Canarias: más cherne y menos Coelho
Cada uno se autoayuda como puede. Yo tiro de comida. Ejemplo: te levantas de bajona en Las Palmas, que es un sitio donde no es fácil venirse abajo, pero puede pasar. La bajona es así, no respeta lugares idílicos ni vidas regaladas. Mira Paulo Coelho, un hombre que vive de la bajona ajena. Pues es brasileño. Y no por eso se entrega con delectación a la samba y a la caipirinha. Más al contrario, Paulo echa las tardes empatizando muy fuerte con tus movidas y soltando frases que a más de uno le arreglan el día y el Facebook. Cuando junta unas cuantas, les pone unas tapas, saca un libro y te lo vende por 18 pavos; eso es lo que cuesta, más o menos, una de gofio, papas arrugás, media de chipirones y un cherne para dos que bien pudieran ser tres si Paulo se animara en El amigo Camilo, un lugar que lleva insuflando moral a la tropa desde hace muchos años y que yo recién descubrí en mi última estancia en a la isla, patrocinada por ‘The Hole’. Si el bajón es muy intenso, puedes comer en la terraza, mirando al mar, mientras reflexionas sobre si Coelho lo habrá metido todo a plazo fijo, o sobre la frugalidad de la existencia; en especial la del pobre cherne que te estás apretando y que tú mismo has elegido un rato antes sin atisbo de piedad. Pero empatizar con un cherne es algo al alcance de unos pocos gurúes como Paulo. Yo, hombre primario y terriblemente sujeto a las bajas pasiones, solo diré que desconocía la existencia de este pez y que ahora soy devoto. Y no quiero saber más sobre sus atribuladas circunstancias, que ya tengo bastante con lo mío.
En Santa Cruz de Tenerife también se come buen cherne, Paulo. A El Puntero me llevaron unos amigos de la isla, no sin antes prevenirme: es una tasca (allí las llaman guachinches). No reservan; no hay café. No nos importa, y menos después de probar los camarones, los chocos, el pulpo, las garbanzas y el cherne, claro. En mi segunda visita comprobé que el universo a veces se conjura para que se cumplan tus deseos: el dueño me enseñó a comer camarones como si fueran pipas. Y también me dio a probar tollos, plato de pescado local con sus partidarios y sus detractores. Yo estoy a favor. De precio, como el anterior: un Coelho. O una sesión de coaching.
Cada uno se autoengaña como quiere. Yo prefiero el cherne.
El amigo Camilo. Las Palmas de Gran Canaria. Caleta, 1
El Puntero. Santa Cruz de Tenerife. San Clemente 13








