Se llegó, iba a llegarse, el día en que volví al blog. No sé cuánto tiempo me voy a quedar pero sí sé que tengo mucho de qué hablar y hasta que se me acaben los temas, acá me tendrán un tiempecito jiji.
Retornemos, pues, a cambiar el mundo.
Como una introducción, este ciclo universitario —sí, el tamagochi humano que soy yo ya va a la u— tuve un catedrático nuevo y desde el primer momento me dio mucho miedo su persona. Aclarando, todo lo nuevo me da miedo y me paraliza horriblemente. La cosa es que trabajar con él fue de lo más desafiante pero al mismo tiempo de lo más gratificante y lo que terminó haciendo que dejara de tenerle miedo y que se ganara mi cariño, no solo respeto, es la frase con la que he titulado este post: equivóquese.
Nosotros en clase teníamos que proponerle actoralmente y él se encargaba de corregirnos y guiarnos en la dirección correcta. Qué voz le hago a este personaje, cómo se mueve, qué ropa me pongo... Siempre era lo mismo: no se quede sin hacer nada, es lo peor que puede hacer, equivóquese, arriésguese.
Creo que es gracias a él que ya no me da tanto miedo regarla porque está bien hacerlo.
Y así es. Ya lo viví, no puedo negarlo.
Querido lector,
No sé quién seás ni sé en qué andás metido, pero sé que, como a mí, se te presentan muchas oportunidades —aunque no sean tan majestuosas ni ostentosas como las esperabas— a las que decís no porque te da miedo de fracasar. Y te entiendo.
Vivimos en un mundo cruel, competitivo, que deja de lado las pequeñas cosas que realmente importan. No estoy diciendo que te volvás un holgazán y solo te dediqués a vivir para los demás, dejando de lado tus sueños. No te estoy diciendo que seás mediocre y uno del montón. Te estoy diciendo que te la jugués y arriesgués porque todo es ganancia en esta vida, en serio.
Para los escépticos, acá comparto una historia.
Tengo un amigo que amo con el alma que quería irse a estudiar su carrera a Argentina. Se subió a un avión por primera vez, solo, para ir a probar suerte y fracasó en su misión. Sin embargo, se topó con un museo de historia natural que le recordó lo lindo que es seguir siendo niño porque vio los fósiles que solamente había conocido en fotos y si yo no le hubiese dicho la ganancia que recolectó de su viaje —ese encuentro con su niño interior—, probablemente hubiese regresado desencantado de la vida y quién sabe qué cosas más.
Quizá es cuestión de perspectiva, quizá es aprender a dar gracias, quizá es ser optimista/positivo —detesto esto último, por cierto—. Para gustos, colores.
La cuestión es que aquel error monumental, inolvidable, imperdonable; aquella equivocación imborrable, tiene su gracia, su encanto. Todo es ganancia, como ya dije.
No tengás miedo de pedir más, de buscar ser mejor.
No tengás miedo de dejar ir, de perder o de decir adiós.
No tengás miedo de lo nuevo, de salir a lo desconocido (aquí te hago barra porque también lo intento yo).
No tengás miedo del miedo ni de los miedos de otros que no tienen por qué ser los tuyos.
Solo tené miedo, como dijo mi maestro, a quedarte estático y morirte sin haber hecho nada.
EQUIVOCATE, que sos humano y no es nada malo.
Y PERDONATE, por encima de todo.
El perdón es amor y el amor es perdón (entre otras ochocientas mil cosas más).
Yo creo en vos,
Jenny.
La inspiración de este post, el empujoncito que me faltaba, viene de este video que me encontré hoy porque finalmente pude volver a ver YouTube sin sentir culpa de perder el tiempo. Uní los puntos y todo tiene sentido.
in prior years
i had told myself
that i would never tell a lie
but when i had grown up
i had realized
i was a chronic liar--
a compulsive,
pathological liar
not because of the words
overflowing
off the tip of my tongue,
but by the smile on my face
implying that everything is okay
Alcoholizate, drogate, desahogate ahora que puedes, ahora que puedes equivocarte ahora que tu corazón esta desecho conviertelo en arte, es ahora.. Vida no tienes otra y sinceramente suele ser muy corta. 8/febrero/2017