Halo Fanfic: Flores y canciones
Introducción
Renan Khaer es un agrónomo de una de las colonias exteriores que se han visto envueltas en la guerra de insurrección y en el conflicto Covenant. Renan escribe una carta a su tía abuela en la Tierra -su único familiar con vida- donde relata los horrores de esos tiempos miserables y le da voz a los millones de humanos que han sido trastocados por la guerra. Esta no es la épica gesta de los combatientes y los héroes de la humanidad sino la de sus víctimas, esos seres cuya historia no se conoce y debe ser contada para honrar sus memorias y hacer valer el altísimo costo de la victoria sobre el Covenant.
Flores y canciones
Tía Luphee:
Hice esta carta para despistar a la ONI, desde que la comunicación civil con la Tierra quedó prohibida, una transmisión o un mensaje a través de cualquiera de los canales y frecuencias conocidos podría ser interceptada por esos ojetes, y para los tiempos que vivimos, creo es preferible morir por plasma que pisar una base de la inteligencia naval o ser capturado y torturado por uno de sus agentes.
Aquí te dejo mis vestigios, lo más cercano que alguien podrá estar a una certeza, el punto más próximo a una verdad múltiple. Te dejo estas palabras, mi lealtad, mi amor, mis esperanzas de que algún día dejaremos esta horrenda versión de la realidad llena de injusticias. Te escribo porque sé que no viviré mucho más y porque eres la única persona en quien puedo depositar los restos de mi alma antes de que sea consumida por la guerra, por la violencia, por la muerte, por el silencio del espacio.
Nunca has visto este planeta pero te juro que un día fue hermoso, mis primeros recuerdos son las hojas de hierba color esmeralda que crecían en las infinitas llanuras, silbaban con el viento y acariciaban tus pies al andar. Vivíamos en un asentamiento agrícola, un complejo de tierras de cultivo con invernaderos y parcelas de aceleración de crecimiento; el clima siempre templado y rodeado de arroyos; recuerdo el olor de la casa, café e incienso; la risa de papá cada que nos contaba malos chistes y las canciones de mamá, que dice tú le enseñaste por cierto. Era un sueño, uno del que nos despertaron muy pronto.
Apenas era un niño -de unos 6 años quizá- cuando les vi por primera vez, esos hombres de uniforme gris que no les interesa nada salvo que paguemos nuestros impuestos conforme los decretos firmados desde la Tierra. No saben quiénes somos, ni cómo vivimos, ni las dificultades que enfrentamos o nuestras carencias; se guían por la ordenanza de una cámara de funcionarios corruptos y saqueadores que jamás han usado sus manos para trabajar o construir o cosechar, y de altos oficiales que dirigen tropas desde lo remoto sin haber incursionado jamás en una batalla. Siempre que recuerdo a mis papás pienso tristemente en la decepción que se llevaron al darse cuenta que los brazos ladinos de la UNSC se extienden hasta estos confines y aún más allá, sabes que dejaron la Tierra en pos de la libertad de la periferia pero no hubo tal y tampoco había retorno.
Vivimos varios años de una incómoda paz, no pertenecer al anillo de abastecimiento principal mantenía nuestro planeta en perfil bajo y las visitas diplomáticas de los hombres grises no eran frecuentes pero resultaban cada vez más tensas. Sabíamos que otras colonias se habían alzado en contra de las políticas de despojo de la UNSC y no iban a permitir que el movimiento se replicase en otros planetas. No éramos considerados una amenaza pero de inmediato la Oficina de Inteligencia Naval nos echó el ojo.
Después de los grises vinieron los rebeldes. Se encargaron de inflamar nuestros deseos de libertad e independencia y pusieron a muchos de su lado con la promesa de reducir la influencia del Mando Único en nuestro mundo. Vimos una oportunidad de dar forma al destino con el que siempre habíamos soñado y no pensamos en el costo ni en las consecuencias, también olvidamos nuestra propia historia, como si hubiese sido escrita con algo que no fuese sangre, nunca ha cambiado y esta vez no sería diferente.
