Ensalada de frutas Eloísa Suárez
Frutillas rojas, bien rojas, aromáticas; ciruelas maduras, a punto de explotar, que prometían ser dulzonas; naranjas para jugo, redonditas, brillando al sol del atardecer; manzanas lustradas, sin ninguna imperfección, conservando el cabito y la hojita del árbol; duraznos de verano, firmes. Todo de las islas. A Clarisa se le hacía agua la boca, mientras su amiga, parada ya dentro de la embarcación que cargaba la fruta, se disponía a elegir con la bolsa de las compras colgando de su antebrazo como si fuera una princesa llevando una cartera fina.
Hacía un rato que habían llegado al Puerto de Frutos del Tigre. Antes, la caminata desde Recoleta hasta la estación del Retiro para tomar el tren que las llevaría a cuatro días de descanso, incluyendo el fin de semana.
Magdalena le indicaba al vendedor que quería dos kilos de ciruelas negras, bien reventonas. Asimismo pidió tres kilos de manzanas, dos de duraznos y cuatro de naranjas. Clarisa se subió en la embarcación y le sugirió a su amiga que llevara también frutillas. Magdalena se negó, alegando que con lo que llevaban les alcanzaría para cuatro días tranquilamente. Las frutillas estaban caras. Clarisa se resignó, pero, en su interior, extrañaría esas frutillas con buena pinta. Era un jueves de diciembre de 1988.
–¿Pensás hacer ensalada de frutas, Magda?
–Sí, porque así la fruta rinde más. (seguí leyendo en http://laideafija.com.ar/larevista/numero18/ELO_frutas.html)














