Primero lo primero. Llego, y le aviso a la gente que 'llego', porque no vivo aquí, porque cada vez es más ocasional el que me encuentre acá, porque todo esto se siente como una vacación, como un escape, aunque conozca esta ciudad y sepa de su marea, de sus estados de ánimo, y de esos códigos que no son entendidos por los turistas. Cuando me subo a la micro el chófer no me da boleto y me hace un gesto, y yo no reclamo, porque sé que es así no más la cosa, es tarde y será pos, la legalidad en ciertos espacios es un privilegio y no me molesta.
Llego, con bolso y todo el cuento, pero sé abrir la puerta, me sirvo sola comida y nadie tiene que moverse bajo esas estrictas reglas que existen cuando recibes invitados. Hago planes, algunos resultan, otros no tanto, pero al final eso no es lo que importa.
Lo que importa es lo que siento cuando voy bajando por el cerro, y el clima cambia abruptamente, y ya no es playa y sol, sino guarida y garuga, y flores de colores salpicadas por el rocío nocturno.
Lo que importa es como miro a la gente, esa misma gente que ve mi sonrisa y me da los buenos días, o me pregunta afablemente si soy de aquí ("Más o menos, jajaja"), para conseguir indicaciones.
Es la sensación de libertad y de curiosidad, y esa energía que mueve tus piernas y tus ojos aunque estés cansado. Eso es lo que realmente importa, y siempre ha importado, cuando estoy aquí.
Esos segundos que pasan entre que veo un nuevo mural en la calle, y decido que me gusta, y esos minutos que pasan hasta que me doy cuenta de que estoy enamorada de él. O esa brisa que persigo en las noches de verano, esa brisa cálida llena de polén, que sabe a jazmín en el paladar, que me acuna y me da esperanzas de una buena noche plagada de deseos cumplidos.
Siempre lo he tenido, quizás no tan racionalmente (como pocas cosas en mi vida), sólo como una intuición que me pone en marcha para nuevas aventuras...
Y ahora, eso que importa, eso que siempre importa tanto, en el final de la degustación empieza a saber un poco diferente. Es como cuando tienes un local favorito, en donde tienes un plato especialmente favorito, y lo conoces tanto que puedes notar cuándo cambian un poco la receta, cuándo cambian la marca del condimento principal, y no es malo, pero sabes que es diferente, sabes que existe otro tono que le da al conjunto una impresión final distinta.
Ahora estoy acá, y lo que importa tiene un final un poco azulado, melacólico pero feliz, y animoso, que no es desagradable, todo lo contrario, me eleve los pómulos un poco más cada vez.
Ese final es tu recuerdo, y las ganas de compartir todo esto contigo. Es el recuerdo de tu mano en mi mano, y el sueño despierto que construyo a partir de esa sensación, y de la arquitectura de estos cerros. Camino, como camino siempre por estas calles, y sin saberlo, sin buscarlo, entro a tiendas buscando souvenirs para ti, buscando recuerdos y regalos de algo que quiero vivir contigo, pero soy lo suficientemente torpe como para juzgar todo y pensar que es tonto, que quizás no te interesa, que estoy siendo estúpida. Pero sé que incluso aunque no te lleve nada, voy a contarte todo, especialmente ahora que soy tan consciente de todo esto, y después de que estuviste un día acá conmigo, y tus ojos eran tan felices, y esa sensación, y esas cosas que importan ahora están salpicadas de tu recuerdo, porque eres parte de mi vida, de las cosas que amo y que deseo, y de todo lo que quiero vivir.
Ahora todo es más claro, ahora entiendo mucho mejor qué significa un souvenir, y qué son estas cosas que de verdad importan estando acá. Lo que importa me lo llevaré en las mejillas y en los ojos, en la sonrisa cuando te vuelva a ver, y te diga lo feliz que fui estando acá, y lo feliz que soy de estar contigo. Y lo feliz que seré de estar contigo, acá, o en cualquier otro lugar que tenga algo de eso que realmente importa. Los planes que vamos a hacer, las cosas que te voy a contar, y siempre, siempre siempre, la forma en la que te voy a mirar, y te voy a besar en las manos y las mejillas, y la forma en la que mis recuerdos regalos se formarán en mi mente, y pase lo que pase, siempre estarán ahí, como un llavero o un collar (o unos aros), materializados para cada vez que necesite algo tangible para sentirme feliz.