Un manual para saber de donde venimos y hacia donde deberíamos ir.
Cómo celebrar cuando hay tanto pesar.
Lamentablemente en este país podemos presumir de muy pocas cosas buenas, y tristemente en este país también se nos hace común comenzar a escribir con un "lamentablemente"; y un día como hoy más, cuando leemos indignantes noticias como la muerte de una actriz y ex miss Venezuela Mónica Spear, en manos del hampa.
Lo cierto es que en medio del luto algo bonito sucede, aunque la pérdida sea irreemplazable y a muchos les cueste celebrar. El actor y ahora director Miguel Ferrari se alza con una nominación internacional por su Ópera Prima: Azul y no tan rosa, en los Premios Goya, el máximo galardón de la industria cinematográfica española.
Pero cada vez que algo bueno sucede, me es inevitable pensar: Somos, fuimos... ya quien sabe, el tercer país productor de petróleo en el mundo; fuimos o somos un país rico en minerales y materia prima; pero sobretodo hemos sido una máquina de artistas con un talento inigualable; desde actores, humoristas y directores de cine y televisión hasta músicos, escritores y pintores.
Ahora bien, ¿a dónde va tanto talento y tanto recurso mineral? El talento humano huye, y el recurso mineral se lo llevan, y si se quedan o están de paso como Spear, se pudren. Y entonces, ¿qué queda?
Nosotros mismos y principalmente sus políticos hemos desangrado nuestro país al no mirar para adentro. Irónicamente todos, desde derechistas hasta izquierdistas hemos mirado para arriba, hacia el norte; para abajo, hacia el sur, solo miramos cuando nos conviene, cuando necesitamos un apoyo moral para justificar nuestras luchas revolucionarias. El mismo Hugo Chávez Frías miró siempre hacia el norte, con odio hacia los Estados Unidos y con amor hacia Cuba, casualmente también al norte. Todo esto nos hizo capaces de no hacer una introspección y descubrir nuestra propia fuerza, nuestro propio potencial, nuestro empuje en una tierra joven y fértil que aun pudiese dar lo que quisiéramos, sino es que los Chinos y Rusos ya se lo han llevado todo.
Quisimos resolver lo que nos pasaba por dentro huyendo de donde estábamos (evasión), como si nos abrumara tanta riqueza, de esa que no sabes ni qué hacer con ella; y si un pueblo siempre fue así, por ley sus gobernantes así lo serian. Somos incapaces de ver cuán fácil es poner esa maquinaria humana a funcionar, que ha permanecido dormida por un poco más de 200 años. Sí, los mismos años que tiene nuestro despertar libertario y de emancipación española. Y desde hace 16 años está más que ratificado, al permitir que empezáramos a ver con odio a quienes siempre admirábamos y amar a quien nunca nos importó, bajo el pretexto de una revolución y ¿para qué?, para seguir igual que siempre, dirán algunos; pues si y no, a todo ese comportamiento le inyectaron el peor de todos, a esa comodidad propia del venezolano le inocularon el resentimiento y el odio.
Después de este par de centenarios, pocas veces nos hemos sentado a razonar y dar respuesta a gente con tanto talento como Miguel Ferrari o la mismísima Mónica Spear, que en paz descanse. Quizás sea la única excepción de ese desdén El Sistema y sus impulsores principales de esta última década: el Dr. José Antonio Abreu y Gustavo Dudamel; pero solo porque era demasiado evidente como el talento brotaba y corría a borbollones en cada rincón de nuestra geografía que el gobierno tuvo que mirar hacia ellos para organizarlos aun mas y ponerlos a dar frutos en el mundo entero; y por supuesto a ello hay que sumarle la astucia de quienes dirigen ese movimiento musical, al tener que sentarse a negociar lo que no es negociable: el arte que emerge solo y es puro. Algo había que hacer, dirían algunos, hasta sentarse con el mismísimo diablo si era posible para negociar.
Bien, después de tan largo recorrido por nuestra historia para comprender lo que vivimos hoy, solo queda hacer un llamado a gritos desesperados a quienes nos gobiernan y aun mas a quienes aun invierten y creen en nuestro país, no para desangrarlo si no para aprovechar sus riquezas para devolvérsela con vítores y lauros, que si tantas satisfacciones ha dado la industria del espectáculo y el quehacer artístico en este país, logren verle el queso a la tostada y conviertan de una vez por todas a Venezuela, además de una potencia mundial petrolífera, si es que aun lo somos, también seamos una potencia artística y con ello, aunque mercantilista suene, devuélvanlo en inversiones para construir más casas, más parques, más colegios, más escuelas de cine, más academias de bellas artes, más instrumentos musicales y menos balas en nuestras calles.
Siempre lo he dicho en lo íntimo de mis tertulias entre amigos y colegas, y aunque mal suene: “este país ha dado tanto como para que nuestros políticos hicieran de este país la Suiza de América y como para que ellos mismos llenaran sus bolsillos. Mientras nosotros nadáramos en el mar de la fidelidad, ellos (los políticos) serían juzgados solo por el que todo lo sabe y todo lo puede.”
Mientras este sueño se nos hace realidad, logremos alzar la copa de la felicidad por esos quienes hacen de nuestro país el país que queremos. Brindemos por nuestras coronas universales, por nuestras medallas olímpicas, por nuestras hermosas mujeres, por nuestros músicos y en lo personal por nuestro cine: esa ventanita que nos enseña que podemos soñar con un mundo mejor, el que queramos y podamos recrearlo en la forma que nosotros queramos. Pero jamás olvidemos que nuestro país está perdiendo su recurso más preciado: su gente, su pueblo, ese que soñó con ver sus hijos crecer y triunfar y ser profetas en su tierra.
Buen viaje y el mayor de los éxitos a quienes nos dejan para hacer realidad los sueños que no pudieron materializar en nuestro país, y bravo por quienes aun sueñan viviendo en Venezuela, ¡Valientes!
Maracaibo, 08 de enero de 2014 (Hora: 01:30 am)