabarían vagando eternamente por los confines de una tierra de fría oscuridad e inmensa desdicha. Sea lo que fuese, la historia se convirtió en una advertencia para todos los miembros de la familia y una responsabilidad particular de los monarcas de hacerla cumplir.
Tal angustiante premisa era justamente la que atormentaba las noches de la joven reina Catalina, imaginando que aquel terrible destino del que tanto le advirtieron de niña lograba alcanzar al menor de sus hermanos, el príncipe Francisco, el único de ellos que faltaba por casarse y a quien solo restaban dos días para cumplir los veintiún años.
-----o----
Parte 1
—Tiene que estar bromeando.
Francisco no podía creer lo que estaba pasando. Por un momento llegó a pensar que seguía dormido, un extraño sueño donde su hermana mayor lo levantaba a tirones de la cama para arrojarlo frente a un gran grupo de hombres, pero ya se había pellizcado lo suficiente como para entender que era real.
Francamente, por la desesperación con que Catalina solía abordar el asunto de su matrimonio -o mejor dicho, la falta de este- debió esperarse algo así por parte de la reina.
—Es por tu bien y el del pueblo, Francisco. Todo el reino está en vigilia ahora mismo temiendo por ti. Así que hazles un favor a tus súbditos y elige un esposo. —respondió su hermana, más una súplica que una orden, señalando nuevamente al grupo de hombres.
Era una buena selección de sus generales, comandantes y un par de eruditos los que se inclinaban respetuosamente ante ellos. A pesar de la prisa que traía, Catalina parecía haberse tomado el tiempo de escoger los mejores ejemplares entre los voluntarios que se presentaron para convertirse en su marido. Tal vez en otras circunstancias se hubiese inclinado un poco a complacerla, pero no era el caso en ese momento.
—Se te olvida que estoy comprometido. —Tuvo que recordarle Francisco a su hermana.
—Con un hombre que ni siquiera pudo enviar una confirmación de si vendría o no. —devolvió Catalina, suspirando frustrada con su obstinación—. El alba está a unas horas, Fran, no estoy dispuesta a arriesgarme por la débil esperanza de que ocurra un milagro y el príncipe llegue a tiempo.
—Sé que tú no, pero yo debo confiar en que lo hará y honrar mi promesa. Miguel llegará. —declaró con toda la confianza de la que fue capaz.
“Tiene que llegar”, era lo que se había estado repitiendo toda la semana, pero no podía negar que también comenzaba a inquietarse. Era cierto que el otro no respondió con claridad a ninguna de sus cartas, esas en las que le recordaba las preocupaciones sobre las fábulas familiares y solicitaba su presencia en palacio para disipar los temores de sus hermanas y del reino; pero Francisco sabía que si Miguel hubiese enviado una confirmación de que iría para casarse con él antes de que llegara la fatídica fecha, su padre lo hubiera detenido en el acto. No, no hubo confirmación, pero sabían que la caravana del príncipe estaba de camino a su encuentro, así que no tenía de qué preocuparse.
Miguel llegaría a tiempo.
-o-
El amanecer se elevó finalmente sobre el reino, pintando el mundo de suaves tonos dorados y avivando el murmullo inquieto del despertar de la gente.
Las primeras luces del día bañaban las colinas y campos por los que serpenteaba el camino real, pero este seguía completamente vacío. Francisco había permanecido de pie en el balcón principal desde que la pareja real y él fueron llamados al salón por los eruditos, el corazón expectante, escrutando en la oscuridad cualquier rastro de Miguel o su caravana. Pero en ese momento, mientras el sol ascendía lentamente en el cielo, la esperanza se desvanecía poco a poco y una profunda desazón se abría paso en su pecho, inundándolo de temor.
—Fran... —La voz de María a su lado lo sobresaltó. No supo en qué momento había llegado al castillo ni cuánto llevaba junto a él en el balcón, pero por lo fría que sintió su mano cuando envolvió la suya debía ser bastante—. Ya es hora.
