Era extraño volver al estudio luego de tanto tiempo. Tenían una nueva recepcionista y habían cambiado el color de las paredes, era un ambiente distinto, más amigable ahora de lo que había sido antes. En el escritorio había volantes promocionando el nuevo ballet que Thomas estaba produciendo: Coppelia. ¡Oh, cómo le hubiera gustado participar! De no haber sido por el accidente quizá hubiese sido la cara de aquella obra también. Corrección: De no haber sido por su enfermedad, su cara jamás hubiera dejado los promocionales de la compañía en primer lugar. Meses en terapia intensiva, un hospital psiquiátrico y charlas con médicos les había dado la confirmación a lo que tanto ella como su madre ya suponían. Esquizofrenia con un delirio agudo de paranoia, deteriorándole el cerebro y haciéndole difícil comprender lo que era real y lo que no, intensificado al mil por ciento debido al estrés del ballet. El año anterior tal vez hubiera visto a alguien seguir sus pasos desde el metro y hasta el interior de la compañía pero ahora podía diferenciar bien (o al menos lo suficiente para poder andar sola por la calle) lo que su mente le producía y lo que en verdad pasaba en su entorno. No planeaba volver a bailar, su médico se lo había prohibido, no la creía lo suficientemente fuerte para regresar a lo que alguna vez había sido su pasión. Qué ironía pensar que aquello que le daba sentido a su vida también hubiese estado a punto de quitársela. Las puertas del estudio principal se abrieron y con pasos perezosos salieron caras nuevas, otras conocidas. Aquellas bailarinas quienes sabían quién era cuchichearon entre ellas y se acercaron a darle un beso en la mejilla, preguntaban cómo estaba, qué había hecho en su año sabático--Nina no tenía respuesta. Había hecho nada. Vivía en un departamento sola, visitada constantemente por sus terapeuta y cuidadores. Pasaba las mañanas escuchando música y las tardes viendo programas de cocina, nada especial pero era lo que necesitaba para volver a ser ‘funcional,’ como lo llamaba el doctor Dreyfuss. “¿Lily no...?” No terminó de formular la pregunta pues como si la hubiera invocado, Lily justo salió del estudio. Ya tenía los audífonos colocados y caminaba ajena al tumulto. Nina se excusó de sus compañeras, caminó hacia ella y se paró en frente, impidiéndole pasar. Ahora sabía que Lily nunca había estado en su contra, nunca la había estado persiguiendo o deseándole el mal. Su mente la había transformado en un villano que no era. “H...Hola,” carraspeó, jugueteando con el extremo de la manga de su suéter. / @ficcionalis












