Ella no sabe que estás en la flor de la edad, sin la incertidumbre de los sueños imposibles y con la sabiduría suficiente para aceptar que el gusto por la vida se construye a partir de los pequeños detalles que le dan sentido a cada día. No sabe que puedes ser feliz observando las estrellas o el distraído juego de un zorzal en tu ventana; que te alegra el aroma del pan recién horneado, la hermosura de un gato ovillado en su pereza, la persistencia perfecta de las olas y las palabras de los libros. No sabe que la amistad está en la copa de vino compartida y que la magia de hacer el amor no está en la fortaleza del gladiador, sino que en las lentas caricias con las que recorres la piel deseada. No sabe que la muerte ya no te asusta y que la felicidad está en observar atentamente el camino que recorres.
El leve aliento de la verdad. Ramón Díaz Eterovic.