Las palabras de su hermana lo obligaron a aceptar la realidad, ineludible para ese entonces: Miguel no llegaría a tiempo. Y él mismo se había condenado. Sea lo que sea que le sucediera de ahora en adelante, sería culpa de su ingenua obstinación.
—De acuerdo. —Con un último vistazo al camino y las colinas vacías, Francisco se apartó del balcón y siguió a María al interior del castillo.
Dentro, los eruditos no habían perdido el tiempo. Las mesas, bancas, macetas y tapices habían hecho lugar a una serie de altas antorchas alineadas alrededor de un gran círculo que los sabios acababan de dibujar en el piso. Solo los tronos donde Catalina y Fernanda se sentaban estoicas y majestuosas permanecían en su lugar. A sus pies, Francisco reconoció los baúles que los sirvientes habían empacado para su luna de miel. El recuerdo de la ausencia de su prometido lo azotó una vez más bajo los ojos acusadores y desesperados de su hermana mayor. Fernanda por su parte lo miraba compasiva, solo su cuñada podía entender lo que sentía al ver su futuro junto al hombre que amaba desaparecer en un instante.
—Aún hay tiempo, solo tienes que...
Un espantoso estruendo silenció a la reina, como si el destino se hubiese ofendido ante la idea de que intentaran burlarlo. Para enfatizar, un humo negro y espeso comenzó a brotar rápidamente desde el círculo dibujado y a esparcirse por el piso a sus pies. Una lúgubre figura se elevó en el centro de la habitación. Todavía difuso, el espectro abrió los ojos, mirando a todas y a ninguna parte. Finalmente hizo una pregunta que resonó en las paredes vacías.
—Una vez más me han convocado, ¿Quién es el vástago a quién la fecha ha alcanzado?
Escapando del trance y la impresión, uno de los sabios se ubicó tras Francisco para instarlo a responder, pero el joven estaba demasiado conmocionado como para emitir sonido alguno, más cuando el repentino movimiento guió la atención de la sombra sobre él. Nadie se había molestado en advertirles sobre cómo se desarrollaría la ceremonia. Tan acostumbrados a que todo saliera de acuerdo al plan, se esperaba que para ese entonces estaría partiendo a su gira de luna de miel y solo los eruditos tendrían que presenciar el rito.
—El príncipe Francisco de la casa de Burgos, en este día glorioso ha cumplido los veintiún años, y se presenta ante su merced para cumplir con el destino encomendado. —Habló el hombre que se mantenía escondido detrás de Francisco.
—Entiendo y aguardaré al siguiente... ¡Espera! ¡¿Qué?! —La voz fantasmal se agudizó para esas últimas palabras, haciendo evidente su sorpresa.
—El príncipe ha cumplido los veintiún años y se encuentra ante usted para cumplir con su destino. —Repite el sabio, agregando—. ¿Acepta usted su sacrificio?
Un par de manos enguantadas atravesaron la nube de humo, batiéndola hasta que se disipó lo suficiente para que todos vieran emerger al hombre que se ocultaba del otro lado.
Era un joven moreno, ataviado completamente de negro. Tenía una altura similar a la de Francisco, aunque bastante más enjuto. No se podría decir que era en realidad un hombre impresionante, pero a Francisco le pareció terriblemente imponente mientras se dirigía a su encuentro con una feroz determinación en la mirada.
—¿Realmente está soltero? —Le preguntó directamente.
—A-Así es, mi señor. — Respondió Francisco apenas con un hilo de voz.
—El príncipe está aquí para entregarse voluntariamente y así cumplir con su destino al no estar casado ¿Acepta su sacrificio? —Vuelve a insistir el erudito una vez más.
Francisco se esfuerza por mantener algo de dignidad y no temblar demasiado bajo el escrutinio del otro hombre ¿De qué clase de sacrificio se suponía que estaban hablando? ¿Qué pasaría si no lo aceptaba? En ese momento se esforzaba por recordar las palabras de la historia que había escuchado repetidas en un sinnúmero de ocasiones, pero su cabeza estaba vacía de cualquier cosa que no fuese la mirada severa de aquel extraño.
