DAERON TARGARYEN x fem!Targaryen!OC [Visenya]
Sinopsis: Portando un nombre lleno de historia, Visenya armará su propio mundo junto a la persona indicada.
Advertencias: Incesto ‧ Diferencia de Edad ‧ Matrimonio Arreglado ‧ ¿Lesiones consensuadas?
Palabras: 1.5k
Pedido: Si.
Alicent inspiró profundo y juntó toda voluntad existente para no arrancarse la piel alrededor de las uñas, a paso ansioso recorriendo sus aposentos en una espera insoportable. Demasiados pensamientos la atormentaban y no podía imaginar que el plan ideado no saliera a favor, especialmente cuando le otorgaría poder en varios aspectos.
Ser Criston, que bien sabía lo que sufría, ni siquiera pidió permiso al abrir la puerta y enseñar al tercer hijo de la Reina.
—Aemond, me han dicho que solo Vhagar ha regresado, ¿que sucedió? —preguntó preocupada, ambas pupilas cayendo en la carta sucia y arrugada que cargaba—. ¿Es de Daeron?
—Pide sinceras disculpas por no venir él mismo, pero envía una nota para esclarecer su ausencia.
La Hightower agarró la misiva casi con miedo, durante unos segundos guardando silencio antes de enfocarse en el príncipe.
—Lo viste, ¿verdad? —indagó tragando con dificultad—. ¿Estaba con ella?
—Correcto —asintió, por un segundo amagando a sonreír.
Tan pequeño y veloz gesto paralizó a la mujer, que olvidó pestañear y rápidamente destruyó el sello para leer las palabras del menor.
—Esto es… —dejó los labios separados en incredulidad.
—Lo que deseabas.
Ante la confirmación cerró los ojos y lanzó la cabeza hacia atrás agradeciendo tal fortuna, aliviada prefiriendo sentarse frente al escritorio.
—Un dragón criado entre águilas, es ideal —comentó poniendo una mano en el pecho y sintiendo las pulsaciones regresar a la normalidad—. La hija menor de Aemma nos dará gran ventaja.
—¿Segura de que estará de nuestro lado en las discusiones por la herencia al trono?
—No, pero no se ha criado aquí y no es cercana a Rhaenyra, podemos dirigirla a nosotros
—Recuerda que es conocida por justamente ser alguien difícil de manipular.
—“La reencarnación de Visenya” —suspiró jugando con una pluma sin tinta—. Ciertamente sabían que hacían al nombrarla como la hermana de Aegon el Conquistador, porque nació con el carácter de ella.
—¿Crees poder manejarla? —enarcó una ceja, porque había visto a la mujer y reconocía que era una oponente fuerte.
—Tal vez no, pero Daeron…
—Es inesperado que se conocieran y forjaran tan buena relación.
Alicent asintió y observó el celeste cielo, ausente ordenando la mente antes de hablar.
—Como tu hermano, Visenya fue enviada joven a su segunda casa. Los Arryn estaban encantados de recibir a una de las nietas de su única hija de descendencia Targaryen, especialmente cuando Vermithor la seguiría. Desde joven ha mostrado carácter dominante y una actitud inclinada hacia la batalla… Ha terminado por sí misma decenas de rebeliones y forjó una enorme fortuna a partir de ellas, es el gran orgullo de ambas familias —resumió a punto de negar maravillada—. La opinión publica es increíble, algunos hasta la ven como una reina del pasado que surgió a guiarlos y protegerlos.
—¿Padre aceptará el casamiento cuando podría utilizarla para reforzar lazos? He oído que hay varios interesados.
—Viserys no dudará mientras exista la posibilidad de una reconciliación familiar, celebrará la propuesta —bufó como si aquel fuera el menor de los problemas.
—Al menos no deberás preocuparte por de Daeron, él está sumamente encantado con nuestra hermana.
—Así parece —dijo en volumen bajo y levantando la carta—. Pensar que se conocerían cerca de Antigua para sofocar un batallón de bandidos… Los Dioses están de nuestro lado.
—¿Necesitas más de mí? —preguntó al apreciar que la conversación terminaba.
—No, has hecho bien, descansa que es mi turno de hablar con el Rey.
La mujer inspiró a gusto con el desarrollo de los eventos y por largos segundos disfrutó aquella victoria, con renovada energía agarrando la carta y partiendo hacia su esposo.
El humo escalaba hasta el cielo en torres grises que desde kilómetros anunciaban peligro, los numerosos focos de fuego aún ardiendo entre escombros y cadáveres. La brisa llevaba el aroma a carne quemada hacia la zona contraria al campamento, aunque la única femenina en pie estaba segura que su ejercito ya adivinaba qué había hecho.
Vermithor brillaba ante el reflejo del sol y estiraba las alas en una pose sumamente relajada, la Targaryen quitándose el casco y dejando las mechas ondear en naturaleza. El panorama repleto de cenizas la llenó de orgullo y elevó el mentón en satisfacción, otro grupo de inútiles agregándose a la lista de conquistas. Torció el agarre en la espada que cargaba e inquirió si así fue como se sintió Aegon I, el deseo de sentir tal grandeza y obtener toda tierra posible enviando escalofríos que casi la hicieron jadear.
