December 18th, 2017. “especially for you...
La cocina. ¡Oh Dios, la cocina! La pesadilla del pelirrojo cada día al despertar desde que había decidido vivir solo y extremadamente lejos de su familia, en especial de su madre, quien preparaba siempre sus platillos favoritos. Mark jamás había sido un gran fanático de cocinar, de hecho si sabía hacerlo —un poco— era porque vivir en un país extranjero lo obligaba a ello, además de que no podía darse el lujo de comer todos los días en restaurantes (o al menos no durante los primeros años).
Sin embargo ahí estaba, en medio de la cocina a pleno día, desbloqueando un nuevo nivel de "dificultad" para él: la repostería. ¿Quién lo diría? El Mark de veinticuatro años en la cocina de su amigo Elliot en compañía de Carter, intentado hornear galletas de vainilla un día antes de cumplir su segundo mes con Jackson.
Aunque más bien parecía que estaba con su mamá intentando hacer la receta de dichas galletas en lugar de estar con sus dos amigos, pues digamos que la ayuda que ese par le daba no era precisamente para preparar bien la masa.
— Míralo, todo emocionado haciendo sus galletas. — Una ronda de kimchi a que se le queman. — Decían los dos amigos atacados de la risa mientras observaban desde la barra. — ¡Yah! Si se queman... juro que a los que voy hacer kimchi son a ustedes. —Respondió el pelirrojo lanzándoles un pequeño puño de harina en la cara desde su lugar, carcajeándose junto a su madre, quien veía y escuchaba todo desde la videollamada.
Y así pasaron una, dos o tres horas desde que cortó las galletas hasta que estas se terminaron de hornear y pudo decorarlas con el... ¿glaseado real? Ah sí, glaseado real. Algunas de corazón, otras formando un "te amo" —sí, tan cursi—, y un par más en forma de copito de nieve por ser épocas navideñas.
Claro, que conociendo a sus otros dos intentos de reposteros, tuvo que hacer galletas de más para que no intentaran comerse las que destinó a su prometido. Al final lo último que le quedaba por hacer era acomodar las galletas cuidadosamente dentro de una caja y hacer un moño con un listón azul. Bueno, sin contar que al llegar a casa tendría que ingeniárselas en esconder dicha caja en algún lugar de la alacena donde el menor no frecuentara para buscar comida.
A la mañana siguiente, cuando ya era el grandioso día para entregar el regalo que con esmero había horneado para Jackson, esperó hasta que ambos decidieran arreglarse después de tomar el desayuno y comer un poco de pastel de limón.
Y como era de obviar, Mark fue el primero en querer tomar un baño, pues cuando fuera el turno de su pareja él tendría la oportunidad o ventaja de arreglar la segunda sorpresa que tenía para este. Ah sí, no bastaba con sólo hacerle galletas, siempre quería dar un extra.
Finalmente, cuando este último por fin terminó de arreglarse y salió de la habitación, sólo dejó que avanzara unos cuantos pasos lejos de la puerta para así poder tomarlo por sorpresa y cubrir sus ojos, riendo suavemente mientras trataba de guiarlo devuelta hacia la mesa.
— ¿Acaso habías creído que lo olvidé, amor? ¡Hoy es nuestro día! —Y tras un par de minutos lograron llegar a salvo sin tropezarse con algo en al camino.
Una vez ahí respiró profundo, contó hasta tres y retiró sus manos del rostro ajeno para que pudiera ver el pequeño montoncito de regalos que le había preparado; la caja con las galletas, una bolsa con un conjunto de hoodies que ambos podrías usar y por último, el peluche de un pequeño onigiri (en razón de que al más joven le encanta el arroz).
«Feliz segundo mes, mi vida. Te amomo.»