—Lo acepto. —dijo finalmente, y la tensión en la mandíbula de Francisco se hizo más intensa.
—Entonces procederemos con la ceremonia. Acérquense para enlazar sus manos y sellar esta unión.
—… ¿Qué? —La pregunta escapó de la boca de Francisco un instante antes que de la de sus hermanas.
—¡¿Qué?! —Exclamaron ambas con mucha más intensidad.
—¡¿Matrimonio?! Pero- No puede ser ¡¿Vas a permitirlo?! —Protestaba María a viva voz contra la reina, como si la idea de que se casara con ese hombre fuese peor a que acabara muerto, encerrado en un calabozo, vagando ciego por el mundo, o lo que sea que su hermana estuvo imaginando por el “terrible destino”.
—¡Espera un momento! —Catalina se levantó, deteniendo por un instante al sabio que anudaba sus muñecas con el lazo ceremonial—. Ninguno de ustedes me informó de esto. En ningún escrito se mencionaba…
—La mano de un vástago soltero debe ser entregada en matrimonio para cuando cumpla los veintiún años. Esas son las condiciones. —Recitó el hombre, un frío amenazante en la voz y en sus ojos que congeló a todos en la habitación—. El príncipe admitió estar soltero, así que vendrá conmigo. Impídanlo y verán lo que pasará con su hermoso reino.
Lo cierto era que, en ese momento, a él también le pareció un castigo mucho peor que los otros. Acabar atrapado en manos de un desconocido, el que francamente le aterraba, con toda la incertidumbre de no saber qué esperar.
Mientras repetía mecánicamente los votos que les dictaba el erudito, el rostro del hombre frente a él le aparecía desfigurado, como si la nube oscura hubiera vuelto a cubrirlo, como una ilusión, como un sueño. Francisco deseaba con todas sus fuerzas que está vez sí se tratara de un mal sueño, uno del que lo despertarían en cualquier momento para informarle de la llegada de Miguel y podría contarle esa horrible pesadilla de camino al altar. Podría decirle esos mismos votos al hombre que amaba, en quien había depositado todas sus esperanzas y anhelos.
Pero no fue así. Apenas acabaron con el acelerado rito nupcial el hombre -su marido- se inclinó para dibujar rápidamente un nuevo círculo alrededor de ellos y sus pertenencias. Mientras la niebla los envolvía y el mundo que conocía se esfumaba ante sus ojos, Francisco sintió como todas sus ilusiones de un futuro feliz se desvanecían también.
Inicio mi participación en el EcuchiFinde2024 con la prompt au histórico. En esta ocasión quise hacer un homenaje a mi episodio histórico favorito del ecuchi: la carta de salutación de Ecuador por el centenario de Chile.
No puedo leer la carta sin imaginarme al Panchito escribiéndola con las hormonas a flor de piel. Es basicamente una carta de confesión de amor de un adolescente (adjunto evidencias). Y además el hecho que sea un poema me hace pensar que se esforzó mucho para impresionar al manolo.
La verdad es que la carta fue leída en voz alta en la celebración del centenario. Pero no me imagino al Pancho teniendo el coraje de confesar su crush frente a tantos testigos, así que se la pasó con sus otros regalos no más, muriendo de ansiedad por dentro.
Manuel la recibió muy conmovido de su gesto y su amistad, solo para pegarse la mansa sorpresa después; pero le correspondió, obvio 🤭. Literal esta fue su cara leyéndola a la noche jsjjs (aun la atesora):
Agradecimientos públicos a Lucy por enseñarnos de este importantísimo acontecimiento canónico del ecuchi ♥️
Aquí el archivo entero por si quieren leerlo y chillar como yo lo hice.
Advertencias Menciones implicitas de situacion politica, homofobia, uso recreativo de drogas y racismo
Resumen De Lima a París, de San Francisco a Viña, Manuel y Francisco tocan y se enamoran. De los 60s a 90s, el show debe continuar.