Un rugido la sacó del ensimismamiento e hizo que sonriera pequeño, de pronto el cielo cubriéndose y sellando en la tierra una forma que bien identificaba. Vermithor observó y rezongó, de manera que ella estiró el cuello y apreció el destellante azul metálico del joven dragón. Conectó breves miradas con el jinete e inclinó la cabeza en desafío, desde el inicio señalando que no se arrepentía de lo cometido.
—¿No pudiste esperar?
El reclamo llegó apenas aterrizó y Visenya enfrentó al atractivo adolescente con una mueca traviesa.
—Adelanté el trabajo —respondió indiferente—. ¿Por qué mover y agotar al resto cuando puedo encargarme sola?
Daeron torció la boca y acortó la distancia quitándose el casco, objeto que tiró a lo que quedaba de pasto.
—Los eventos no siempre saldrán a tu favor, ¡podrías morir!
—Admite que estás enojado porque no te llamé para la diversión —rió sin tomarlo en serio.
Frunciendo el ceño y sosteniéndola del rostro, el aire alrededor del chico cambió.
—Nunca vuelvas a dejarme atrás, pensamos y atacamos juntos, ¿entendido? —ordenó en tono bajo y severo.
—Daeron el Osado es un título apropiado viendo que tienes el atrevimiento de amonestarme —gruñó entre dientes—. Congeniamos y calibramos de manera espectacular, ¿pero piensas que te permitiré controlarme?
—Anhelo cuidar y proteger a mi futura esposa, ¿acaso es una locura lo que pido?
El término empleado la descolocó y provocó que contorsionara el rostro, con labios apretados observándolo como si fuera un desquiciado.
—¿Qué has dicho?
Liberándola despacio, Daeron retrocedió y buscó entre su armadura un papel doblado.
—Es una carta de padre para ambos, pensaba leerla contigo hasta que descubrí que volaste sola a pelear.
Visenya agarró y leyó, progresivamente enseriándose y perdiendo cualquier expresión que señalara lo que pensaba. Rápidamente mojó los labios y le miró, en un puño sosteniendo el decreto y enfrentándolo de una manera casi intimidante.
—¿Qué piensas de esta decisión?
Daeron se arrodilló en una pierna y colocó la mano derecha sobre el corazón.
—Contraer matrimonio contigo será el honor más grande de mi vida.
La mujer desenfundó la espada y lo apuntó, lento y casi sin pestañear admirando como él intentaba descifrar sus próximos movimientos.
—Palabras bonitas no comprarán mi corazón —habló, en el proceso colocando la punta del metal en el centro del cuello.
—Lo sé, pero mi alma se desvive por ti, esa es la única verdad.
Visenya inclinó la cabeza y bajó la mirada a la tierna piel que amenazaba, de pronto rodeándola un aura casi exótica.
—¿Sabes de la tradición valyria o solo conoces la Fe de los Siete?
—Yo… —dudó un momento intentando recordar algo que pudiera haber leído.
—Silencio, el titubeo solo confirma la ignorancia —interrumpió dando un paso más—. Eres joven y tu futuro brilla, pero soy mayor y mi reputación aplasta la que posees. ¿Serás capaz de conquistar el mundo conmigo?
El Targaryen tragó y saltó al sentir como la espada le lastimaba, con el corazón acelerado admirándola desde abajo mientras el viento y el sol la coronaban como la poderosa reina que era.
—Te pertenezco —respiró tembloroso, la tensión provocando cosquillas en su vientre—. Viviremos, amaremos, procrearemos, arrasaremos y construiremos juntos, desde que te conocí no ha existido nadie más que tú.
Visenya inspiró lento y profundo, despacio bajando la espada y yendo a arrodillarse frente a él. Tiró el arma a un costado y colocó ambas manos en el pecho contrario, suave descendiendo hasta encontrar la daga y tomarla en posesión.
—¿Qué…?
—Un pacto de sangre —aclaró mientras le agarraba el mentón y acercaba el filo al labio inferior—. A partir de hoy eres completamente mío, Daeron.
Observándose a los ojos, él apenas se movió cuando ella realizó un pequeño corte. Aguantó el dolor y el ardor para tomar el puñal y entender que era su turno de actuar.
—Visenya… —llamó casi en trance, una neblina mental jamás experimentada llevándolo a sensaciones que hasta ese momento desconocía,
—Estoy aquí —contestó mientras lo abrazaba por la cintura y formaba una sutil mueca cariñosa.
El muchacho respiró pesado y acunó una mejilla antes de cortar la tierna piel, el suspiro que ella liberó sacudiéndolo hasta los huesos. Soltó el arma y sin perder un segundo acortó la distancia, finalmente probando los labios que tantos meses deseó consumir. La Targaryen se entregó al contacto y un gemido quedó ahogado cuando él usó la mano libre para tomarla del cabello, el calor del sol quemando como si estuvieran fundiéndose en fuego.
—¿Me amas como te amo a ti?
—Soy tuya, Daeron, de nadie más —murmuró inclinándose a descansar en uno de sus hombros—. Juntos haremos historia.
Sintiendo que la estrechaba y casi le quitaba el aire, Visenya observó las resplandecientes escamas de Vermithor y tembló de emoción ante la idea de cumplir cada sueño y objetivo al lado del Targaryen.
















