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“Bueno, no pensé que fuese a molestar ¡que coloqué los adornos para Halloween!” Sonrió cuando vio al mayor entrar por la puerta. Estaba cubierto de polvo y se las había arreglado para que Roman y Emily le ayudasen con la mitad del trabajo. Lamentablemente para él, cuando fue por las demás cosas éstos desaparecieron. “Escuché que habrá una fiesta a fin de mes, no sé si... ya sabes, ¿quieras ir?” @ficcionalis
— solopotter
Caelan no reaccionó hasta escuchar la voz de Niko. Alzó la mirada, el miedo reflejado en mirada joven e inexperta. No era capaz de mover los brazos por temor a dejar caer a su hermana. Entonces, miró a sus espaldas y el alma se le vino a los pies al comprobar que no venía nadie atrás de él, ni Mako ni Amrod ni su pequeño hermano, ninguno de los lobos. Antes de poder recomponerse, comenzó a llorar. “Me dijo que corriera, que viniera aquí.” Explicó como pudo, cayendo de rodillas. Eso sí, nunca soltando al bebé. “Debí quedarme y ayudarlo.” Cerró los ojos con fuerza. “Soy un cobarde.”
Amrod se preguntaría más tarde por qué no pudo haber prevenido la separación. Quizás había estado tan pendiente de los bebés que había ignorado todas las alarmas en su interior que imploraban por la acción. Probablemente había confundido esas señales con las ganas de salir a buscar pelea por donde fuera. En el momento, sólo deseaba que su hijo estuviera a salvo. No le importó la pelea con los humanos, sólo tenían que llegar a un punto donde no los atacaran. Los lobos ayudaron a protegerlos - en especial al más pequeño - y al escuchar sus rugidos, Amrod se prometió que sería un mejor líder para ellos. Lo habían elegido por una razón, tenía que ser digno de ello.
Las explosiones eran difíciles de evadir, pero no tanto como las balas o aquella máquinas enormes que hacían crujir el suelo. A pesar de la distancia sintió una presencia única, una persona a la que conocía bien. Hestia, la bruja que lo salvó cuando no era más que un cachorro, lanzaba hechizos a diestra y siniestra en un intento por derribar las máquinas de los humanos. Cuando llegó a su lado, ella lo cuestionó con la mirada. No habían hablado desde el nacimiento de los bebés y considerando lo dedicado que solía ser a ella, debía estar preguntándose qué lo mantuvo lejos de casa. “Necesito encontrar al resto.” dijo el lobo, puesto que los niños habían dicho que Mako no estaba con ellos y eso le preocupaba, y ella asintió. No necesitaba los detalles por ahora, cuando todo se calmara Amrod se lo contaría, si bien podía asumir una o dos cosas por el bebé que seguía llorando. “Puedo llevarlo a un sitio seguro. Tú sabes dónde está.” Hestia tomó al niño en brazos, y desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Menos mal que le había enseñado al lobo la forma de llegar al refugio, de otra forma sería difícil volver a encontrarse, y no estaba segura de poder volver a criar otro lobo. Amrod resopló cuando ella se marchó. Era de las pocas brujas que conocía capaces de viajar de esa manera; desapareciendo y apareciendo.
Intentar regresar sobre sus pasos y reunir al grupo debía ser sencillo, en teoría. La realidad es que estaban tan presentes en la pelea contra los invasores, que no se percataron que el peso de las máquinas ganaba, abriendo una brecha enorme en el suelo. El olor del aliento de las bestias, la pólvora, los sonidos que detonaban y dejaban un silbido en sus oídos, Amrod apenas alcanzó a empujar a los chicos que tenía cerca, justo antes de que la tierra se abriera. Logró hacerlo porque sintió el temblor en la tierra, más grave que todo lo demás. Su cabeza al horizonte, lo que sería la casa de Mako cada vez más distante, no podrían volver allá. Las piedras que lo sostenían cedieron, y habría caído al vacío de no ser por unas manos que lo salvaron en el último segundo. “Debemos dejar de encontrarnos así.” La voz femenina procedía de una metamorfa que creyó que estaba desaparecida. Ella lo ayudó a subir, y lucharon juntos hasta que se quedaron sin aliento; eran un buen par en la lucha. Sin embargo, cuando planeaban marcharse - pues el calor de la pelea había disminuido- Amrod sintió que ella lo empujaba con una fuerza descomunal. Después, un chillido que le heló la sangre. Según logró entender antes de que sus sospechas se confirmaran, ella había recibido la flecha que habría acabado con su vida. Una vez más, era rescatado por otra persona. ¿Realmente merecía tantas oportunidades? Amrod se transformó, logrando ver el rostro de Atanea en sus últimos momentos. Inclinó la cabeza hacia ella, observando la luz apagarse en su mirada. La manada entera aulló entonces, lamentando la partida de una buena amiga.
