Experiencia budista en lo más alto de Seúl
Una de las cosas que más deseo tenía en hacer durante mis estancia en corea era la de Templestay. Es un programa desarrollado por los templos budistas en Corea. En donde te quedas una noche y dos días a vivir la experiencia de los monjes. El costo es de un poco más de trescientos pesos dependiendo del templo. El fin del programa es fomentar la cultura budista y ayudar a cubrir gastos de vida para los monjes.
El templo que escogí se llama Geumsunsa. Está ubicado en la montaña Bukhansan, la cual se encuentra al norte de la ciudad y permite admirar la misma. Fue un muy buen lugar para despedirme de Corea, desde lo alto de la montaña alejado de la metrópolis y cerca de su cultura. También me ayudó a despejar mi cabeza, ya que estaba llena de miles cosas como: la despedida de mis amigos, amores correspondidos, no correspondidos, truncos, el viaje a Japón y más importante mi pronta partida. La idea era relajarme, encontrar paz y reflexión en mi regreso.
Por la mañana del sábado quede de verme con una amiga coreana para comer el lunch, tomar un café y conocernos. Ella estaba en uno de mis grupos de la carrera, Ingeniera enzimática, durante el curso no cruzamos muchas palabras. Fue hasta el final que pudimos estar en contacto. El desayuno fue en un lugar que frecuenté mucho durante mi estancia. Era una mezcla de comida japonesa con coreana. Terminamos la plática con la promesa de encontrarnos en México, al parecer en un año vendrá y serviré de guía.
Después del desayuno tomé el metro seguido de un autobús. En el autobús casi me quedo dormido y pierdo la parada. Baje en el Ajusco de corea, en donde aún hay ciudad pero en la montaña. Subí alrededor de tres kilómetros para llegar al templo. Al principio no se me hacían mucho, pero de subida costaron. Después de veinte minutos caminando encontré el templo dentro de la montaña acompañado del verde continuo de los árboles.
Ya en el templo me presente con la persona encargada. Me dio mi uniforme y las zapatillas que usaría a lo largo del curso. Me mostro la habitación en donde nos quedaríamos, yo y un chavo de Singapur, y nos dio instrucciones de lo que haríamos en el día. Solo éramos dos hombres dentro del programa, alrededor de quince coreanas y siete u ocho extranjeros incluyéndome a mí y al de Singapur.
Lo primero que hicimos en el día fue que nos presentaran el programa, nos metieron a uno de los templos y nos dijeron que era lo que haríamos, como hacer la reverencia a buda y mostrar respeto a los otros. Dentro de sus enseñanzas nos comentaron que buda no es un dios, o no al menos como lo solemos ver en otras religiones. Él es un maestro. Uno que ha llegado a la sabiduría máxima de cómo encontrar la felicidad. Uno que encontró como ser iluminado e iluminar. Es por eso que nosotros estábamos ahí como estudiantes, y el respeto que se le muestra es el mismo que se le da a un profesor. Por lo mismo el buscar a buda es buscar la felicidad y la paz. Y no interfiere con las creencias que tengamos.
Posterior a la introducción nos mostraron las instalaciones del templo. En la entrada se encontraba una construcción elevada de cuatro postes en donde al interior se encontraba una gran campana, con cuatro elementos representativos del budismo en corea, los cuales puse mucha atención y no recuerdo sus nombres, solo sé que uno era un dragón pez. Seguida la construcción había otro pequeño edificio que tenía cuartos superiores que es donde se quedan algunos monjes y en donde nos asignaron cuarto. Enfrente de este se encontraba en medio de una amplia área un edificio central con un gran cuarto en la parte inferior y en la parte superior uno de los recintos en donde se hacen oraciones a buda. Después de esto pasas un pequeño riachuelo y se encuentran un cuarto para hacer oraciones a tres dioses. Nos explicaban que en el budismo no hay dioses, pero, los que había eran de otras religiones que se quedaban como remanentes de religiones ejercidas anteriormente, en una especie de fusión de creencias. Seguido se encontraba otro temple pequeño que tenía en frente una gran área verde bordeado por el techo de la construcción de abajo y con vista perfecta hacia la ciudad.
Acabando la visita nos dirigimos a unos de los cuartos grandes en donde pintamos unos abanicos con flores de loto. Mi bosquejo de como pintarlo había quedad interesante. Sin embargo, al momento de ponerle pintura lo arruine, aparte de que nos dieron muy poco tiempo para acabarlo. Terminando nos pidieron que descansáramos un poco y nos preparábamos para uno de los eventos principales de la experiencia, las 108 postraciones.
