“¡Oh, vamos!” animó sin borrar aquella mueca burlona de sus labios. “Prometiste que me acompañarías. No puedes dejarme solo ahora que estamos tan cerca.” reclamó a su acompañante. ¿Cómo se las había arreglado para convencer a su compañerx de acompañarlo a dar un paseo en la mitad de la noche? Ni siquiera el lo sabía; pero ahí estaban. Plenas horas de la madrugada, y estaban a punto de irrumpir en el parque por una de las puertas de servicio.















