Fernando Marcos
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Fernando Marcos
heeyoon choi and allan falieri photographed performing in jirí kylián's sinfonía de los salmos by fernando marcos
kayoko everhart photographed performing in nacho duato’s remansos by fernando marcos
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Vehículos patrulla de la policía con techos y asientos rotos
Vehículos patrulla de la #policía con techos y asientos rotos
Vehículos patrulla de la policía con techos y asientos rotos El Sindicato de Empleados Públicos denuncia el mal estado de los vehículos que utilizan los agentes, cuando el Ayuntamiento y la Jefatura niegan el deterioro. Esto es con lo que nos encontramos, asientos destrozados, techos rotos sujetos con clips, cableados al aire dentro de los vehículos y algunos neumáticos “caducados y degradados,…
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Red Hook #3
Necaxa, Asturias y Fernando Marcos, el Incendio del Parque
De alguna manera, el tema le molesta, porque para él, la situación es bien clara: si hace 50 años —precisamente el 26 de marzo de 1939— se quemó o quemaron el Parque Asturias, don Fernando Marcos, árbitro del encuentro entre necaxistas y asturianos, se declara un ciudadano libre de toda sospecha .
“Pensé, dice a Proceso, que ya conocía usted la historia y que no había algo más que agregar”
Sí hay mucho que agregar Como que la quema del Parque se pudo deber a dos motivos: al aspecto político entre los españoles franquistas radicados ya en México y los refugiados que llegarían precisamente en 1939; como qué hacían tanques de gasolina debajo de la tribuna del sol; como que no había agua; como que el incendio ocurrió diez o quince minutos después de terminado el partido; como que Fernando Marcos arbitró el siguiente domingo y sobre todo, que cuando estaba en llamas la tribuna del sol, nadie salió herido porque desde la calle veían el incendio.
“Ha sido, dice don Fernando, una serie de calumnias, gracias a una crónica de Antonio Andere en La Afición, tan débilmente plagada de odio”
El encabezado cita:
“Asturias y Necaxa empataron y medio Parque Asturias se Quemó” Y el sumario: “El juego brusco del tim asturiano y la pésima actuación del árbitro motivaron al escándalo Al finalizar la primera mitad el Necaxa iba arriba 2-0, pero la falta de Casarín que fue lastimado, según parece por consigna, dio al Asturias el empate”
Dice Don Fernando:
—Yo no tuve ningún problema con nadie, absolutamente Estábamos en el vestidor cambiándonos cuando nos avisaron que saliéramos del parque porque se estaba quemando.
Y es cuando surge la pregunta:
¿Por qué se quemó?
Don Fernando dice no ser político, sin embargo, en la Organización Radio Fórmula comenta tres cápsula políticas, más dos programas de radio — de 6 a 9 am en Radio Cañón con “Batas pijamas y pantunflas” y de 3 a 5 pm en la estación XEDF con “Hablando Claro”, en los que también hablas de política, entre otros temas— y, por su puesto, sus comentarios en Imevisión.
Para el hombre que fue supervisor de camiones, licenciado, jugador, atleta, árbitro, entrenador, comentarista, locutor, cineasta, el incendio pudo deberse a dos motivos: a la estupidez o a la problemática que se venía en puerta: los españoles ya establecidos en México, de filiación franquista y los inmigrantes acogidos en México durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.
Pero se encoge de hombros, hace una mueca y señala:
—Vaya usted a saber
Pero, de alguna manera, insiste en qué demonios tenían que hacer aquellos tanques de gasolina debajo de las gradas El caso es que, a raíz del incidente, dice don Fernando, muy vivos los dirigentes, tuvieron que vender el parque antes de que se los fueran a expropiar
“Todo esto, platica, sería motivo más que de un artículo, de una investigación, como tantas cosas del pasado que no se han desenterrado y que debieran desenterrarse para resolver varios misterios”
Uno de ellos sería qué pasó con el gran terreno —casi toda la colonia Narvarte del DF— que pertenecía al Necaxa y que a la muerte del director Fraser se convirtió en el fraccionamiento comercializado.
Y para recuperar la historia, la nota de La Afición relata de alguna manera una gran contradicción: por un lado, propone la casualidad o la imprudencia de algunas aficionados por hacer fogatas y por el otro acusa a don Fernando por un arbitraje consentidor para los jugadores del Asturias frente al equipo más popular entre los mexicanos: el Necaxa.
Cita el diario:
“Una pequeña fogata alimentada con papelillos (estos papelillos que circulaban en aquellos días hablaban del problema de la colonia española establecida y la que vendría para quedarse) y basuras por salvajes o cafres de camisa y pantalón contemplados por un grupo de policías imbéciles, sin la menor noción de lo que es el cumplimiento del deber, y avivada poco a poco por el viento, se convirtió en voraz y terrible incendio que consumió por completo la mitad del Parque Asturias”
Y acusa:
“Y fue el Asturias el que originó esa situación”
Relata también que Horacio Casarín salió del terreno de juego a los ocho minutos de iniciado el partido, debido a la violencia de los asturianos, pues de acuerdo con la crónica, el Asturias estaba “satisfecho: la consigna de eliminar a Casarín, estaba cumplida”, pues aunque reingresó al terreno a los 13 minutos, debió salir definitivamente a los 20.
