El pasillo
Mis pasos se hicieron cada vez más lentos, la respiración se me dificultaba, mi vista fallaba y no podía distinguir el fondo del pasillo. Decidí sentarme un momento, cerré los ojos para intentar curarlos, y abracé mis rodillas como lo hacía cuando era niño. No sé cuánto tiempo pasé sentado, he pensado que fueron días, cosa que no puede ser incoherente, si se tiene en cuenta el sopor que causaba el aire de aquel lugar. Más que la incomodidad, lo que me despertó fue la música, esa maldita música que sonaba sin ningún tipo de armonía. Me atormentaba la cabeza, invadía mis pensamientos, los conquistaba. ¡Silencio! ¡silencio! Grité en vano. Sentí, de hecho, que el ruido se hizo más fuerte, que mis gritos le dieron impulso, que mi ser representaba la burla de otro. Quería regresar, pero no podía recordar cómo ni cuándo había llegado a ese lugar, me empecé a preguntar por qué estaba allí, qué pecado estaba pagando, pero mi mente estaba muy turbada para intentar ofrecer una respuesta lógica. La desesperación crecía con el pasar del tiempo, y me hacía pensar en los días, las horas, y los segundos que debía soportar en aquel lugar. De repente, como si mis pensamientos estuviesen siendo escuchados, empezó a sonar por un breve momento el campanar agresivo de un reloj de péndulo, como suena cuando es una hora en punto, y seguidamente el Tic-Tac, Tic-Tac que marcan los segundos. No podía ser una casualidad, algo me observaba y podía penetrar en el fondo de mis pensamientos. Mi corazón aceleró sus latidos, mi frente destilaba sudor, y mi cuerpo comenzó a temblar. No podía aguantar más esa situación, ni el sonido del reloj, el cual me hacía preferir la música de antes. Decidí levantarme, y continuar con mi lento caminar. En vista de que mis músculos estaban entumidos, me ayudaba sosteniéndome con la pared. Nunca había tocado hielo más frio que aquel muro, y justamente cuando iba a retirar mis manos para calentarlas un poco con mi exhalación, sentí una puerta de madera. Fue un acto atrevido entrar tan ligeramente, sin pensarlo, pero las ganas de salir de ese pasillo sin fin me dominaban por completo. Lo primero que noté, fue el tamaño tan pequeño de la habitación para la cantidad de personas que estaban allí, viéndome. Unos tenían guitarras, otros saxofones, y algunos tocaban sus claves. ¡Cerrad la puerta! Exclamó un enano con una trompeta que al parecer era el jefe de la orquesta. Al escuchar sus palabras, todos los músicos dejaron de tocar, y empezaron a mirarme de manera desafiante. Soltaron sus instrumentos y al unísono coreaban, “muerte al intruso, muerte al intruso”. Los vi acercándose, pero logré cerrar la puerta a tiempo. Empecé a correr hasta donde me permitieron mis pulmones, hasta alejarme lo suficiente de esa peligrosa puerta. En algún momento ya no escuchaba el sonido del reloj, solo escuchaba mi respiración y sentía mi cansancio. Escuché también voces en mi cabeza, voces que me incitaban a seguir, “ya casi llegas” susurraban suavemente, “no te detengas”. Con el cuerpo lleno de miedo, seguí caminando, era lo único que podía hacer. Después de cierto tiempo, luchando para no parar, logré visualizar el final del pasillo y se distinguía la imagen de una habitación sin puerta, y en el centro un escritorio donde estaba sentado alguien, a quien solo le veía la espalda. Con cierta cautela entré.
—Por qué tienes miedo— Preguntó el hombre allí sentado — ¿no ves que este es tu hogar?
— ¿Mi hogar? Pregunté desconcertado.
—Acaso no te has dado cuenta —Expresó el hombre—. Tú eres quien controla este lugar. Eres tú quien decide hacerlo una tortura o un paraíso. Acaso no has visto los cambios que suceden tras tus pensamientos.
— ¿Cómo lo sabes?
El hombre giró media vuelta su silla, y con sólo ver su rostro tan familiar quedé pasmado, sentí que mi cuerpo se helaba. No podía ser cierta la cara que estaba viendo. Pero allí estaba, justo en frente de mí.
—Ya te das cuenta—me dijo mientras me miraba con esos ojos que conocía tan bien, con aquel gesto de seguridad que solo yo entendía—. Te das cuenta que no es la primera vez que entras al pasillo.