Playlisting (no son todas las canciones, más las vibes)
Lima, 1970
Cuando se conocen suena, de fondo “Virgenes del Sol” la voz gorjeante de Yma Sumac, la soprano Inca. Al oír la canción Francisco sonrié. Está esperando que comience el concierto de los “Los Jairas”, nunca había pensado ver tanta gente para escuchar música andina, y peor en Lima. Cuando le invitaron a la radio de Machachi por fiestas de pueblo a que toque su charango, él ya se sentía Elvis Presley más o menos o Julio Jaramillo. Cuando fue a Quito no lo podía creer. Pero Julio le asegura que la música andina estña triunfando en Europa. “Los Jairas”, tocan con un gringo que toca la quena. Julio, le dice que hay productores gringos que pueden contratarles, Francsico no sabe si le cree pero cuando le conoce en fiestas de Quito sabe que es el mejor charanguista que ha visto nunca. Así que acepta la locura de venir a Lima a ver un grupo boliviano tocar porque van a hacer unas tocadas de música andina. Franciso llevaba el pelo un poco largo de guagua pero desde que fue a Quito se lo cortó. Hoy, pero, se puso sombrero para que sepan que es indio y a recibido sonrisas de alguna gente, saludos en quechua.
Ahora, los hippies tienen el pelo largo, como el tipo alto a su lado que parece también medio perdido. Es blanco, alto y muy flaco con un bigote que le queda mal y el pelo lacio. Lleva un jean y una camisa blanca se ve moderno, unas gafas que le cubren media cara de marco de abuelita, seguramente limeño con plata. Francisco es callado, pero no es tímido. El otro chico tendrá su edad y está solo.
- Que bien que por lo menos nos pongan Yma Sumác para esperar, ¿no?
El tipo alto no dice nada. Francisco siente un poco de vergüenza pero luego ve que asiente.
- Sí… muy peruano. - Dice con algo de burla en la voz. Le dedica una sonrisa y Francisco quisiera preguntarle si no es peruano pero la musica comienza. El rondado suena un poco como la voz de Yma Sumac, como los pájaros de la cordillera. El hippie se quita las gafas.
El concierto dura dos horas. Francisco no puede despegar los ojos, de los artistas. El estadio se comienza a llenar y el hippie está tan cerca de él que sus brazos se tocan un poco, a su otro lado hay una familia con niños morenos. A Francisco no le molesta, suena el charango y a veces le no puede evitar poner los dedos en las posiciónes para tocarlo despues. El hippie mira tambien concentradísimo. Es una comunión con el público, cuando comienzan a cantar “La vida que me ha tocado” no puede evitar volover a mirar al hippie, los ojos marrón claro brillan, sus labios son delgados pero se extienden en una sonrisa. Los dos asienen.
Cuando para cerrar el concierto tocan “Las Virgenes del Sol” Francisco y su vecino comienzan a aplaudir y se sonrien de nuevo. Con las últimas notas siente una mano en su brazo. Un acento, decididamente no peruano.
- Soy Manuel Gonzalez, mucho gusto.
- Francisco Burgos. ¿Chileno?
Asiente con cuidado, la gente se comienza a ir.
- Yo soy de Ecuador.
Le mira a los ojos y aunque no saben que más decir se sonrién de nuevo, en el estadío aplauden para que toquen la última. Las luces se vuelven a apagar. Suena la de “Chapaco Preguntón” pero los dos se siguen mirando. Francisco se pregunta sí… Sería fácil rozarle la mano con los nudillo, si le quita es que nada, pero si se deja… así hizo con el Segundo Morales, el primero chico al que besó cuando fue a tocar a Cuenca al Corpus Cristi.
Pero no se atreve. Al final encuentra a Julio que le presenta a los músicos y Francisco se olvida de todo. Toman pisco y al final van a una fiesta a unas casas grandes del centro. Hay hartos indios, quichuas aymaras, gringos tambien, gente bien y gente rara. De repente se van hacía una salita donde están fumando y un hombro, de pelo largo, bigote feo, afina una guitarra.
