F a n t a s m a g o r i a
Al abrir el casillero, el colorido papel cayó al suelo como una hoja en otoño, lentamente hasta tocar la punta de su zapato. Sin más remedio y por obvia curiosidad, Furihata se inclinó hasta recuperarlo y leer su contenido en voz baja hasta enterarse que se trataba de una prueba de valor, lo cuál hizo que su entrecejo se frunciera por unos segundos.
Concluyó que parecía interesante pero al mismo tiempo su desconfianza lo hacía dudar. Quizás se trataba de una broma y, en caso de aceptar, terminaría caminando por el cementerio hasta caer gracias a un futuro paro cardíaco, y además le tomarían fotos y se burlarían de él y... Nah, eso sería demasiado cruel ¿verdad?, y no existen personas tan crueles, ¿VERDAD?... ¿O sí? No. No, no, no. Furihata tenía que dejar su imaginación a un lado (después de todo dicen que el mundo real es más pequeño que el de la imaginación... o algo por el estilo) y pensar con claridad, inclusive decía que una de las reglas era asistir acompañado así que no había nada por qué temer. La invitación se veía legítima y hasta se leía un número de teléfono.
Diez minutos después de pensarlo, el novato de Seirin se vio a sí mismo enviando el mensaje de texto a dicho número y otros minutos más tarde, recibiendo el nombre de quién sería su futuro-no-tan-futuro acompañante. —¿Mibuchi Reo? Mibuchi Reo... —Repitió en susurros, caminando a paso lento leyendo ese nombre una y otra vez, ¿quién rayos era Mibuchi Reo?, ni idea, pero algo le decía que había escuchado ese nombre en algún la—— ¡Mibuchi Reo! —Y se acordó... No pudo evitarlo y exclamó en voz alta abriendo los ojos ampliamente. ¿Cómo lo había olvidado? Si se trataba de un jugador de Rakuzan, y miembro de los llamados Reyes sin corona. Esos tipos eran increíbles y, aún desde el banco, había sentido su juego en la final contra Seirin, lo que lo hizo preguntarse si estaba bien asistir a esa prueba de valor, o si Reo aceptaría, porque él no era más que un chico común. Bueno, no tenía por qué juzgarlo, la verdad era que no lo conocía afuera de una cancha y no podía decir con precisión más nada sobre él más que lo hizo cuando observó su manera de jugar. Así que, ¿por qué no?, de esa manera les demostraría a todos que no era un cobarde, incluyendo a la chica que lo rechazó. Definitivamente, si obtenía la victoria, ese triunfo sería dedicado a ella.
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Faltaban ocho minutos para que el reloj diera las doce y Kouki ya se encontraba llegando al lugar de encuentro, la entrada del cementerio, con las manos en los bolsillos y una extensa bufanda cubriendo su cuello y algo de su boca. La noche era helada pero afortunadamente el cielo se adornaba no sólo con las estrellas sino que con una luna nívea más grande de lo normal que parecía perseguirlo. Halloween en Japón se festeja hasta altas horas de la madrugada así que no hubo problema en el transcurso hasta dicho lugar, la gente se paseaba vistiendo sus ingeniosos disfraces todo el tiempo y ésto, irónicamente, lo tranquilizaba (Estar rodeado de personas siempre es mejor que caminar por una calle desierta y silenciosa en Halloween y no importaba si esas personas hacían que se sobresaltara cada cinco segundos porque llevaban cosplay de lo que sea... Agh. ¿Por qué tenía que ser tan asustadizo?). Sin embargo, cuando llegó al cementerio, sintió un escalofrío viajar por toda su espina dorsal, lo que hizo que cerrara los ojos por unos escasos segundos. Era tan estremecedor ese sitio que Furi se disputó mentalmente si debía salir corriendo antes de encontrarse con su compañía o quedarse a esperar y tratar de calmar sus nervios.










