Personajes históricos Emdt -> Felipe V (Óleo sobre tiempo, 2×09)

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Personajes históricos Emdt -> Felipe V (Óleo sobre tiempo, 2×09)
Monster dog (Claudio Fragasso, 1984).
Juan Belmonte, matador de toros. Manuel Chaves Nogales
Jueves 15 de noviembre de 2018
Nueva sesión de El club de Lectura “Con mucho gusto” que en la tarde del miércoles se reunió para comentar la lectura de Juan Belmonte, matador de toros, de Manuel Chaves Nogales (Revista Estampa, 1934; Libros del Asteroide, 2009).
Juan Belmonte, matador de toros
Fernando Conde Parrado fue el invitado que eligió y glosó la obra de Chaves Nogales en una sesión repleta de referencias culturales y artísticas. Director del Aula de Cultura de El Norte de Castilla y Técnico superior de la Fundación Siglo de la Junta de Castilla y León, tres veces licenciado (Hispánicas, Clásicas y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada), máster en Economía de la Cultura y Gestión Cultural, habitual en medios de comunicación y experto en creación y desarrollo de proyectos culturales, solo Fernando podía elegir una obra tan especial, magnífica y a la vez, desconocida para el gran público.
Fernando explicó que la elección se debía a varias circunstancias que tienen que ver con la prosa de Chaves Nogales, lúcida y genial, con el propio escritor y por supuesto, con el personaje que biografía, el torero Juan Belmonte, hombre inteligente, triunfador absoluto en las artes del toreo en la primera mitad del siglo XX, pero a la vez profundo y en cierto modo enigmático.
Juan Belmonte, matador de toros es una biografía novelada del torero Juan Belmonte escrita por el periodista y escritor Manuel Chaves Nogales, cuya peripecia vital también se glosó ayer y que de forma resumida se concentra en la vida de un hombre fiel a sus principios y a sí mismo, azañista y republicano cuya denuncia de los atropellos de ambos bandos durante la guerra civil le costó muy caro; convertido pronto en un hombre incómodo para todos, su prematura muerte a los 46 años no impidió que dejara un legado de 20 libros, que felizmente están siendo descubiertos para los lectores en los últimos años.
La primera afirmación de Fernando Conde en su presentación fue un reconocimiento de afinidad con el texto elegido al señalar que Juan Belmonte, matador de toros no es un libro taurino, a pesar de lo que pueda sugerir el título, sino un tratado de toda la literatura española (un “libro mutante” dijo Felipe Benítez Reyes en su prólogo a la edición de la obra de 2009), puesto que entre sus páginas hay una variedad magistral de registros para expresar amor, filosofía, historia, picaresca, confesión, algo de libro de memorias, prosa poética, mucho de arte taurino, humor e ironía, bastante de quijotesco y cervantino, sumados a una considerable capacidad de predicción. Se trata pues de un texto conformado a través de los más variados tipos de prosa, sin olvidar que Chaves Nogales era periodista. En este sentido, Fernando fue leyendo párrafos que ejemplificaban cada uno de estos extremos para concluir que la escritura de Chaves Nogales se presenta ante el lector actual como una de las mejores del siglo pasado cuyo reconocimiento general espera aún por llegar.
En las intervenciones de los miembros del club fue significativo que el aprecio general que mostraron por este texto coincidiera con personas desconocedoras del arte y de la historia de los toros o cercanas a posturas anti taurinas; efectivamente, no se trata de un libro de toros sino de la semblanza, bajo todos los puntos de vista, de un hombre singular, triunfador, pasional, vocacional hasta el fin pero a la vez tímido y retraído. Es la profundidad con la que Chaves Nogales presenta el vivir y el sentir del torero lo verdaderamente admirable del libro, cuyas páginas se adornan de la prosa exacta de acuerdo a la anécdota o la emoción que en cada momento pretende trasmitir. De hecho, cada capítulo se puede leer de forma independiente, como una faena en si mismo -por acudir a un término taurino-, que tiene sentido dentro y fuera del conjunto del libro. Tal es la maestría del uso del lenguaje que despliega entre sus páginas.
Aun con todo y a pesar del reconocimiento general, hubo quien admitió no haber conectado plenamente con el contenido por la posible idealización con la que el escritor presenta al torero, circunstancia que en ocasiones distancia al lector del personaje biografiado. En este sentido, se debatió acerca del arte taurino, de los toreros de entonces y de ahora, de la pasión y la vocación que gobiernan determinado arte e incluso profesión, en definitiva, se habló de vida.
Tarde memorable la de ayer en la que de la mano de la erudición de Fernando Conde, al que desde estas líneas agradecemos su presencia, se nos presentó un magnifica biografía en la que, bajo un tratamiento admirable de la forma, pudimos admirar al torero y al escritor. Chapó.
