He observado que; A cada paso que doy, recibo un golpe de piedra. Al principio, no supe qué hacer, ni cómo esquivar, ni dónde esconderme si correr o permanecer quieta. Poco a poco, mi cuerpo iba teniendo más heridas, de las cuales, en su mayoría se hicieron costra, cicatrizaron. De tal manera que, en un punto de no saber cómo ni cuándo ni dónde ni nada, era una armadura color ocre llena de grietas por todos lados.
“¿Por qué?” Me pregunté una y otra; y otra y otra vez. Nunca obtuve respuesta. Al no encontrar respuesta, le busqué la solución. Estiré mi espalda, levanté mis rodillas y empecé a menear los pies a ritmo d"el ojo del tigre" y caminé. Ahora he llegado a una solución que ni la física; ni la química, ni ninguna otra ciencia pura y exacta haya podido llegar nunca: construí mi camino. Aprendí a no esquivar, a no huir, a no esconderme ni echarme a llorar… cogí las piedras; deshice mis costras ; de a poquitos, me fui construyendo mi camino. A dí de hoy puedo deciros y os digo, que estoy llena de cicatrices, que seguiré teniendi costras toda la vida, pero que a causa de ellas, he conseguido aprender a caminar derecha, en mi camino, luchando pase lo que pase, pese lo que pese. Sonrío, aunque os confieso que por dentro algunas veces rompo a llorar y rabio, pero entendí que, por lema siempre debía llevar este: “Nunca muestres a los demás todo de tí, nunca te muestres débil ante las situaciones, sonríe y muéstrate siempre con fuerza, aunque por dentro mueras, aunque no te queden ganas, aunque todo se te venga encima. Nadie merece saber cómo estás luchando, nadie merece ver tus lágrimas, nadie merece nada que tú no quieras darle, así que píntate tu mejor sonrisa y jamás JAMÁS dejes que el mundo te coma. No le des ese privilegio”.
Puedo resultar algo fría, algo apática y puede que parezca que no tengo sentimientos. Pero a todos esos “puede, puedo” les antecede unos “no más, no más, basta”
Yo sólo construyo mi camino, no pretendo que a nadie le guste.
















