Y pasee por mi mente y encontre aquel rincon que te deje donde guardo los momentos que no olvide
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Y pasee por mi mente y encontre aquel rincon que te deje donde guardo los momentos que no olvide
El 28 - La Oreja de Van Gogh
El 28
Llegaba tarde el 28, no era novedad. Levanté la mirada debajo de mi paragüas rojo, la débil lluvia se perdía en el amanecer. De no ser por la universidad, me hubiera encantado quedarme allí a disfrutar del aroma de la húmeda mañana. Miré a mi reloj: las 8 de la mañana, la lluvia conmigo empezaba un día de pleno sol. Una camioneta roja pasó rápidamente por la calle, apenas y me dio tiempo de esquivar el agua que levantó al pasar. Ese rápido venir me hizo fijarme en el otro lado de la acera, allí estaba su figura.
De pelo rizado, negro y ojos azules, oculto en una gabardina, atento, esperando quizá al autobús. "¿Será Alberto?". No, no podía ser él; desde que se fue del país hace 3 años no sé nada de él. Era un fantasma, una jugarreta de mi imaginación. No me vio, caminaba ausente, sin sentido alguno.
Inmediatamente vino a mi mente aquella noche que pasamos en su casa. Las luces de las velas, el olor a comida casera, el frío de la noche y el calor de sus abrazos. Recordé aquellos besos en su sofá, sus labios seductores y su mirada fría. Sí, Alberto fue un bello recuerdo de ayer, pero no fue más que eso, ahora es mi pasado.
Se había perdido entre la gente, y absorta en mis pensamientos, yo también. Un ruido de claxón me sacó de mis memorias. ¡Ha pasado el 28 con toda velocidad!. "Diablos, ahora tendré que esperar al siguiente". Ni hablar. Me pregunto si el café está abierto a esta hora, no me vendría mal. ¿Alberto se acordará de aquel café también?. Bueno, ¡Pero ya casi eran las 9! El tiempo se había burlado de mí.