Sobre este pasaje, Fernando Marcos señala claramente:
—Antes había una misteriosa lesión que no tenía cura y que se llamaba, y se sigue llamando: mal de meniscos, y eso le pasaba a Casarín. No lo golpearon para sacarlo del campo yse lo he dicho en mis programas.
La crónica cargó contra el silbante:
“El árbitro la ha regado ayer en forma definitiva sí querido señor Marcos, te has lucido dejaste que en ese primer tiempo el Asturias hiciera juego de carnicería y tú no te diste por enterado. Esos hachazos a Casarín, no los viste, permitiste el juego brusco y pasaste por alto patadas tiradas a mansalva y hachazos asesinos
“Y luego, en el segundo tiempo quisiste ponerte tierno y castigaste al Necaxa con un penalty por un foul de Aspiri a Ruiz Más tarde, quisiste llevar un arbitraje a nivel, y no atinabas en una ¡Un arbitraje perfecto! Felicitaciones ¿Te gustó el espectáculo del Parque Asturias presa de las llamas? ¿Y qué sentías?”
—Yo no tenía que sentir nada Yo no tuve la culpa dígame usted, ¿a quién o contra quién recarga la ira la gente, contra el parque o contra el árbitro? Me hubieran linchado y no quemado el parque. Esa idea, en sí, es absurda. Primero linchan al árbitro y luego, si no quedan satisfechos, pues queman el parque ¿no cree?
Y sobre la lesión de Casarín:
—Antes el mal de meniscos era una enfermedad extraña. Recuerdo que en una ocasión, cuando jugaba de centro delantero en el Germania, fui a ver al doctor porque me dolía una rodilla y había leído en revistas argentinas sobre el mal de los meniscos, consulté al doctor y me dijo: ¿usted también cree en esas mentiras? Pero era verdad y eso le pasó a Casarín: nadie lo tocó como para sacarlo del partido. Le insisto: se lo he dicho a él mismo en mis programas.
Además, Marcos se siente satisfecho porque ese año le tocó ser nominado como internacional, ocupó la presidencia del Colegio de Árbitros, y, también, “debo decirle que en ese partido salí en aplausos”.
El comentarista se pregunta:
— ¿Quién cortó las tuberías del agua? —Y el asalto a la fábrica La Carolina, a la Cervecería Modelo. El mismo Efraín Ruiz se retiró asqueado del futbol.
El portero, testigo.
En aquel domingo 26 de marzo de 1939, el triunfo de uno de los dos equipos le permitiría llegar a la búsqueda del campeonato Luego de la ventaja de 2-0, el Necaxa cedió y, el punto clave de las crónicas negativas de la época —básicamente de La Afición— fue un penalty con el que Fernando Marcos sancionó al Necaxa y que significó el gol del empate.
Proceso encontró un testimonio del guardameta rojiblanco, Rafael Navarro Corona, quien describió la jugada en un libro publicado independientemente en 1965, Recuerdos de un futbolista:
“La especulación era enorme, toda la semana se había estado especulando sobre el encuentro. El día del juego el parque lucía una asistencia de las grandes ocasiones.
Era el 26 de marzo de 1939.
El partido dio comienzo, los primeros minutos fueron de expectación, pero poco a poco se fue notando el ligero dominio del Necaxa. Al poco rato, culminó un avance logrado por Casarín en las tribunas, la locura, gritos, porras, los siquitibúms ininterrumpidos. Todavía no se extinguían los gritos de las gargantas cuando ya tenían motivo para aumentar sus demostraciones de júbilo, de nueva cuenta, otro gol de Casarín.
Pero los astures no cejaron en la lucha y el ambiente se iba caldeando más y más. De pronto, en una jugada muy fuerte, botó Horacio por el pasto, víctima de un encontronazo con un defensa contrario ¿Sería muy grave la lesión? Parecía que sí. Se le sacó del terreno de juego para atenderlo. Al poco rato volvió, pero ya casi para terminar el tiempo, nuevamente fue alcanzado por otro jugador en la misma rodilla.
El público se encrespó, las acciones se volvían cada vez más y más bruscas, apenas podía el árbitro contener con su silbato ese tipo de jugadas. El medio tiempo vino a poner un freno momentáneo a la fogosidad de las acciones.
Al reanudarse el encuentro ya no salió Casarín. Estábamos en inferioridad numérica y sin embargo manteníamos a raya al contrario, el tiempo seguía su carrera, pero a mí me parecía eterno… Deseaba que llegara a su fin. En uno de los avances, los contrarios lograron acortar la distancia al anotar un gol.