La guerra no perdonaba a nadie.
Apenas fue capaz de entender unas palabras del mestizo, pero lo que pudo entender le hizo estremecer. Sin pensarlo mucho lo sujetó con fuerza para levantarlo, cosa que no le costó demasiado, la criatura en brazos de Caelan lloraba sin parar, Nikolai jamás había tratado con niños pequeños y menos con lobos, obvio que eso no le impediría cuidar tanto de éste como del otro mestizo en sus brazos. “Respira, respira.” Le pidió dando unos cuantos pasos de espalda, en dirección a su hogar donde podrían estar a salvo. Golpeándose contra el cuerpo de su hermano alzó las cejas de inmediato, su cerebro trabajando a toda velocidad. “Caelan, hey, necesito que escuches con cuidado.” Se dirigió al muchacho en sus brazos, aunque sus ojos seguían puestos en su hermano mayor. “Debes calmarte, por tu... herman---a.” Suponía esa era la hembra, pero no apostaba su vida. “Ahora, mi hermano... Caelan, préstame atención. Bastián cuidó de unos cachorros hace un tiempo, él sabe qué hacer con ella ¿sí? Entremos, él te va a ayudar.” No le importaba si éste se molestaba por detenerlo en su misión suicida en busca de Slyver, sabía que el híbrido podía cuidarse. Niko no espero respuesta de ninguno de los dos, simplemente cargó a Caelan y sujetó a su hermano del brazo arrastrándolo con él, quisiera o no.
Mariko despertó adolorido. No tanto como hacía unas ¿horas? sabía bien había transcurrido un tiempo considerable ya que donde antes sentía dolores insoportables ahora sólo yacía un recuerdo vago y un cosquilleo, lo que quería decir que cualquier tipo de sedante usado en su persona hubo abandonado su organismo y sus células comenzaron a trabajar rápido, como siempre. Miró a su alrededor, pero la oscuridad era alarmante, la humedad también, supuso que estaba en una cueva o algo por el estilo, al menos no yacía en agua. —¿Puedes dejar de analizar todo y quedarte quieto?— La voz en su cabeza le hizo alzarse, claro que sólo logró golpearse debido al poco espacio con el que contaban. Entonces recordó que... ¿Slyver? Sí, Slyver había aparecido de la nada y le salvó de ser el nuevo experimento de aquellos bastardos. —Al parecer no dejaras de hacerlo.— No se oía irritado, pero quizás era porque Mako realmente no se tomó la molestia en buscarle un tono a las palabras en su cabeza. “¿Dónde...?” La mano del híbrido le cubrió la boca antes de que siquiera pudiera comenzar. El silencio fue irrumpido por fuertes pisadas sobre sus cabezas, un estruendo y luego lo que parecía un saco de algo caer al suelo. Claro, suponía que no era un saco de algo, sino un cuerpo. —Estamos bastante lejos de todo el caos, pero aún hay unos cuantos sondeando las zonas cercanas. Llevamos unas cuantas horas, quizás cinco o seis horas. Pretendía arrastrar tu trasero lastimado hasta el hogar de Nikolai, pero escuché ruidos así que aquí estamos. Me gustaría que no hablaras ya que quiero volver con Daorys.— Asintió lentamente, la mano del híbrido abandonó su boca con cuidado. “Bien.” Pensó, sabiendo que este leería su mente.
Se quedaron en silencio un largo rato, hasta que ya no se escuchó nada. Hasta que sólo pudieron sentir las vibraciones de cada detonación lejana. “¿Qué tan lejos estamos...?” Comenzó pero Slyver le interrumpió cuando quitó la enrome piedra que cubría la entrada de la pequeña cueva donde estaban. Era de noche de nuevo, eso quería decir que al menos habían pasado unas 18 horas desde que todo comenzó, quizás más horas. —Casi un día, sí.— Jamás iba a acostumbrarse a eso, nunca. Fuera de la pequeña caverna su cabeza comenzó a dar vueltas ante la realización de todo. ¿Caelan habría llegado a tiempo con Nikolai? ¿Amrod habría ido con él? Eso esperaba. No creía al Lobo tan estúpido como para seguirle en la batalla. Se llevó ambas manos al rostro, ¡claro que era así de imbécil! Pero no debía perder la esperanza. No podía ponerse a pensar en lo peor. Slyver le tomó del brazo, sacudiéndolo. —Tenemos que movernos, Mako. Amrod no es tan listo pero tampoco tan idiota como para dejarse matar, o a sus hijos. Caelan debe estar bien, también. No quiero sonar horrible, pero si dejas que te nubles vas acabar muerto... como la mitad de tu pueblo.— Quiso responder, golpear al otro, pero estaba en lo cierto, así que sólo apretó los labios, tragándose las palabras y el dolor en el pecho. De nuevo asintió, Slyver le soltó y comenzó a caminar, no, Slyver comenzó a trotar entre los árboles como si aquel lugar lo conociese mejor que la palma de su mano, Mako le siguió tratando de ser lo más silencioso posible.