- Franscisco, te presento a Manuel Gonzalez, ahí donde le ves con sus pintas de gringo es chileno y canta tonada, como Violeta Parra. Pero a veces le coge la locura y toca guitarra electrica. Es un huaso sicodelico.
Manuel parece anonadado un segundo. Luego le sonrié.
- Como Violeta tampoco. A mí aún no me invitan a París. Un placer verle de nuevo Francisco.
No explica nada más y comienza a tocar “Yo vendo unos ojos negros”. Francisco no puede dejar de mirarle. Manuel tampoco. Esa noche en Lima a Francisco le ofrecen LSD y no toma, whisky y agradece, pero solo se moja los labios. Manuel le ofrece ir a la terraza y acepta con gusto. Cuando se besan la boca del chileno está seca y se oye solo el mar.
***
San Francisco, 1966
En otra vida, Manuel hubiera sido ingeniero o economista. Es un chico brillante, de familia bien de Santiagon y aunque le gustaba la guitarra y los boleros un poco moridores y las tonadas de fiestas patrias el rock un poco muy ruidoso creían sus padres que se le pasaría cuando fuera a estudiar a Caltech ingenieria en minas.
Manuel siempre ha sido raro. Lee mucho y habla muy poco. Está esperando, ha estado leyendo y escribiendo y esperando. Tocando la guitarra, guardandose para algo que no sabe que es. Cuando se da cuenta que prefiere a los hombres no le choca, ha leido suficientes gringos y franceses para saber que asi pasa. Cuando entiende que no quiere ser ingeniero no se preocupa, sabe que uno puede siempre comenzar tarde.
En San Franscisco, eran los 60s, Manuel nunca ha sido bueno para hacer amigos pero es inteligente y entiende lo que pasa. Fue solo a conciertos de rock y solo a conciertos de funk. Fue solo a la playa y vio de reojo a los hippies. Solo se acerco a uno de sus compañeros cuando le vio tocando una canción que parecía un corrido o una tonada en la universidad. Un gringo rubio, con un tipo que parecía mexicano mirandolo.
- ¿Qué canción es esa? - Preguntó en inglés.
El moreno le sonrió, mirandolo de arriba abajo. Lleva un pantalon de tela y un chaleco con motivos que ha visto en los tejidos mexicanos de las pelicas que veia su abuela. El rubio solo estám comenzando a tocar un country más melodico, como una polka.
- Tantito de folk nomás. ¿Has oido hablar de Woodie Gutrie?
Woodie Gutrie, cantaba canciones viejas americanas que decían en la universidad que eran de campesinos incultos. Manuel era mucho de leer y una cosa le llevó a la otra y seis meses después estaba dejando ingenieria y comenzando literatura americana. Antesa de darse cuenta Manuel estaba escribiendo ensayos comparandon Neruda con la Beat Generation, teniendo opiniones sobre la Guerra de Vietnam, acompañando a Pedro a las reuniones de la la Mexican American Political Association y tomando LSD, mucho LSD en la playa de California que hacía que el cielo se uniera con el mar en una explosión roja. Las guitarra a la que alguien le intentaba sacar sonoridades indias le hacñia pensar en el sonido extraño, del guitarrón, en los tambores de los mapuches.
Cuando se graduó volvió con el pelo largo, un matón mexicano, y la representación de sintetizadores americanos. Sus padres casi se mueren.
- ¿Que vas a hacer Manuel?
- Ir a Viña. Allá necesitan de estos. - Dijo como si fuera evidente, y una semana después, alla fue.
***
Viña del Mar, 1972
Francisco se siente profundamente rídiculo con la dirección en un papelitop ahora destrozando en la mano. Él siempre ha sido callado pero valiente. Voluntarioso dice su abuelita. No le importo cuando le dijeron que vaya a aprenden una profesión y el decidió ser cantante. Pero gastarse casi todos los ahorros para ir a Chile porque le llamó un tipo al que besó una vez es ser ya shunsho. Pero no puede evitarlo, hay algo en Manuel, algo cercano. Cuando le llama siempre hay un momento que su corazón late “cual caballo desbocao” como diría la copla venezolana, al oír las entonaciones de su acento chileno, su voz grave. Se enamora más cada vez que se gasta la fortuna al telefono, le falta prender una vela para poder que la operadora pueda conectarles.