—Aumentó mi angustia—
“El calor del juego, la inferioridad numérica, el malestar del público por la lesión de su ídolo contribuían a hacer aquello más y más apasionante cada momento. Y el maldito tiempo no caminaba en el campo, si no se alcanzaban a dar ningún golpe, se desquitaban con palabras hirientes. En fin, una verdadera batalla.
Eso, claro está, tenía que tener alguna consecuencia. Ya en varias ocasiones le habían hecho entradas muy bruscas a Toño Aspiri, sabiendo los contrarios que por su temperamento podían hacerlo perder los estribos, por lo que yo trataba de convencerlo para que conservara la calma, que no hiciera caso, que lo que se proponía era descontrolarlo.
Con una nueva entrada que le hicieron, me dijo: ‘ya no lo aguanto, flaco, en la primera ocasión me voy a desquitar’. Efectivamente, pudo más su temperamento que la razón y en una jugada que le hicieron por un extremo y cuando yo ya tenía la pelota en las manos, Toño le hizo una entrada durísima al centro delantero Ruiz. El silbato del árbitro no se hizo esperar, marcando penalti.
Hubo protestas, discusiones, pero el señor árbitro, inflexible, no se dejó influenciar y sostuvo su decisión.
La falta la ejecutó Fernando García, casi la logré atajar… Me pegó el balón en una mano y por más que lo empujé pegó en el poste y se introdujo, era el empate. Ya el tiempo estaba por expirar y el público no estaba conforme y empezó a hacer fogatas en las graderías que se fueron generalizando hasta que la madera ardió, formando una enorme pira.
Todavía no terminábamos de bañarnos cuando entraron nuestros directivos para apresurarnos porque el incendio ya alcanzaba las cercanías de la caseta y amenazaba en forma peligrosa.
Ese 26 de marzo de 1939 fue incendiado el parque del Club Asturias. Ellos perdieron su parque, el Necaxa a su jugador estrella, una de las más grandes esperanzas de ese tiempo”
Don Fernando, como es habitual en él, vuelve a subir los hombros una especie de declaración mímica: ¿ya ve?
“Y es el relato del portero del supuestamente afectado equipo”, comenta “Y además es muy claro que Aspiri ya estaba demasiado caliente y bueno, ¿cabría alguna explicación adicional?”
Y relata sobre aquellas tribunas:
—Esas tribunas de madera del parque Asturias eran las que estaban en el parque militar de Balbuena, el general Marte R Gómez se las regaló al América para el parque que estaba enfrente del Centro Médico. No fueron a recoger las tribunas y se canceló todo, entonces las adquirió el Asturias.
Narra, a propósito del Necaxa, el gran terrenal que tenía la compañía de luz:
—De avenida Cuauhtémoc hasta Vertiz y de la calzada del Obrero Mundial a lo que era el Río de la Piedad, hoy Viaducto. Todos esos eran terrenos del Necaxa; eran el Parque Necaxa, luego el parque Delta de futbol, luego el Delta de Beisbol… Imagínese todo lo que es Narvarte actualmente. Todo eso, era del Necaxa, el dueño era el señor Fraser de la Compañía de Luz y Fuerza. Lo mató un loco, y entonces en ese momento, por ese tiempo, se declaró el profesionalismo en México, cuando el general Núñez al Necaxa dijo que no podía entrar y se retiró, nadie sabe, nadie supo qué pasó con el patrimonio del Necaxa.
Y recuerda también cuando Pasquel compró el parque Delta de beisbol e hizo una agencia de autos juntito, se lo vendió al Seguro Social y el parque siguió siendo usado como parque.
Entonces, luego de muchas, muchísimas anécdotas más y variaciones sobre temas distintos, recuperamos el asunto original y, dice, como buen ciudadano libre de toda sospecha:
—Por eso hablo mucho de lo que sé, porque no le temo a nadie y hablo bien de mí, porque mal lo harán mis enemigos, que debo tener muchos. Pero en el caso del parque Asturias, se lo repito, nada tuve que ver como lo prueban estos dos testimonios.
Nos recuerda que antes, los árbitros eran seleccionados por los equipos, es decir, cada equipo sugería un nombre y finalmente se llegaba a un acuerdo.
“¿Podría ser reelegido para continuar como titular y como árbitro internacional si hubiera yo tenido la culpa del siniestro?”, dice Don Fernando “Era el odio de Andere, pero ni modo, es problema de él”
Y jamás habla del actual director del diario Esto con resentimiento, sencillamente dice que lo hizo por un mal entendido, un odio inexplicable.
Un árbitro que sobrevivió al incendio de un parque, un entrenador que, cuando Toño Aspiri fue encarcelado por matar a un joven pandillero, llevaba el equipo que dirigía el América, a la cárcel, pues Aspiri era el encargado de deportes del penal, y cuando iba el América le rebajaban la condena.
“Tengo tanta tranquilidad, dice Don Fernando al respecto, que por eso puedo hablar de todo esto” Texto: Francisco Ponce - ProCeso 1989