Es difícil cumplir en este mundo de sombras. Pero no podemos llorar por lo que somos. Sólo decir: “Aquí estoy, y en mi ceguera digo: bueno”. Así como dice en su ceguera la semilla que nada sabe, y nace el árbol, que ella no conoce.
Sara Gallardo, “Eisejuaz” (p. 145).