Nos dirigimos al recinto más grande para hacer las postraciones, nos indicaron que cada vez que nos sentábamos en el templo teníamos que seguir una especie de secuencia de movimientos con el cual dábamos y mostrábamos respeto a el maestro, Buda. Las secuencias consistían en juntar las palmas de las manos, ponerse en cuclillas, colocar las manos frente a nosotros en el tapete que nos dieron, colocar la frente entre las manos sobre el tapete, voltear la palma de las manos hacia el cielo, levantar los brazos, regresar las manos a su posición original, levantar la cabeza, pararse de la posición en cuclillas, sin poner las manos en el piso, y colocar las manos juntas hasta estar completamente de pie. Repetir lo mismo tres veces y al final quedarse sentados en posición de cuclillas para escuchar a los monjes.
Las 108 postraciones es una práctica en donde haces reverencias con el fin de unir el cuerpo y la mente en uno solo. Una explicación es que cuando uno duerme pierde la conciencia del medio físico, soñamos. Cuando despertamos a veces nuestra mente no está completamente en nuestro cuerpo. La dejamos en el medio inconsciente. Así que también es una manera de alcanzar el equilibrio, el Nirvana. El número de ciento ocho está muy arraigado en los orígenes budistas que remontan hacia la india y el hinduismo. La explicación que me dieron es que existen seis sentidos, los clásicos que conocemos más la mente. Existen tres tiempos, presente, pasado y futuro. Y existen tres estados del gusto: positivo, negativo e indiferente. Seis por tres nos da treinta y seis, por los tres estados de gusto nos dan 108. Por lo que cada reverencia o postración son para cada uno de estos estados.
Antes de iniciar las reverencias entraron los monjes al recinto, todos saludamos con una reverencia. Una de las monjes empezó a dar la plática del día. Hablo en coreano pero el encargado de la práctica paro los extranjeros nos traducía. Nos explicó cómo es que la gente comienza a vivir en las preocupaciones de los que nos deparara el futuro y como es que nos llegamos a preocupar demasiado por lo que no hicimos en el pasado. Termino su plática con una de mis frases favoritas la cual fue tomada de una película de cine de arte: “Rendirse no rendirse, fideos no fideos, estás preocupado por lo que fue y lo que va a ser, hay un dicho: el ayer es historia el mañana es un misterio, pero el hoy es un obsequio por eso se llama presente” Kung fu panda.
Terminando la lección de vida, comenzamos con las reverencias. Pusieron un disco de música apta para rezar. Las de Joan Sebastián, no eran. Eran cantos en coreano. Los cuales no sé qué decían. Nosotros seguíamos a la monje. Tengo que decir que después de mi examen de cinta negra con diez kilómetros, 200 abdominales, 180 sentadillas, 120 lagartijas, dos minutos a caballo, dos en lagartija con nudillos y la media maratón, llegue a pensar que sería muy fácil. Sin embargo, no lo fue. Repetir la secuencia de movimientos que les comente previamente 108 veces no fue sencillo, hasta pusieron una toalla en donde ponía mi frente debido a que estaba sudando. Los monjes lo hacen todos los días. Cuando terminas de hacerlas dejas o tienes el sentimiento de que dejaste toda la basura que traías en la cabeza.
Terminada las postraciones, y un descanso, continuamos con la meditación, sería lo último por hacer en el día. Nos dirigimos a donde se encontraba el área verde grande y nos sentamos en los escalones, en el templo, que daban hacia el pasto, la montaña, la ciudad y el monje que nos ensañaría a meditar. Era una persona muy simpática, nos sentíamos en plena confianza. La tranquilidad que emanan los monjes es impresionante y contagiosa. Nos sentamos cómodamente. No hay gran truco para la meditación como estábamos esperando. Las instrucciones fue cerrar los ojos y comenzar a meditar en cuanto sonara la campana que llevaba en las manos. Una vez escuchado el sonido comenzaríamos a concentrarnos en nuestra respiración. Concentrarse en como entra el aire a nuestro cuerpo y en el cómo sale del cuerpo. Tan sencillo como eso. No obstante, es impresionantemente complicado, a los segundos o minutos de la práctica, las preocupaciones del pasado o futuro comienzan a saltar en tus pensamientos. A veces también sale la rubia tonta que llevamos en nosotros: “De tantas postraciones que hacen los monjes han de tener unas nachotas y unas piernotas”. Nos explicó el monje que no evitáramos que los pensamientos ajenos llegaran a nuestra cabeza, que los aceptáramos pero tratáramos de regresar los más rápidamente posible a concentrarnos en la respiración. Duramos al parecer poco más de diez minutos en esa posición. El sentimiento que genera es similar al de las postraciones. Te sientes en paz y relajado. El día termino en a las 8:30 de la noche. A esa hora nos dieron bombones cubiertos con galleta y chocolate, y nos mandaron a dormir.
