‘Menuda mierda esto de estropear las fiestas con el recordatorio de dos muertes’, pensó. Olympia estaba agobiada, triste, y el nudo en la garganta no la abandonaba sin importar el número de cervezas consumidas. La fiesta había comenzado bien, la adrenalina de las atracciones y los pubs con música a todo volumen eran, como siempre, increíbles. Más un hecho no dejaba de rondar su mente a pesar de intentar y aparentar estar bien: la muerte de Bentley, su compañero de piso. La muchedumbre comenzaba a estresarla, así que se fue alejando hasta acabar sentada en el bordillo de una acera, jugueteando con un cigarrillo en la mano derecha. Había dejado de fumar a los 19 años, más los hechos recientes la habían obligado retomar aquel vicio horrible. -Perdona, ¿tienes fuego?- preguntó a cierta figura que tenía cerca. No se había dado cuenta antes de su presencia, ni de cómo ésta había llegado allí, pero deseaba que ést@ tuviese un mechero.