Los símbolos social la mayoría de la veces no se comprenden. No hablo del significado que portan, al contrario, eso es muchas veces aparentemente claro. La dificultad de aprehender sobre ellos recae sobre cómo llegaron a ser. Nuestras prácticas sociales son el sedimento de un proceso que excede a cualquier generación particular. Aunque nos intentemos de burlar de las costumbres sociales, emulándolas para lograr nuestros propios fines, terminan por consumirnos: al mismo tiempo que nos dan dirección también permiten que nos perdamos, proveen el centro que al mismo tiempo nos descentra. Esta película indaga magistralmente precisamente en esa búsqueda de liberación social que al mismo tiempo nos induce que sumergirnos en ellas. El director de Fatih Akin, de origen alemán-turco, nos permite ver esa Alemania no discutida que se expresa a través de personajes turcos, habitantes en una zona fronteriza beneficiados, apenas, por un país desarrollado que los mantiene al margen.













