"La cura para el dolor está en el dolor" Rumi
Esta es una de las paradojas que más me han ayudado a comprender de lo que trata una mirada sensible al Trauma.
Frente a lo abrumador del dolor, nuestro cerebro ha encontrado maneras para protegerse y separarse de la experiencia sentida en el cuerpo. Y esos patrones de supervivencia se han convertido a menudo en nuestra identidad, pues no somos capaces de relacionarnos con esa experiencia de peligro desde las mismas condiciones en las que la vivimos. La evitación se constituye en eso automático con lo que tratamos de eludir las sensaciones de indefensión y sentirnos fuera de control.
Es en el contexto y las condiciones donde podemos empezar a crear esa posibilidad de responder. Si puedes tener espacio primero para tu protección, y darle la bienvenida a esa estrategia que te ha salvado la vida y te ha ayudado a mantenerte desconectada de un dolor insoportable, quizá puedas sentir como esa parte de ti se siente apreciada y reconocida.
Ahí empieza a crearse una conexión necesaria para recordarte que estás a salvo y dar el siguiente paso, que es hacerte sentir que esa parte de ti que estuvo sola, ahora puede tener compañía, la tuya como adulta y la de otras personas con espacio y tiempo para estar contigo.
Sin prisa. Este proceso necesita de la lentitud y la comprensión de que nuestra protección solo va a contar la historia del dolor y de aquello que no fue bienvenido, cuando sienta la seguridad de esta conexión. De tu presencia amable, dándole la bienvenida y apreciando lo que tuviste que hacer para sobrevivir.
La desconfianza y el cierre necesitan tiempo y, una gota de esta conexión, solo un poquito para no sentirse desafiadas. Desde este ritmo y pendulación vas a poder relacionarte con algo totalmente desconocido y extraño como es la seguridad y la apertura.
Este proceso puede traer tiempo, y es solo con tu presencia, y sintiendo la compañía que no hubo en el pasado, como tu cuerpo va a empezar a ablandarse y abrirse desde adentro. Con tu respeto, y siendo capaz de estar y apreciar este lugar protegido en ti, es como vas a ir creando este contenedor para escuchar la historia de lo que tanto te dolió.
Cuando la conexión, el amor y la seguridad son un contexto que tu cuerpo ya puede tolerar y reconocer, entonces estás preparada para dar la bienvenida a ese niña que hay en ti, y descubrir que el dolor trae la información de algo donde no fuiste errónea, ni donde no hubo nada malo en ti; solo algo que no tuvo espacio ni bienvenida para poder Ser.
Y allí, el dolor se sana y nos sana, nos devuelve a nuestro Ser en toda su completud. Con todas tus partes, para que puedas ahora, desde el presente y en estas condiciones, darte la bienvenida que hubieses necesitado y desplegar todo aquello que ahora si tiene espacio para Ser.








