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No debemos tener miedo a equivocarnos, hasta los planetas chocan, y del caos nacen las estrellas.
loveendpointing
el caos, ella y yo
La conocí una noche de invierno. Ambas compartíamos el mismo sentimiento: los nervios de estar conociéndonos. El tiempo pasó, pasó 1 mes, 2… pero llegó el tercer mes, un mes en el cual empezamos a compartir momentos con nuestrxs amigxs. Ahí, primera noche que conocía a sus amigas, tuve la primera red flag. ¿Cómo no pude verlo? O mejor dicho, ¿cómo pude verlo y aun así lo dejé pasar? ¿Cómo? ¿Por qué? Son cosas que me pregunto ahora, cuando ya pasaron 2 años de aquel día, cuando luego de ese acontecimiento compartimos mil cosas más, mil momentos desagradables y decidimos emigrar juntas.
Fue una decisión como las que tienen las relaciones heterosexuales de “tengamos un hijx” para salvar el vínculo. Fue una decisión pésima. Al principio no parecía serlo, o sí… y yo elegía ver otra cosa, no sé. Mi cabeza tiende a ver escenarios que hacen un poco más amena mi vida, pero luego, luego viene el caos.
Primera parada: Italia, la bella Italia. Todos estarán pensando: se acabaron las penas, los problemas, todo era felicidad. Claro que no. Los problemas incrementaron, pero ahora se sumaba el miedo a lo desconocido, el miedo a perdernos. Entonces, ¿qué hicimos? Claro, nos refugiamos entre nosotras. Nos lastimábamos y nos curábamos en igual medida. Nuestra dinámica funcionaba así, funcionó así hasta el último día incluso.
El viaje tuvo cosas buenas, cosas malas, violencia, de todo. Fue muy triste realmente. Yo, que nunca fui muy estable internamente, cada uno de estos episodios me hundía, me hundía cada vez más. Por dentro se iba apagando todo de mí.
¿Por qué no te ibas?, me preguntarán. ¿Cómo me iba a ir? Estaba aterrada, me sentía sola, perdida, pero a la vez tenía, únicamente, su compañía. Aquella persona que de una simple charla generaba una discusión y de la discusión un griterío. Empezaba a golpear cosas. El llanto, su llanto, era insoportable. No lo digo porque me moleste que la gente llore; me molestaba que ella diga y haga de todo, pero sea también la víctima que llora y te culpa por haber actuado de esa manera.
Momento en el cual yo decidía bajar la guardia, consolarla, decirle que se quede tranquila, que ahí estaba para cuidarla y que no era mala persona, que era la situación que habíamos “generado”. Sí, siempre decidía incluirme y hacerme parte de su delirio. Imagínense eso durante dos años, habiendo emigrado, en el otro lado del mundo, completamente solas. Caótico es poco.
Viajamos mucho, viajé mucho. Primer momento de separación, no del vínculo —que hubo muchos por cierto dentro de la relación, conviviendo juntas—, pero esta era una separación de espacio físico. Seguíamos sentimentalmente juntas. Realmente la extrañé, realmente sentí que no podía viajar sin ella, realmente me sentía “vacía”, o al menos eso creía. Honestamente, y viéndolo hoy, siento que no me sentía vacía, me sentía en paz. Mi cabeza estaba en silencio y mis días no tenían problemas. Al estar acostumbrada a eso y que mi dinámica del día a día sea el caos, obviamente me iba a sentir “vacía”.
Termina mi viaje, nos reencontramos. A decir verdad, el reencuentro fue lindo, pero como todo lo inestable, no duró mucho. Volvimos al pueblo en el que vivíamos y la rutina diaria del caos ya se hacía presente. Todo volvió a la total normalidad: el caos, ella y yo.
Decidimos, a los días, regresar a nuestro país. Muchos altercados a la hora de volver, pero contra todo pronóstico, llegamos. Nuevamente mi sensación de estar completamente “vacía”, pero a la vez me pasaba algo que no había experimentado antes. Esta vez no la extrañaba, esta vez me había sumergido tanto en ese “vacío” que de a poco me empezaba a dar cuenta que no era eso, sino más bien la paz de alejarte del caos, que lo elegía, eso era lo que quería para mi vida.
A los pocos días de llegar, el caos no se experimentaba en persona, sino por mensajes. Nada peor que el caos por mensaje: libre interpretación. Anyway, no era algo de lo que no estemos acostumbradas. Pero, como dije anteriormente, ya me había sumergido demasiado en esa paz mental. No quería saber nada con todo eso y, a diferencia de otros momentos, esta vez estaba en casa. No me podía hacer berrinches porque no iba a enterarme.
Después de miles y miles de planteos, viene el recurrente perdón de su parte, a lo cual accedo sin juzgar, como estaba acostumbrada. Nos vemos al mes de haber vuelto y fue muy lindo, realmente fue como una despedida. Sentimos como el día que nos conocimos. Sentí que podíamos intentarlo, sentí que quizás sí era ahí, ahí con ella.
Pero, como dicen que el destino está escrito, al otro día me llega una noticia horrible, de esas que nunca se está preparado para recibir, y vuelvo a mi ciudad. Ella, muy afligida por mi situación, me acompaña desde la virtualidad, pero… no fue algo que duró mucho. Al otro día todo era caos, problemas, un problema que tenía completa solución. Ahí me di cuenta que no solo no quería alterar más mi paz, sino que quería vivir mis duelos en tranquilidad, como debe ser.
Me puse firme esta vez, y creo que fue la única. Realmente lo sentía. Hablamos y ambas entendimos que ya no daba para más, pero… como toda relación un tanto caótica, debe tener un poco más de drama. A los días viene sin avisarme a mi ciudad. Me invadieron nervios, angustia y hasta un poco de bronca de sentir que seguía sin “respetarme”.
Aun así acudí al lugar en el que estaba. Hablamos, hablamos muchísimo. Nos abrazamos, nos besamos y nos dijimos muchas cosas. Nada malo, a decir verdad. Todo fue lindo y ese “final” parecía serlo. Pero, como dicen los viejos sabios, no creas en todo lo que dicen, o “a las palabras se las lleva el viento”.
Hablamos unos días más. Habíamos quedado en seguir hablando, pero ya era algo de todos los días. De un momento para el otro dejamos de hacerlo. Cabe mencionar que antes de dejar de hacerlo me “acusó” indirectamente de que faltaba plata de un sobre que teníamos en común. Muy, pero muy triste.
Al pasar los días, mis redes se llenaron de reels. Reels los cuales llevaban, ni más ni menos, que su like. Reels que mencionaban una relación horrible, pero unilaterales, únicamente acusando a su ex de haberla “dañado”. O, este me dolió mucho realmente, uno que decía “cuando ves a tu ex” y adjunta un meme de una actriz que mira con cara de asco y agrega “vomito”, entre otros tantos.
Hoy, habiendo pasado tan solo un mes y días de aquel encuentro, de aquella charla en la cual nos despedimos con un abrazo, esas cosas duelen, y sin mencionar otras tantas que sigue haciendo. Ya no tenemos contacto, pero las redes logran que, indirectamente, lo tengamos. Hoy tengo el corazón bastante roto, el alma desganada y un impulso que me nace desde adentro de poder decirle cuánto me lastimó, pero elijo mi paz y elijo guardar silencio.
Ya no quiero volver a que seamos 3, ya no quiero eso. Intento grabármelo y hacerlo carne, ya que somos seres de costumbres y a veces cuesta soltar, salir de eso. Ya no quiero que seamos el caos, ella y yo.
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