Nunca ha sido él de escribir pero con Manuel han intercambiado decenas de cartas, recortes de poemas y sobretodo canciones. Franscisco le habla a Manuel de sus animales y del campo, siente que le escucha, le habla de como los grupos andinos se están haciendo conocidos como ahora llenan estadios y tienen músicos acompañantes. Manuel le habla de la industria de la musica en la que está entrando más como productor y técnico de sonido.
Siguieron con indignación y luego tranquilidad el proceso por el copyright de “El Condor Pasa”.
Hablaban tambien de otras cosas :
“a veces cuando miro el mar me acuerdo de la noche que pasamos, hay lugares donde los hombres se encuentran en Santiago, pero me parece vacío no saber que puedo después hablar con alguien.”
“El otro día mi perro el Humberto se comió una flores que se llaman acá floripondio y estaba enfermo porque son flores que duermen, me acorde de que usted que tambien se come flores raras. A mí me han ofrecido floripondio, hasta la yagé que le dicen pero no quiero, quiero tener los ojos bien abiertos. No sé como explicar”
Manuel abre la puerta y parece algo molesto. Cuando le ve parece calmarse, coge su maleta y cierra la puerta.
- Señor Francisco.- Saluda, cómo si no lo conociera. Se ha cortado el pelo y por consejo suyo el bigote, pero aún tiene una melena. Las gafas de sol chocan con los parpádos largos de Francisco cuando se besan.
- Manuel González. - Lo dice con un cariño que al chileno haría suspirar.
Cada vez que escribe, cada vez que le habla a Francisco, siente por un segundo que no es enserio. Que se está inventando todo y que se va a disipar todo como una alucinación de las que tenía en la universidad bajos los efectos del LSD. No sabe bien que hacer pero quiere tocarle, deja la mano en su hombro y luego le coge la muñeca delicadamente. No se acuestan ese día, no directamente, pasan más tiempo mostrandose los ultimas discos que han adquirido con el sudor y haciendo llorar a sus respectivos instrumentos. Cuando el sol se está acostando comen pan y con paté. Francisco ha hecho 56 horas de bus con una parada en Lima de una noche asi que Manuel pone un vinil de música india y le masagea la espalda un largo tiempo.
Está vivo se da cuenta, el hombre que le hace reír, que toca el charango con un toque saltarín de sanjuanito está realmente con él, su piel caliente bajo sus manos.
- Con esta música se cogían todos los hippies de mi universidad gringa. - Le murmura cerca del oído, intenta que sea sensual pero Francisco se ríe. Se ríe y se ríe, alegre.
- Shunsho eres Manuel.- Le besa todavía sonriendo. - Yo me acuesto con usted hasta con el himno nacional.
Esta vez es Manuel quién no puede dejar de reirse hasta que comienzan a besarse, se oye afuera, también el mar.
Francisco es serrano y si no confía en bañarse en mar abierto, no puede dejar de mirar al mar. Van al mar casi todos los días y escuchan todos los vinilos que tiene. A los tres días de llegar, Manuel le pide que toque el charango y comienza a tocar, en algunas partes rasgasdos largos en su guiterra electrica.
- Deberíamos ir a París. Usted toca el charango, y yo le hago arreglos sicodelicos. Algo nos han de dar.
Francisco no dice nada. No se ríe, solo piensa, piensa como cuando decidió ir a tocar de pueblo en pueblo, piensa en una vida tan lejos de su tierra.
- No. Muy lejos París, pero si fuera más cerca…
Francisco se da cuenta que nunca ha escrito en Kichwa, pero trata para escribirle una carta a su abuelita y su mamás que habla del destino, de la vida, de que hay aviones, de buscar buenas cosas. Cuando habla con su mamá por telefono, ella llora pero le dice que sabía que es culpa suya porque le dejo hacerse cantante y ellos siempre cogen camino.
