"No me vengas a decir que me extrañas y que te dolió perderme, porque en menos de dos días ya habías regresado a los brazos de tu viejo amor".
— Anahí H.
seen from United States
seen from Ireland

seen from Australia

seen from Germany

seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from Brazil
seen from China

seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from Brazil

seen from Sweden

seen from Malaysia

seen from Germany

seen from Malaysia

seen from Malaysia
seen from Yemen
"No me vengas a decir que me extrañas y que te dolió perderme, porque en menos de dos días ya habías regresado a los brazos de tu viejo amor".
— Anahí H.
Vuelve a mi memoria esa noche que me abrazaste y susurraste en mi oído "no puedo dejarte ir", sonreí y te creí, pero, ¿quién diría que meses después serías tú quien ya no volvería?
"No pude evitar acordarme de ti. Abrí de nuevo la caja, me puse la vieja sudadera que me regalaste, aún huele a ti. Saqué el sobre con el corazón morado y volví a leer la carta de papel rosa. Ya pasaron casi dos años de ese noviembre ocho y aunque ya no te quiero como antes no he querido borrar tus mensajes. Me gusta pensar que nos quisimos mucho pero que tu manera y mi manera de querer no lograron encajar. Siempre me dijiste que me querías mucho, y te creí, el problema fue que la querías a ella... y a ella, y a la otra, y a la otra también. "
— Anahí H.
«A veces me despierto en las noches pensando en nuestro octubre, a veces me pongo triste porque ya no tengo tus abrazos ni tus besos, a veces me acuerdo de tus trucos de magia y de tus malos chistes. A veces te extraño y me empieza a doler el corazón. A veces te extraño, si, a veces lo hago, pero no significa que volveré a tus brazos.»
— Anahí H.
Hace unos trescientos treinta y dos días solías llamarme "Cariño".
Me dabas la mano y me hacias reír.
Me dabas mil besos que me llenaban de vida y me iluminabas el noviembre lleno de melancolía.
Anahí H.
Siempre fuiste esa tristeza inesperada con un toque de belleza con espinas y sabor a caramelo.
Anahí H.
Después de unas semanas vuelvo a escribir acerca de ti.
Y es que la verdad no he logrado sacarte de mi vida,
y mucho menos de mi corazón.
Me puse a pensar en el final,
en las palabras que escribimos,
en todo lo que ese día no dijimos.
De haberte tenido frente a mí quizá seguirías conmigo,
y nos hubiéramos agarrado a besos,
quizá te hubiera quitado ese dolor
y habría curado esa vieja herida que tenías desde que te lastimaron el corazón.
Pero por alguna razón,
aunque a penas era la mitad de diciembre,
lo que apenas veníamos construyendo,
se derrumbó.
Y es que yo fui demasiado egoísta por querer tu amor solo para mi,
y tú fuiste demasiado cobarde como para pedirme que me quedara y aguantara un poco más.
He visto que le escribes un millón de veces que la amas,
supongo que en verdad es así.
Dijiste que ya la habías olvidado,
pero en menos de dos días
tú corriste hacia su lado.
Hace poco me dijiste que sabías que eso no iba a funcionar,
pero tú sigues ahí, en sus brazos,
dándole los besos que no me diste,
escribiéndole poemas que jamás me leíste.
Y yo sé que nuestra historia es demasiado corta,
pero tú fuiste lo más bonito que había tenido hasta mis diecisiete años.
Nunca nadie me había dado tantos besos y tantos abrazos,
nadie me había querido cómo tú lo hiciste,
qué triste sería que todo eso hubiese sido una mentira.
Porque aquel día doce,
cuando tú —y yo— me rompieron el corazón,
mientras yo lloraba en la regadera,
tú corrías a sus brazos,
si no es que ya estabas con ella.
Y es que duele,
duele que yo esté aquí,
escribiéndote sin que lo sepas,
mientras tú estás lejos, soñando con la próxima vez que la veas.
Te escribo éste poema,
o la cosa literaria que sea,
no para que lo leas,
sino para desahogarme,
porque ya no quiero pensarte,
ya no quiero soñarte,
yo solo quiero olvidarte.
— Anahí H.
Diciembre 23.
Nunca me había sentido así, tan enojada y triste conmigo misma. Que estúpida, confiar en alguien sólo porque su cuerpo dice a gritos que te quiere es una de las cosas que están en mi lista de "nunca más".
Siento que te odio, odio que seas feliz con ella, odio que hayas jugado conmigo, y me odio.
Me odio porque dejé que jugaras, dejé que yo fuera el cuerpo que podías abrazar y besar cuantas veces quisieras, porque dejé que tu sonrisa me hipnotizara.
Yo sabía que no iba a terminar bien, sabía que un día te ibas a ir, pero decidí arriesgarme. La próxima vez ya no será así, porque quizá no haya una próxima vez en mi vida, y si por error alguno llega alguien más que me robe el corazón, ésta vez me aseguraré de apostar por alguien que valga la pena.