Aldis Fallenson vivió durante el siglo XVI, en Inglaterra. Era una persona generosa, que siempre trataba de ayudar a los demás, y al que siempre le preocupaba el bienestar de otras personas por encima del suyo. Él renovó completamente el lema de su casa, cuyo escudo de armas había sido hasta ese momento un ángel despojándose de sus alas, en honor al origen Nefilim de los ángeles caídos, y que era el significado de su apellido (Literalmente, “Hijo del Caído”), dejando que el hecho de proceder de ángeles rebeldes fuera un orgullo para su Casa. Aldis creía que el origen de su sangre era angelical, “divino”, y que no eran culpables de la rebeldía de sus ancestros al ser expulsados del cielo. Por esa razón, el escudo de armas de los Fallenson se convirtió en el de un ángel arrodillado, redimido, pidiendo perdón por sus actos rebeldes, y su lema, Cecidit, non Vicerunt (Caídos, no derrotados) considerado por Aldis un desafío, pasó a ser Redemptionis Virtutem (El Poder de la Redención). Así mismo, como patriarca de la Casa Fallenson, Aldis transmitió a sus descendientes sus ideas acerca de la redención, de que debían estar orgullosos de su procedencia de ángeles, pero no por la condición de caídos de los mismos.
Se cuenta que, cuando Aldis era anciano, recibió una Espada por mano del propio Arcángel Uriel. Esta espada representaba el perdón de Dios a la raza Nefilim. Esa Espada, representó entonces la Alianza entre los Nefilim y los Ángeles.
Aldis fue conocido como Aldis el Perdonado, un Mago que obtuvo la Medalla de la Orden de Merlin de Primera Clase, por sus logros como Alquimista. También fue conocido como Aldis el Profeta, ya que era capaz de ver cosas que aún no habían sucedido. Tuvo numerosas visiones, entre ellas, tuvo la visión de que en la Nueva Era, una Luz de Destrucción oscurecería al sol y lo convertiría en sangre, lo que con el paso del tiempo fue interpretado con la llegada de Lux Aeterna, a la que solo podría hacer frente la sangre de los Ángeles.
Lamentablemente, la profecía no fue tomada en cuenta, por lo que cayó en el olvido, sólo recordada por aquellos que sí conocían la existencia de la Espada de Uriel. Sabiendo por sus visiones que la casa Fallenson acabaría desapareciendo con el paso de los años, y que los Nefilim acabarían perdidos por el mundo, sin ser conscientes de sus propios orígenes, dejó la Espada en un lugar donde el amor más puro era música, y donde la blancura del frío era infinita bajo las más bellas luces, lugar que algunos historiadores, interpretaron como Emphatica.
Con el paso del Tiempo, la Casa Fallenson desapareció, pero no su descencia. La Sangre Nefilim tenía el don de seguir prevaleciendo entre los hombres, sin que se desvirtuase su poder. Con el paso del tiempo, incluso ellos mismos dejaron de saber sus propios orígenes. El último de ellos, debe despertar su poder cuando le sea entregada la Espada.