Si bien nos sentíamos identificados con los supuestos principios ideológicos de la insurgencia, nunca lo estuvimos con sus sanguinarios métodos, estos eran más drásticos y destructivos que los de la propia UNSC, los rebeldes no tenían reparo en sacrificar cualquier cosa con tal de chingar al mando, si destruyeron millones de vidas inocentes en Haven, lo harían de nuevo en cualquier momento, en cualquier sistema.
El conflicto iba y venía en nuestro mundo, nunca nos declaramos abiertamente a favor del Frente Rebelde pero tampoco mostramos adhesión al UNSC y esa posición fue la que nos convirtió en botín de guerra; tropas de ambos bandos entraron al planeta bajo cualquier pretexto para hacerse de maquinaria, núcleos de energía, provisiones, armas, herramientas, hasta nuestros vehículos de cosecha y excavación fueron tomados para hacer la guerra. Los que objetaban por estos atropellos a menudo eran reprimidos de formas brutales y varias ciudades y centros agrícolas y mineros fueron saqueados y arrasados junto con sus moradores. No sólo mis padres sino muchos más se vieron sometidos a la innecesaria tragedia, mientras que esos homicidas se cebaban con nuestras cosechas y nuestras herramientas eran convertidas en instrumentos de muerte.
Nuestra propia especie se encargó de construir el peor de los escenarios posibles. Si un día huímos a las estrellas buscando una esperanza para la miserable existencia que llevábamos en nuestro planeta natal, no nos dimos cuenta de que el origen de todos los males viajaba en la misma nave, no sabíamos que ningún mundo podría separarnos de la eterna carga.
El curso de la guerra obligó a los rebeldes a ocultarse en nuestro mundo y tomarlo como bastión, de inmediato se desplegaron las fuerzas del mando en todas sus formas: flotas de naves, métodos más precisos para torturar, obtener información y asesinar -cortesía de los culeros de la ONI-. Cualquiera que no fuera miembro del mando fue considerado sospechoso y de sumo peligro, acusar a alguien de rebelde e insurrecto se volvió el pretexto más común para justificar cualquier tipo de operación o ejecución. La resistencia de los insurgentes fue tan dura en esta colonia que la UNSC jugó su más nueva y letal carta, los Spartan.
Vimos a los Spartan durante la toma de un astillero a las afueras de la capital. El mando llevaba días tratando de reducir las defensas rebeldes, parecían impenetrables y su posición imposible de tomar. Una noche de falsa calma vimos luces caer detrás del astillero y poco tiempo después el complejo fue detonado desde dentro, la armada rebelde fue barrida en veinte minutos por cuatro soldados Spartan. Dicen que son inmortales, dicen que fueron criados para el combate y nada más, dicen que es el siguiente paso evolutivo de nuestra especie ¿acaso la evolución se mide por la capacidad destructiva?
El incidente del astillero le dio la oportunidad a la UNSC de retomar puntos de control en todo el planeta, su moral estaba tan alta que rayó en la locura y todos fuimos vistos como enemigos potenciales, siguieron secuestrándonos, desapareciéndonos y disparándonos a la menor provocación. Las ordenanzas se endurecieron aún más con el fin de retomar el control de las colonias exteriores a toda costa y convirtieron el planeta en un mundo-prisión.
Un buen día la UNSC retiró todas sus tropas y flotas, sin decir nada y con suma urgencia brincaron al desliespacio. Pensamos que la paz se acercaba y que estaríamos tranquilos después de tanto tiempo, pero una vez más todo se puso peor. Supimos lo que pasó en Harvest y no dimos crédito pero luego vimos con horror que nuestros mundos caían sin poder defenderse. Al menos las hostilidades rebeldes cesaron en nuestro sistema pero el mando volvió, esta vez para pedirnos que nos uniéramos activamente a la lucha contra nuestra más grande amenaza. Después de años de despojarnos del fruto de nuestro trabajo ya no sólo querían nuestros recursos, ahora también querían nuestras almas.
