TV: Elena Álvarez
Para quien no sepa, Norman Lear (nacido el 27 de julio de 1922 en New Haven, Connecticut) es una leyenda viva de la TV estadounidense. Especializado en sitcoms y otros proyectos revolucionarios desde hace casi setenta años (como, por ejemplo, “All in the Family” o “Good Times”), ha cosechado su último gran éxito en esa plataforma también revolucionaria llamada Netflix (que canceló tras tres temporadas, siendo “rescatada” por Pop TV, que también la concluyó tras la cuarta). “One Day At a Time” pasa revista a muchos tópicos esencialmente norteamericanos: la inmigración latina (cubanos, en este caso), la realidad de los veteranos de guerra (Penélope Álvarez, la matriarca de la familia, participó en Afganistán junto a su esposo), la religión (la familia practica, cada una a su manera, o ninguna, el catolicismo) y el descubrimiento de la sexualidad adolescente.
“One Day At A Time” (2017-2020) es una sitcom con sabor latino, remake de otra homónima emitida hace más de cuarenta años. Producida por Gloria y Emilio Estefan, la historia se enfoca en la vida cotidiana de Penélope (Justina Machado), sus hijos Elena (Isabella Gomez) y Alex (Marcel Ruiz) y la madre de Penélope, la eximia bailarina, ardiente religiosa y siempre lista para ayudar a la familia o meter algún bocadillo delirante, la maravillosa Lydia (sin duda el alma de la serie, que lleva la figura y el talento de la gloriosa Rita Moreno, ganadora, entre otros lauros, del Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por “West Side Story”).
Desde el principio se muestra a una Elena con gran conciencia social, feminista a ultranza y siempre lista para alzar la voz a la hora de defender sus convicciones. Sólo para empezar, en el primer episodio se niega rotundamente a celebrar la tradicional fiesta de los quince por considerarla anticuada y machista. Con el tiempo, otro aspecto de su vida comienza a emerger: sus dudas sobre la sexualidad. El primero en descubrirla es Alex, que no tiene mayor inconveniente con el tema; el segundo es Pat Schneider (Todd Grinnell), una visita constante en su casa y la tercera, por fin, es su madre, que en, apariencia, lo toma bien, dando lugar a una situación muy interesante y realista (podría decirse que, más allá de las risas, este es un valor importante en la serie): preocupada por este disgusto, va a un bar gay adonde conoce a un hombre que, además de convertirse en su cita, la tranquiliza diciéndole que lo que le sucede es lógico y que debe confiar en el tiempo para aceptar plenamente la novedad.
Paradójicamente, Lydia es una de las que parece haber asimilado muy bien el tema, llegando a darle algún que otro consejo de seducción, al contrario que su propio padre Víctor (James Martínez), que por poco no acaba destruyendo su fiesta de quinceañera por no poder aceptarla.
La segunda temporada la muestra enamorada de la supernerd Syd (Sheridan Pierce), reconciliada con su padre y en paz con sí misma, aunque sin olvidar su espíritu aguerrido a la hora de defender las causas que considera importantes.