***
París, 1991
Los 90s eran otro tiempo, si hubieran sido los 1890, Mario hubiera estado probablement feliz de ir a estudiar a París, porque él era un pianista arrecho, y en ese tiempo París y Vienna eran todo. Pero los tiempos han cambiado y a donde quería haberse ido a Mario, era a Miami, lamentablemente por culpa de Miami Vice, y seguramente por prestigio antes los vecinos lo mandaron a París.
En ese tiempo, solo se hablaba con la casa una vez a la semana. Treinta minutos que le costaban un ojo de la cara. Hablaba más con su mamá que le recomendaba que comiera bien; él decía que por suerte comía como alquilado y que si le gustaba en pan. Hablaba con su papá que le decía que tenía que estudiar, y los estudios del conservatorio, que por cierto, iban muy bien. A quién les mentía era a los primos, que solo le prguntaban las francesas, las parisinas, que dicen que son….
“Sí, sí!” Mentía Mario, porque no tenía como decirles que desde que llegó a Paris, estaba persiguiendo a una colombiana.
Al comienzo no sabía de dónde era Catalina. Tenía compañeros de todo el mundo. Era una morena preciosa, se vestía a la moda, jeans de corte clásico y material bueno y un cintillo, muchas veces azul en el pelo con chaquetas de tela colorida y tacones cuadrados. Moderna y elegante.
- Te juro, Sebas, que la Cata es latina. Latina caribeña, yo conozco a mi gente.- Afirmaba, con la seguridad con la que a los catorce había decidido que sería músico y con la que hablaba en el peor francés del mundo.
Sebastían, su mejor amigo un uruguayo de ascendencia italian que hablaba mejor francés que él le dijo que si parecía latina, pero nunca le oido hablar español.
- Pero puedes preguntar, tiene muchos amigos, es popular en el conservatorio. - Le explica.
- Sí, tercer violín y el cuerpo que acompaña.- dice en voz baja para que las chicas no lo oiga. Sebastían no se lo espera y le mata de la risa.
- No, osea sí. Pero ahí dónde la vez Cata hace mezclas de techno.
Mario ha oido, porque no es por nada pero saber, un poco de música de los USA, el es un hombre de rock, house, salsa y Chopín, Falla y Teresa Carreño. Pero sabe que desde los 50’s están conectado todo a un parlante electrico. Y ahora nisiquiera hay intrumento, y aún así ha conquistado a europa.
- ¿Tecno casero, en París? - Pregunta porque las calles empredradas al borde del Sena y el europop no le parece que va mucho con eso, él diría mas que eso es cosa de alemanes o de gringos.
- Hay todo en París, pero su familia tiene un almacén de discos de vinil y Cds, “L’Ima” calle de Turbigo, en el Marais, unos barrios interesantes.- Explica Sebastían.
- Habrá que ir.
***
Catalina no es tonta, tiene muchos amigos, es el tercer violín de la orquesta joven del conservatorio nacional así que por cariño o interés le han estado ya diciendo que el pianista venezolano, guapo y talentoso pregunta a todos si ella es latina.
Catalina tiene la suerte de serlo, cuando en los 80s se puso de moda adoptar niños colombianos muchos terminaron lejos de su tierra, siendo de otra parte. No soy de aquí ni soy de allá, como dice Facundo Cabral. A veces se acuerda de su madre, pero si la busca quiere que sea después. Cuando de mi primer concierto de solista se ha prometido. No quiere presentarse con menos.
Su identidad está estrechamente ligada a la música, sus padres tenían en la tienda cumbia y vallenato. Compraron dos viniles del Festival de Bambuco, Cantares de Colombia y Sonidos del Pacífico. Junto a las canciones de Maria Elena Wash habían movido cielo y tierra para conseguir Cds de niños de la editora Lexus con hits del tamaño de la Iguana que tomaba café y La Serpiente de Tierra Caliente. En la casa hablan solo español, pero su lengua materna es la música.
