Caminar en pluma, despreocupación como ingrediente constante en mezcla de emociones, personalidad que se mantiene en descaros; se escapa de manía y neurosis. Atraviesa el sendero de la tranquilidad, hasta que es colisión con estatura menor la que detiene desplazamiento. Disculpa atrapada entre cuerdas vocales, obligado carraspeo que ahoga ante sorpresa carcajada circundante, entonces, descaro figura y avizora nueva presa de hastío circundante. “Esto pasa cuando las niñas empiezan a meterse en fiestas y roban marihuana,” esconde responsabilidades, escoge direccionar cada uno de los hilos del accionar en posición impropia. “se quedan enanas.” encogimiento de hombros, suspiro cansino y hasta desdichado, es mera simulación de una intranquilidad que no lo acecha, ni mucho menos presenta cercanía a propio pensar. “igual me gustaron siempre más bajas.” y la doble intención se vislumbra, ceja que abandona posición de relajo, se eleva en jocosidad.