Metáfora
Pintar una isla con su cielo, no es algo que no pueda hacer un niño. Y si uno le pidiera a cualquiera que dibuje una isla, hará una porción de tierra rodeada horizontalmente de aguas, como si la viéramos desde un barco, y la mayoría agregará una palmera solitaria de tres o cuatro hojas clavada como una sombrilla. Pero este hombre no es mayoría, ni mucho menos un niño. Tampoco es un gran pintor, pero pintar es su oficio. Y si se le ocurre crear una isla con su cielo, no necesita razones ni esperanzas.
Por empezar, la isla “no funciona” desde lejos, y el hombre decidió situarse en su corazón para pintarla. Por eso la porción de tierra es menor y marginal, apenas una orilla, mientras que las aguas sombrías resultan amenazantes bajo el cielo infinito y tormentoso. ¿Quién podría ser capaz de huir? Ni siquiera hay una embarcación a la vista, y si quisiera construir una debería al menos tener con qué, y los árboles o lo que pudiera encontrar quedaron detrás de él, en la profundidad ignorada. Y es así que las cuentas sin pagar se fueron acumulando en el piso de la entrada junto con las cartas del extranjero, y hasta con la esquela de algún amigo que vino de visita y se asombró al ver que nadie respondía al timbre ni a los golpes de la puerta.
Seguro, cuando se harten de su ausencia, llamarán a los bomberos, romperán la puerta y encontrarán su cadáver, atacado por animales salvajes a los cuales, por no participar de una armónica composición, el pintor había dado su espalda.
© Gustavo Charif 2025.
IMAGEN: Portada de L'Œil de la police, número 50, año 1908.












