No sé si en otros oficios los maestros son tan necesarios, tan fundamentales como en el periodismo. Los periodistas nos pasamos la vida buscando a un Yoda. Con suerte, uno de esos viejos que solían estar en las redacciones te marcaba los errores de ortografía y los títulos opacos que no reflejan la noticia. Pero a veces había que buscar a un guía en talleres y seminarios, fuera de la vorágine, donde es más fácil tener suerte.
Gracias a la FNPI —y al diario, que me pagó el sueldo mientras yo pasaba un mes en Cartagena— pude conocer al mítico Miguel Ángel Bastenier, junto a un grupo de periodistas de toda América, todos tan novatos como yo.
Nos demolió. Rompió en pedazos las notas que le mostramos, nos acusó de escribir impostados, de reportear mal, de pensar peor. Queríamos hacer crónicas y nos puso a escribir breves que masacró en voz alta durante una semana entera. Fuimos intimados a salir a la calle y volver con historias decentes, o no volver. Todavía guardo las entrevistas que hice a un sicario reconvertido, a un ex combatiente de las Autodefensas, a un guardaespaldas. Teníamos que escribir de noche para llegar a los deadlines enloquecidos que imponía. ¡Si estuvimos en el puto Caribe un mes y fuimos la playa sólo tres veces!
Años después necesité una carta de recomendación para postular a una beca y se la pedí a él. Con un párrafo está bien, le dije. Me la envió al día siguiente: había escrito una carilla entera con ese manejo soberbio del castellano que era su firma y su orgullo. No voy a reproducir las mentiras que escribió sobre mí porque me da vergüenza, pero si alguna vez me gana el pesimismo, me alcanza con leer ese papel y creer que todo lo que dice es cierto.
Hicimos el taller de Baste en 2010. Pasaron muchas cosas después, me fui del diario. Algunas veces me digo que hice bien en alejarme de las redacciones, pero no hoy. Hoy me gustaría estar en una redacción para pedir un espacio y escribir sobre Bastenier.
Somos un montón los periodistas que vamos a brindar en tu honor esta noche, viejo, en España y en América Latina. Que marche otro Cuba libre en la terraza. Nos mejoraste, nos dejaste recuerdos y amigos en todas partes. Sabías que estábamos agradecidos, te lo dijimos muchas veces. Pero no sabés que tus alumnos del 2010 tenemos un grupo en Messenger donde cada tanto contamos cómo siguen nuestras vidas. Se llama “Bastenier Fans Club”.
Con cariño y admiración,
Juan D'Alessandro González
(Firmo con mi nombre completo para que no digas: “¡Si tú eres mitad español, hazte cargo, joder!”)