He publicado nuevo contenido en Gervasio Diaz Castelli
He publicado nuevo contenido en http://www.diazcastelli.com/los-energumenos/
Casita frente a un mar bravo, vital, sonoro: libros…escribir un poco, sobredosis de mate e incorporación de un sin fin de elementos/objetos incómodos de trasportar, con los cuales uno se vincula únicamente en vacaciones (sombrillas, sillitas, lonas, paletas pesadísimas, etc.) El asunto es que el otro día, al volver de la playa, me encuentro con que un vecino -en esa hora mágica de la tarde donde se va yendo el sol…y los últimos cantos de pájaros…el sonido del mar…- estaba con la música no fuerte, demencialmente fuerte. Mi corazón realmente se estremeció. Era una cosa tan agresiva, tan de me cago en todo…que me dije…”acá hay algo raro”.
Yo he aprendido a tener cierto control de mis impulsos: no me tomo nada muy personal, el mundo es un caos y yo no soy el centro de ese caos, trato de resolver sin amargarme. Por supuesto que reacciono, digo: no me dejo joder por un energúmeno por más que no sea personal. Mis fantasías primarias, arcaicas, en un primer momento me empujaban a ir armado hasta los dientes y obligar a los amorosos turistas a introducir su cabeza en los enormes parlantes hasta que queden sordos. Otra fantasía fue la de tener una suerte de misil dirigido, y cortar por lo sano de un saque. La situación era compleja.
Eran tipo tres familias, con camionetas, cuadriciclos, adolescentes… y mucha sobreexcitación y euforia. Adolescentes fuera de control en estado de anomia total. Ir a poner una palabra ordenadora allí, era meter el dedo en una licuadora funcionando para intentar parar el mecanismo. Primero llamé a la policía: -“bueno, eso tiene que ir un inspector a medir decibeles” (un 25 de dic…) – “pero no pueden pasar a decirles” – “si, luego pasamos”. Obviamente jamás los vi. Tenía que ir a hablar, pero simplemente no tenía ganas de ir a meter “razón” en esos psiquismos en pleno espasmo de aturdimiento. Pero finalmente arranco. Ni bien llego, noto que eran miles (yo percibí miles) moviéndose de un lado a otros, manipulando cosas, objetos, acomodando autos. Intento decir algunas palabras pero, obviamente, me hacían gesto de que no me escuchaban. Para colmo a ese gesto me lo hacían como enojados, sin registrar que el hecho de que mi voz no se escuchase, estaba en relación directa a sus parlantes.
Pero bueno: quien parecía ser el patriarca o líder de la horda primitiva, el representante de la barbarie, se acerca…a la defensiva. Ahí comienzo a desplegar mi argumento, que era de lo más simple de entender, y sensato por cierto. La primera respuesta del chabón fue: “amigo estoy de vacaciones”… – “vos sabes que yo también hermano pero, quizá tenemos ideas diferentes de lo que es vacacionar, y de cómo pasarla bien”…no me entendió mucho esto último que dije ¿sería ya algo muy complejo de entender para él? Los otros bárbaros empezaban a inquietarse y a mirar! En un momento, “mi interlocutor” pidió que bajen la música; pero solo para que podamos hablar, porque a 40cm no nos podíamos escuchar y eso que estábamos a cielo abierto. El asunto es que ya a los 30 segundos me di cuenta que la cosa no iba a traccionar mucho.
Para mi sorpresa se acerca una mujer: su mirada me decía que era un ser más cultural, más humano digamos. Suprimí de mi campo visual al amigazo, y comencé a hablarle a los dos, pero mirando únicamente a ella. Y ahí, habiendo más receptividad, comencé con argumentos más sólidos para llegar a una negociación. Pero era gente muy bestial, canchera, soberbia, menos la mujer, todos muy desagradables. Nada de lo que digo esconde un prejuicio: hay gente chota y bestial en todas las clases sociales. Pero estas familias…. Eran algo sorprendente realmente.
En fin: logré bastante, de esto hace tres días. De todas maneras, lo que yo considero “bajo” en materia de música, es diferente al de ellos. Pero están mucho en la playa, de noche se ve que se van a comer…pero sin duda que si yo no iba…me esperaban días difíciles. A todo esto yo ya casi no escucho música, y me gusta el silencio cada vez más; solo pongo algunas cosas en el auto, en la ruta, disfruto mucho de hacerlo allí. El chambón en cuestión, al irme, me dice:- “eso si, en año nuevo tiramos la casa por la ventana eh!, ahí te la tenés que bancar”…le dije – “ok ok no hay problema”… ya veré que hago el 1ro. Pero el asunto es pensar en lo increíble que es que haya gente que haga algo así: a ver, lo entiendo: estamos en una era en donde “el otro”… existe cada vez menos. Pero más allá de eso, no hay que someterse, siempre hay que intentar hacer algo, y en el caso de que no se pueda hacer mucho, hay que buscarle la vuelta para pasarla bien igual, y no construirse un verdugo que arruine una vacación. Pero bueno, reaccionar, de la manera mejor que se pueda, y no meter la cabeza del energúmeno en el parlante, para mí, hoy -no así cuando tenía 20 años que quizá me mandaba con un machete- es el mejor camino. Incluso tenemos que aceptar que, vuelta vuelta, una de esas…nos comemos. Es así. Bueno, sigo intentando de clavar la sombrilla, que no tiene punta, no sé, se perdió: con lo cual es una tarea harto compleja lograr enterrarla, cosas de los objetos, ellos mandan, siempre.
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