MOI, ¡MUITO FELIZIÁN!
Este era un rosarino que le gustaba la religión, las mujeres y la historia. Tónce en su ordenación como pastor comunitario esquiva el emblema del arsobispo y le cae sin querer al hijo, que se hace hincha de platense y dirige las hordas del futbolismo democratico civil con el pseudonimo de un periodista belga en extinción.
Dicen que escribe firuletes y relata al marrón de una cobacha con un microfono que encontró en los residuos plasticos del municipio de 3 de Febrero.
Lo están buscando, y le gusta el medio ambiente de la felicidad cuponaria y tehuelche.










