Comienza el entrenamiento
¡Skol, compañeros vikingos! Con este saludo comienzo mi aventura por estos paisajes que, si no del todo nuevos, van a ser ya no sólo visitados, sino conquistados. Llevo tiempo navegando entre inteligencias múltiples y taxonomías de Bloom, trabajo cooperativo y evaluación auténtica… pero siempre como exploradora; han sido pocas las batallas a las que me he atrevido a enfrentarme. Pero, con el regalo que me han hecho los dioses, ¡un dragón nada menos!, creo que en breve me sentiré preparada para enfrentarme a cualquier contienda y conquistar todos los mares a los que pueda llegar. Llevo ya tiempo queriendo hacer las cosas de otra manera y, casi de puntillas, he ido introduciendo elementos diferentes en mi forma de dar clase, en un intento de romper con la educación tradicional, uniforme y monótona, que recibí de joven: trabajo en grupos cooperativos e interactivos, con actividades en las que cada vez explico yo menos y hago más de guía, dejando a los alumnos que investiguen y cometan errores hasta llegar al acierto… horas y horas de apasionante trabajo en las que diseño actividades lo más visuales posibles, para que los diferentes grupos de alumnos lleguen al conocimiento por medio de un aprendizaje divertido, motivador e inclusivo. Así que, cuando hemos empezado esta aventura enfrentándonos a un paisaje por el que navegar para ir alcanzando nuevas metas, con retos que superar… ¡creo que mi drakkar ha llegado a mares amigos! Creo que es indispensable tener en cuenta las capacidades e intereses de cada alumno para poder ayudarles a potenciar sus fortalezas y superar sus debilidades: tenemos la suerte de vivir, como educadores, en un mundo diferente al que vivimos como jóvenes estudiantes, un mundo en el que el acceso al conocimiento no se restringe al libro de texto, a nuestra memoria y, con suerte, a la enciclopedia que con mucho esfuerzo compraron nuestros padres. Con un toque de nuestro dedo tenemos la información en nuestra mano, pero nos falta desarrollar en nuestros alumnos lo más importante: la capacidad crítica para discernir qué fuentes de información son fiables y poder cribar qué contenidos son los adecuados. También tenemos la suerte de tener las aulas llenas de personitas muy diferentes: magnífica diversidad que hace que cada uno de nuestros alumnos sea una personita integral en proceso de maduración, y no sólo un número al final de una evaluación. Y tenemos la suerte de poder formar parte de ese crecimiento: a algunos habrá que llevarles más de la mano que a otros, que caminarán prácticamente solos. Gran responsabilidad la nuestra, pues estas personitas son frágiles y se verán muy influidas por nuestras acciones, por eso es tan importante diferenciarlas y conocerlas en la medida de lo posible, para poder personalizar tanto como podamos su aprendizaje. Lamentablemente, pese a mi entusiasmo y optimismo, no va a resultar fácil. Para personalizar el aprendizaje como quisiéramos, necesitaríamos poder acceder a todos los alumnos, lo que resulta difícil con grupos de unos 30 alumnos (a veces, incluso más) y con la diversidad con la que nos encontramos: alumnos de compensatoria, alumnos con necesidades educativas especiales y muy especiales, hiperactivos y con déficit de atención, con altas capacidades,… y algún alumno “normal” entre todos los demás. No es sólo una cuestión de diferente base de conocimientos o de forma de aprender de cada uno, sino de inquietudes e intereses, situaciones familiares y contexto socio-cultural,… cuando se piensa en personalizar y se deja de generalizar, como se hacía antes, surge la necesidad de muchos más recursos y medios que, al menos de momento, no nos están llegando. A parte, la utilización de las nuevas tecnologías puede ayudarnos a alcanzar un mayor grado de personalización, pero no siempre se cuenta en los centros educativos con medios informáticos suficientes para poder implementar la programación de aula convenientemente. Mi dragón es aún un bebé, ahora toca entrenarme con él y ayudarle a crecer, aprendiendo juntos a darle forma a esta aventura. Todo lo que sea poder ir navegando hacia una mayor personalización de la educación es positivo y, si el viento deja de soplar, ¡pues a remar toca!