Al día siguiente nos despertaron con la campana a las cuatro y media de la mañana. Hicimos algunas reverencias dentro del templo, hicieron algunos cantos y nos dejaron ir. Posterior a esto nos dirigimos a tomar el desayuno, no era un alimento típico. Cómo algunos saben los monjes no comen carne o ciertos productos animales. Por lo que el desayuno consistió en kimchi, Tofu, arroz, papas y vegetales. Nos dan un paquete con cuatro platos hondos un más chico que el anterior por lo que todos están juntos cuando te los entregan, colocas un mantel y pones el más grande en la esquina superior derecha, el que sigue a la izquierda, el que sigue en frente y el último en la esquina inferior derecha. Primero te sirven agua, que es donde remojaras tus utensilios, después van pasando de un recipiente los platillos secundarios, que van junto al plato con agua, después te dan el arroz, y por último la sopa. Puedes tomar la cantidad que te plazca. Nos dijeron que como ahora los monjes van a alas ciudades tienen más actividad que antes. Por lo que añadieron a su dieta productos lácteos como el queso. Una vez que terminas tienes que acabar hasta con el último gramo de arroz. Tomas un rábano con los palillos y limpias todos los remanentes en los plato, después, te lo comes. Esto con el fin de no desperdiciar nada. Posteriormente viertes el agua del recipiente en todos los platos y los limpias. Está agua va a ser dada al dios de la avaricia o gula, el cual es muy grande y gordo pero con una garganta muy pequeña. Por lo que el más mínimo residuo de comida puede tapar su garganta. Por eso hay que acabarse todo. La historia detrás de esta manera de comer radica en la forma de vida de los monjes. En este sistema no hay clases sociales, todos comen lo mismo. Antiguamente la única manera de conseguir comida era tomar un plato comunal y pedir comida al pueblo. Todo lo que consiguieran se repartía en el templo por partes iguales. Ellos tenían que tomar hasta el más mínimo nutriente que les daban, por lo que tenían que comerse todo. A veces no era mucho. Seguido a esto fue hora de la limpieza, limpiar las áreas comunes y los cuartos, a mí me toco limpiar el templo junto a una coreana. Lo poco que hablamos fue chistoso. Le pregunte en coreano si hablaba inglés. Me contesto que solo un poco. Después de cinco minutos se dio cuenta que le había preguntado en coreano, volteo y me dijo –heey! Espera, tú hablas coreano?
Con la panza llena, y todo limpio, descansamos por la mañana y recorrimos la montaña un kilómetro hacia arriba. La subida era un poco peligrosa, la monje era muy buena para subir. Ayude a la mayoría de las coreanas que encontraron problemas en algunos puntos. Al final llegamos a un punto en donde nos encontrábamos rodeados de la naturaleza, arboles por todos lados, cantos de aves y aun así, podíamos observar la ciudad. El fin era relajarnos y acostarnos. Algunos nos quedamos dormidos algunos minutos. Regresamos al templo y nos preparamos para tomar el té.
El té es una de las prácticas que les da un gran gusto a los monjes hacer. Tomar el té mientras nos platicaban de su vida. Cómo se convirtieron en monjes, el significado de las postraciones, cómo es su vida, la filosofía y el origen del budismo. Sus respuestas me ayudaron a escribir este blog. El cómo llego a ser monje es interesante, fue empujado a buscar ayuda gracias a la presión coreana por el estudio. Él sentía una presión enorme por complacer sus metas y la de sus padres. La loza que se había creado era enorme y pensó algún día que iba explotar. No importaba las metas que alcanzara siempre existía inconformidad en su vida. Por lo que encontró el camino de buda, y sin embargo al principio no lo libero del todo. Por qué tenía objetivos claros, llegar a ser un monje ideal, él tenía alguien específico en la cabeza. Hasta que se dio cuenta que estaba haciendo lo mismo que antes. Al final tiro sus preocupaciones y se dedicó a vivir su vida como monje. Ser monje no es un destino, como muchas cosas, es un camino. Que te lleva a vivir de manera equilibrada. Nos comentó que el si quiere puede dejarlo y hacer un vida en la ciudad. Tener una esposa e hijos. Nada los ata como monjes, es su decisión.
Al final nos preparamos para irnos y nos dieron algunos obsequios. Nos quedamos algunos a comer el lunch en el templo el cual consistió en una sopa con fideos. Muy rico. Nos fuimos juntos algunos de los extranjeros y yo. Dentro de las personas que conocí eran dos de Singapur, una chica linda y el otro hombre. Y dos chicas de Canadá una de orígenes asiáticos y la otra con parecido a Amy Adams. Con la última es con la que pase más tiempo, su perro se llamaba Oreo. Todos ellos me hubiese gustado conocerlos más. Sin embargo, mi tiempo se me había acabado. Cada segundo contaba aún más; me quedaban tres días de vivir el sueño.








