Reaction drabble nº 1: Kartie + Tartie
Kitty Wilde es una mujer de armas tomar si las hay, y si bien es cierto que le gusta ser cortejada como a la que más, hay momentos en los que uno tiene que llevarse la vida por delante para conseguir lo que quiere, y ella nunca ha tenido miedo de ensuciarse las manos, ni siquiera con sangre.
No es que lo necesite para sentirse validada, ni mucho menos, pero, ¿acaso una mujer no puede desear casarse porque sí, porque es agradable y es práctico y el día de mañana les solucionará la vida? Marley le dijo que tenía derecho a cualquier cosa que pensara que podía hacerla feliz, y bueno, no es que Marley Rose sea su fuente de sensatez en esta vida, pero es una de las pocas personas a las que Kitty realmente escucha.
Es el trigésimo cumpleaños de Artie y llevan siete fucking años desde su última ruptura y, sinceramente, Kitty no sabe que está esperando él, así que lo único que puede hacer es tomar el toro por las astas y arrastrar de compras por las joyerías a Unique, porque es la que mejor gusto tiene, y a Marley para evitar que se arranquen los pelos mutuamente.
No prepara una gran declaración, porque a fin de cuentas tampoco quiere que él piense que ella se desvive por él- aunque sea cierto- y sólo espera a que él haya terminado de limpiarse las comisuras de la boca después del postre para empujar la cajita de terciopelo negro hacia él por encima de la mesa. Artie la mira sin emitir un solo sonido, como si no entendiera, y Kitty no se detiene a procesar su reacción antes de soltarle la frase acompañada de su sonrisa más seductora.
- Arthur Abrams, ¿te casarías conmigo?
Él abre la boca y la cierra, y se lleva una mano al pecho, y vuelve a abrir la boca y la vuelve a cerrar, y a Kitty le toma un par de instantes darse cuenta de que lo que sucede no es que la emoción no lo está dejando hablar, sino que está buscando el mejor modo de decirle algo que ella no quiere oír.
- Kitty, no puedo casarme contigo.
La primer reacción instantánea que tiene es el recuerdo tan fuerte como si fuera vívido de Unique chasqueando la lengua y diciéndole que no valía el esfuerzo volver con él, allá por su último año, mientras Ryder asentía fervorosamente a sus espaldas. Se queda tan descolocada que ni siquiera tiene rabia para sentir dentro de su interior, no estaba preparada para esa respuesta en lo absoluto y no hay combustible de donde poder abastecerse para hacer una pataleta monumental o por lo menos hacer volar por los aires la mesa diminuta en la que están cenando.
- No entiendo.- Y sabe que debe verse estúpida, y si no viviera dentro de su piel, se reiría de sí misma, pero vive dentro de su piel. Desgraciadamente. Artie tiene por lo menos la decencia de parecer avergonzado, y no responde mientras retuerce una servilleta entre las manos sobre su regazo, y eso es lo que finalmente consigue que el monstruo se despierte.- ¿Qué estás queriendo decirme? ¿ Qué jugaste conmigo todos estos años? ¿Qué perdí diez años de mi vida contigo? Y, de todos modos, cuál es tu maldito y perverso juego, por dios. ¿Por qué carajo no puedes casarte conmigo?
- Kitty, creo que es mejor que…
- Si dices que es mejor que me tranquilice, puedo llegar a matarte, y lo digo en serio. Dime algo que no sea pura mierda en este mismo instante, porque juro que no respondo de mi misma.
Él suspira y se frota los ojos con los dedos por debajo de los anteojos mientras comienza a responder.
- Tina y yo hicimos un pacto.
- ¿Tina? ¿Tina Cohen-Chang?
- ¿Y qué mierda me importa lo que carajo sea que le hayas prometido a Miss Saigon?
No la mira de frente al responderle, y Kitty cree que es más debido a la cautela que al respeto, y lo bien que hace.
- Prometimos que, si al cumplir los treinta años no estábamos casados, nos casariamos el uno con el otro.
Kitty se queda boquiabierta por un instante o mil. Con todas las cosas incoherentes y desafortunadas que ha oído en su vida, jamás se hubiera imaginado algo así. Bueno, es muy razonable con el que siempre ha sido el espíritu desquiciado de los New Directions originales, pero está bastante segura de que Artie ha superado todos los record. Su primera reacción instintiva es decirle que aún están a tiempo, que pueden volar a Las Vegas y con un poco de suerte casarse antes de que Tina venga a reclamar el cumplimiento del pacto, pero afortunadamente le queda la dignidad suficiente para no decirlo. Artie sabía perfectamente que el día se acercaba, y, si hubiera querido, podría haber hecho algo para prevenir el desastre. Y no quiso. Contra eso Kitty no puede luchar. No tiene energía para luchar, porque se siente como si le hubieran drenado toda la sangre del cuerpo.
Ni siquiera se le ocurre reírse como si fuera una broma, o sugerir que quizás Artie no deba tomarse tan en serio un acuerdo que hicieron cuando probablemente no eran más que dos niños tontos. Kitty sabe mejor que eso, a esta altura.
Ni siquiera reacciona cuando él le devuelve la cajita forrada en terciopelo, sin siquiera abrirla y deja dos billetes grandes sobre la mesa y se va rodando sin mirar atrás.
Quisiera gritar algo, aunque solo sea para que el resto de los comensales se voltearan a mirarlo con desprecio, quisiera llorar y pedirle que por favor le diga que se trata de una broma, quisiera preguntarle cuál era su plan de acción, si la idea era que un día ella llegara al departamento de él, en el que pasa todos los fines de semana y se encontrara con los cajones vacíos y una nota en el refrigerador rezando Fui a casarme con Tina xoxo. Quisiera preguntarle por qué valora en tan poco su tiempo, su amor, su dedicación, las memorias compartidas y el lazo que ella creyó que habían forjado, pero no es la primera vez que quiere hacerle esas preguntas, y la primera vez que uno se cae, la culpa es de la piedra. La segunda vez es culpa de uno.
Quisiera muchas cosas, pero no tiene sentido y realmente no le quedan fuerzas para pelear, apenas le quedan fuerzas para disimular las lágrimas lo más posible y tomar su celular con manos temblorosas y discar el marcado rápido.
- ¿Marley? Necesito que vengas a buscarme.