Martes y Trece no piensan en un “re-retonno”
Fuente original: Martes y Trece no piensan en un “re-retonno” Puedes ver más visitando Teleindiscreta - Las mejores noticias de actualidad, famosos, salud, belleza, cocina, motor, música y mucho más.
Martes y Trece dicen que volver sería un error: “Ya no tenemos feeling”.
Martes y Trece llegaron tarde al fenómeno de las redes sociales pero todavía hacen arder YouTube con sus sketches clásicos. No tienen followers pero fueron las estrellas de la tele más populares de España. De las que reinaban sobre los dos únicos canales de TVE que había y acumulaban 10 millones de espectadores por programa. Elevaron a acontecimiento nacional el momento empanadilla cuando en los especiales de Nochevieja coincidía Cicciolina en porretas, la Thatcher felicitándonos el año nuevo, y Los Chunguitos perpetrando rumba. Eran Martes y Trece, los aristócratas de la televisión patria, y hasta se permiteron acosar por detrás a una Madonna a la que nadie más volvió a hacer el perrito con unas bragas en la cabeza.
La España de los 90 no se entiende sin Martes y Trece, sus empanadillas y su humor surrealista.
«A mí actualmente no me hace ni puñetera gracia casi nada». Fernando Conde, reconvertido en respetado actor de teatro clásico, marca el tono del cara a cara celebrado en un cine de la Gran Vía de Madrid con motivo de la presentación de un anuncio de Mahou, en el que se brinda con cerveza por reencuentros pendientes. Martes y Trece, juntos otra vez frente a una España siempre nostálgica que tal vez añore un último gag conjunto. «Se nos ha pasado el arroz», se apresura a descartar Josema Yuste. Pero al insistir el entrevistador en recrear un hipotético re-retonno de Martes y Trece, se muestra más tajante: «Sería peor y un error. No va a pasar, tenemos una edad y unas circunstancias que nos han alejado a los unos de los otros. Ya no tenemos feeling». Zanjada la pregunta de rigor, prosigue una charla que destila cierto sabor amargo y una ternura propia de los cómicos de vuelta de todo.
Martes y Trece se reencuentran sin nostalgia.
Martes y Trece no echan de menos ser estrellas, pero sí la frescura de una época. Pasaron del underground a que España entera se tomara las uvas con ellos 10 años seguidos. De las fiestas en pueblos y el escenario del pub People al estrellato catódico. Y ahora, vuelta a las tablas.
Ésta conversación con Martes y Trece, Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde, nada tiene que ver con aquella entrevista punk noventera.
Fernando Conde: “Se ha perdido la noche. Han desaparecido las salas de fiestas y el directo puro. Ver al público pegado a ti con una copa de whisky. El humorista estaba vivo y tenía que ser muy rápido para que el espectador no fuera más gracioso que él”
Millán Salcedo: “¡Y dejaban fumar! No hay noche. Directamente. Entras en cualquier local y todo el mundo está mirando el móvil”
Fernando Conde: “Pero cualquiera que se atreva a pisar un escenario con la sana intención de hacer reír, merece respeto. Nuestro humor cabía en una maleta de cartón y una guitarra prestada.
Josema Yuste: “Martes y Trece no tenía marketing”
Fernando Conde: “Nos juntamos en 1977, en plena Transición, cuando España bullía. Fue una época hermosísima. Ahora, esa ilusión ya no la tengo”
Cuando no hay cámaras ni público, queda el profesional al desnudo.
La improvisación, la mímica descacharrante y el surrealismo de lo cotidiano. Antes de Chiquito y de los Testimonios de Joaquín Reyes, el lenguaje humorístico de la calle era el de Martes y Trece. Brillaba su inocencia. «La sociedad que vivimos tiene malicia», comenta Conde, «y el verdadero éxito de Martes y Trece fue su blancura. Ese blanco matao».
Sin embargo, entre esa ingenuidad, ¿cabría hoy el sketch de Mi marido me pega? «No cabría, evidentemente. Era otra España», confiesa josema Yuste. Millán Salcedo, artífice de aquella señora maltratada, defiende su papel: «No fue una parodia para reírnos del maltrato. Estaban naciendo los programas del morbo y yo hacía a una gangosa porque hablábamos así».
Millán Salcedo sigue «haciendo el ganso como el primer día» con su show En mis trece; Josema Yuste se dedica al teatro de comedia, pero se ha quitado la etiqueta de humorista; y Fernando Conde… «Yo estoy hasta los huevos (con perdón) de que me digan: “Te vi ayer en la tele”. ¡Llevo así 32 años! ¡Me moriré haciendo El rey Lear y seré el de Martes y Trece! A mucha honra, cuidado».
Fuente: Elmundo
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Martes y Trece no piensan en un "re-retonno"
Martes y Trece no piensan en un “re-retonno”
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