Francisco es cantante de música andina, un tiempo fue su actividad principal y su Manuel tiene una negocio de alquiler de equipo de sonido. Pero la familia se dedica sobretodo a “L’Ima” es lugar de peregrinación de trabajadores de las embajadas que se olvidaron de traer música patria, los casados que pasaron su luna de miel en Acapulco, Cartagena o por alguna razón, Lima, de estudiantes latinos nostálgicos y antropologos americanistas. Tienen una pared entera de música andina, más que cualquier disquera de París. Hay unos antilleses que tienen una tienda de música caribeña con más salsa en Colombes, sí, y un argentino que tiene una milona en el distrito 10mo de París con todo el tango habido y por haber dónde a veces van a comer empadas, porque claro que las venden. Pero ellos tiene tonadas chilenas, una buena selección de Salsa y Merengue, Boleros, Bossa Nova, Rancheras y Música del recuerdo. Sobretodo tienen las últimas cumbias y chichas sicodelicas que gustán tanto a los alternativos. Y una sección North American Folk que tiene el disco preferido de Catalina de Rancheras de Linda Ronstand que cree que fue lo que hizo que se enamorara del violín.
El acento de Catalina es raro, usa expresiones que aprende en libros del siglo XIX y en revistas actuales, trata a veces de imitar las novelas y peliculas que compraron en VHS la última vez que fueron a Bogotá. Pero prefiere hablar en la mezcla de acentos que es la suya, le dicen que parece peruana, de los Andes. No ayuda que a veces dice cosas que Francisco ha dicho toda su vida y luego, después de años Manuel le dice, “pero eso es quechua, tus amigos no te van a entender”.
Cata sabe que es privilegiada, mimada, que sus padres tuvieron que luchar para dedicarse a la música. Para estar juntos también, pero eso hasta en París no es lo más común. Esto le dice a Mario cuando le acepta una cita mientras se come una crepe que no dejó que pagara.
Parece que pudiera ver como los engrenages en el cerebro del chico giran como trata de entender lo del charango y la adopción, Viña del Mar y París, la politíca que los obligo a irse y la música que les hizo quedarse juntos. Y sobretodo….
- Mis papás. - dijo con una pausa que trataba que fuera más casual que dramática - Francisco, que toca el charango es un instrumento andino como el cuatro de ustedes. Y Manuel que toca la guitarra pero está más en el sonido. Los dos se conocieron en un concierto, ¿no? Así que yo me crié en la música.
Es una especie de prueba, sabe que lo sabe. El deseo de Mario esta luchando con sus concepciones de la familia y la sexualidad en tiempo real. Quiera saber porque se vinieron a París y si no tenían problemas con eso, si es legar adoptar niños entre dos… lo que más quiere sin embargo es que la colombiana le pare bola.
- ¡Chévere!- Se atreve finalmente. - Qué…. Interesante.
- Sí ¿verdad? - La sonrisa de Catalina parece iluminar la tarde gris de París.
El baile es duro, hay que ir a misa antes y luego un día todo entero con su noche, hasta la madrugada. Más ellos que tienene que saltar, salta...Más cuando la Virgencita vuelva a la capilla, y las gentes a sus casas, tarde irán al monte, a ver las estrellas del desierto. Pero ahora bajo la máscará están poseídos por algo poderoso. Francisco es el Ayahuma, el diablo protector del Carnaval de la Serranía Ecuatoriana, latigando pa' qu bailen. Manuel es el Condor, el mensajeros de los Dioses, bailando para la Chinita, la Virgen del Carmen.
Se van al monte de noche, animados solo del baile y del pisco. La gente se muere en el desierto, pero ellos no, no con los santos, los apus, con la Virgen viendo por ellos. Saben a trago los labios y el aire helado calma el calor de la lana y el cartón que fueron su segunda piel. Por las aberturas veían solo el movimiento colorido de los otros bailarines, pero ahora juntos, miran a las estrellas. Sienten la piel del otro, pegada a la suya. Recuperandose, poco a poco de haber sido espiritus.
[La Tirana es una fiesta de origen aymara del Norte de Chile]