Mi glande exige.
¿Cómo le explico que me rige la lealtad en la carne?
Aunque fantaseo con una o con otra, de este u otro tiempo, imaginando la sensación de mi pene cubierto por sus vulvas, no me permito llegar más allá. No tiene sentido.
Siento urgencia, pero cuando deje de sentirla en el instante aquel donde los fluidos sedan a la fricción y la presión y el calor que hay dentro de tu coño, estremeciendo mi cuerpo, al menos en la parte izquierda, seas quien seas, no quedará nada.
No me interesas tanto, como a quien soy leal. Por eso es absurdo desearlo.
A veces siento que estoy lleno con odio más que con lujuria, con resentimiento más que con libido, con frustración freudiana, aunque me falte un testículo que decidió convertirse en un tumor.
