De nuevo su pueblo había sido diezmado. De pronto quiso ver hacia atrás, ver lo que quedaba de su hogar, pero si lo hacía querría volver e intentar hacer algo al respecto. Ya no podía hacer eso, no podía lanzarse a la batalla sin importar si moría, ahora tenía tres hijos por los cuales preocuparse, los cuales debía atender, los cuales no podía dejar sin padre. Sabía lo que era perder a un padre, no podía permitirse que sus hijos pasasen por ese sufrimiento. Conteniendo las lágrimas apuró el paso, ambos corriendo de la devastación, de la destrucción humana.
ficcionalis
“Lo es y espero que la tomes en cuenta.” Dom estaría encantado de recibirlo nuevamente en el palacio, quizás entonces pudieran hacer más cosas, pues la competencia no dejaba un amplio rango de actividades o excursiones a las que pudiera someter al muchacho. “Ah, bueno, supongo que cualquier mentira bastará para que te permitan venir.” Rió levemente, no estaba tan seguro de ser una buena persona, así como tampoco tenía la certeza de ser una mala persona. Situaciones complicadas. Después de lo que pareció una eternidad, Dom se alzó para dedicarle una pequeña sonrisa al muchacho, y luego se recostó a su lado en la cama, observando un punto cualquiera del techo. Su corazón aún hacía ecos de lo que los labios ajenos provocaban y era incapaz de recordar un beso que lo hubiese hecho sentir así. “Lo siento si fui demasiado atrevido.” Comenzó, aunque en realidad no se arrepentía de haberlo hecho. “Supongo que lo más sensato y maduro sería conocernos a fondo primero, todo eso.” Reflexionó en voz alta, pero, ¿A quién engañaba? Todo lo que deseaba era abrazarlo y llenarlo de besos, podía culpar a su juventud o a la facilidad con la que su corazón saltaba al mirarlo; fuera lo que fuere, se había saltado un paso crucial en la relación con Vlad y no podía volver atrás sin salir herido.
Se quedó en silencio, pensativo, analizando lo que acababa de suceder. Si bien él mismo había comenzado todo el asunto, no esperó recibir respuesta o avance positivo por parte del otro príncipe. Parpadeó, sus ojos fijos en el hermoso detalle del techo, al parecer eso era lo único que tenía en común con su habitación. ¿A quién se le ocurría hacer cosas en los techos? Aún no comprendía, le distraía. Arrugó la nariz un segundo cuando la línea de pensamientos tomó un nuevo rumbo. Giró su cuerpo para poder ver al castaño, sonriéndole cuando por fin le prestó atención, la atención que debería de estar recibiendo. Ladeando un tanto su rostro Vlad frunció un poco sus labios y de igual forma sus cejas, pero sólo un poco, haciendo que sus acciones se viesen bastante infantiles. “Tenemos 16 años, realmente no creo que sea totalmente real que actuemos como los adultos que no somos.” Un comentario bastante fuera de lugar viniendo de él, que quería dar la impresión de una persona responsable, pero algunas veces realmente dejar de pensar en el ‘qué pasaría sí...’ le quitaba cierto peso de encima. “Somos dos... chicos siendo chicos, ¿no?” Continuó estirando uno de sus brazos para tomar el frente de la camisa ajena, acercándolo de nuevo a él. “Podemos conocernos, y actuar muy maduros, pero también... dejar que todo fluya.” Sí... llevaban menos de una hora de conocerse, quizás deberías calmarte un poco, Vladimir.
9.02 Devil May Care
Froy Gutierrez by Edword Garcia
Humans start out at birth with milk white blood. The more crimes they commit, the darker their blood becomes. One day, you meet your soulmate. Skip a few years, and things are amazing… Until your soulmate trips, falls, and exposes black blood…
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7.01 Meet the New Boss
Harry: *staring at louis*
Liam: wouldn't it be easier for you to just write "I'm desperate" on your forehead?
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