¿Cómo hacemos para mostrarnos cordiales contra los que nos atacaron, los que mataron a los nuestros? ¿Después de cada una de las chingaderas que hicieron con nosotros pretenden que aceptemos una alianza de buena gana nada más porque somos humanos? No, no mamen.
¿No es el Covenant otra cara del mismo mal, ese mal que repta como una bestia multiforme que puede tomar cualquier pretexto y ajustarse a las minucias que más le conviene? ¿Cuál es la diferencia entre ser muerto a manos de un marine o de un Spartan, de uno de esos sanguinarios insurgentes o ser atravesado por una espada Covenant o lanzar tu último aliento mientras tu mundo es vitrificado?
Arrogantemente nos vimos como la cúspide de la existencia y del universo, nos contamos infinitas veces la misma mentira y seguiríamos haciéndolo de no ser por el Covenant quienes nos dieron la lección de nuestras vidas, nos mostraron un nivel más allá de crueldad y destrucción. La muerte adquirió otra apariencia y sus atavíos ahora eran púrpuras y azules, un nuevo y engalanado depredador.
Muchos abandonaron las colonias exteriores mas otros permanecimos, los que no teníamos a dónde ir, los que no tenían fuerzas para luchar, los que se quedaron sin ganas de seguir viviendo. Confiamos nuevamente en que nuestro insignificante mundo no tendría ningún valor militar o estratégico para los nuevos enemigos, hasta que una nave del Covenant descendió en las llanuras. Buscaban algo, no entendimos por qué no fuimos exterminados de inmediato hasta que informes que recabamos en un canal encubierto nos dieron la razón: al parecer los alienígenas buscan las reliquias de una mucho muy antigua civilización. Muchos de los mundos que habitamos al parecer fueron creados por esta remota raza y en ellos sepultaron su historia y tecnología. Ahora me pregunto sobre si serán los dioses de nuestras arcaicas religiones, creadores y dadores de vida, los mismos dioses a los que sirve el Covenant y aquellos mismos que consideran a la humanidad una miserable y despreciable especie -estoy de acuerdo con eso último pero nadie quiere morir-.
Ahora sin saber qué creer o qué pensar o qué esperar miramos al cielo buscando a nuestros más antiguas deidades, su misericordia, pero sólo encontramos temor, el miedo constante de que las nubes se desgarren y entre ellas aparezca una flota cargada de ruido y de furia con la intención de convertirnos en cenizas y ecos y desperdicios. Ser un sobreviviente es inútil, estar a salvo es estéril porque uno muere de miedo, de a poco. No van a tardar, nos van a matar aquí, si no, pereceremos por el hambre, por el dolor, por la locura, porque estamos confinados, se ha agotado casi todo el soporte vital y los medios para escapar del sistema son inoperables, nadie vendrá a ayudarnos además. Al final, regaremos nuestras lágrimas por el universo porque extrañaremos por siempre a los que nos fueron arrebatados -si es que vivimos suficiente para llorarles y si acaso queda un mundo en pie-.
Amada tía, guárdame tus más dulces canciones y siembra en tu jardín las flores más fragantes, bajo la luz de agosto, para que cuando esto acabe, cuando digamos adiós a las armas y a las naves, yo pueda escucharles, olerles y mirarles, para que me guíen a ti y a mi primer hogar, para que no me pierda, para tener un faro que me marque el origen, para estar contigo, ver a mis padres, a mis más amados y a todos los que perecieron y los que perecerán y tener una oportunidad de vislumbrar un mundo donde no existe ninguna de estas penas.
Me despido con un beso y un silente llanto y con mucho amor para ti. Nos veremos en ese nuevo mundo, tía.
Renan Khaer












