El día que conocí a Lezama.
El día que conocí a Lezama.
Era una de las muchas calurosas tardes de verano, en tiempos en que ya tocaba al límite mi adolescencia. Como en ocasiones anteriores, ascendía la colina universitaria al encuentro de mis antiguos compañeros del pre universitario que ahora estudiaban filosofía y letra. El lugar acordado y establecido en común, era la sombra de los frondosos árboles de raíces aéreas, que circundan el Castillo del…
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