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Tú no fuiste la mujer de mi vida, tú fuiste la mujer de mi muerte.
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mujermuerte
Tú no fuiste la mujer de mi vida, tú fuiste la mujer de mi muerte.
Mierda, me sangró la nariz.
Así pasan los días, una atmósfera gruesa de suciedad, caos y humo de cigarrillo inundan siempre tu habitación, en la que te encuentras viendo porno (cruel porno), el porno como todo lo demás en tu vida acaba por aburrirte antes de lograr llegar a algo con el, apagas la computadora y te duermes, siempre estas cansado así que siempre duermes.
Tus sueños, siempre empiezan tan reales, con escenarios no tan descabellados bañados de un tono sepia, pero por alguna razón las situaciones en tu sueño te llevan a dispararle a un hombre con su propia pistola (dos tiros en la cabeza, uno en el corazón) justo después de matar al hombre, ¡BANG!, despiertas, molesto por no saber el desenlace de tu sueño (nunca sabes como acaban tus sueños), despiertas justo como te dormiste, cansado, al fin has logrado sacar tu monótono cuerpo del lió de libros, basura, almohadas y ropa que llamas cama, cuando ves el reloj (el único reloj verdadero en tu casa) y te encuentras con la noticia de que son las cuatro peeme y así otra vez las posibilidades de hacer algo productivo de tu vida se fueron con la mañana, las asesinaste como a aquel hombre:
Escena del crimen: tu vida.
Arma homicida: mediocridad.
Estas de pie en tu casa sola, como tu,cuando tienes la sensación de que algo espeso y cálido recorre tu fosa nasal, justo cuando empiezas a preguntarte ¿qué es? un sabor a fierro oxidado llena tu garganta, como una ola de un mar de pintura roja y una pequeña gota de ese fluido cae directamente a tu piso de loseta que en algún momento de su vida fue blanca, dejando una marca, un perfecto circulo carmesí, sangre, cansancio, soledad y lo único que puedes pensar es: Mierda, me sangró la nariz.