Era guapa, joder, claro que era guapa, guapa de cojones. O más bien preciosa, mirarla era uno de esos pequeños placeres de la vida que mejor sientan. Por no hablar de esos labios, que regalan besos primerizos y apasionados siempre que antes se hubieran ganado su corazón. Y les puedo asegurar que cualquiera lucharía por un beso suyo. Y bebía, hasta ver las estrellas. Y fumaba, para legar con su humo hasta ellas. Y lloraba, hasta sentir que las penas se iban. Pero solo si a ella le apetecía.
Ella es esa chica que te rompe el corazón y te desgarra el alma, con solo verla sonreír por otro motivo que no seas tu.
Ella era ella misma, y joder, que suerte tiene aquel hombre que no se llegue a enamorar de aquella chica...











